
La verdadera educación de nuestro tiempo la llevan a cabo los creativos de las agencias publicitarias, los guionistas de los telediarios y el maestro Ciruela de Internet. Eso es una certeza que nobles intelectuales (¿tiene algún sentido ya hablar de otra nobleza que la de la inteligencia y la honestidad?) como Sánchez Ferlosio, García Calvo o Umberto Eco explicaron hace años a quienes los leíamos sin las gafas de la ideología o el prejuicio. Así, los dedos que mueven el guiñol de los telediarios de la televisión hicieron decir a la extraordinaria presentadora que era Ana Blanco “Cuba es el único país del mundo donde se puede vivir sin trabajar”, a propósito de una noticia sobre los permisos que el gobierno cubano había concedido, sólo en determinados oficios y actividades económicas, a sus ciudadanos para que se pudieran establecer como autónomos y ganarse un dinerito. La convincente actriz de la información que fue Ana Blanco lo sentenció con ese tono engolado e irónico, pero pleno de complicidad con el espectador, que tan bien manejaba.
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