Se llamaba August Landmesser y el 13 de junio de 1936 trabajaba en un astillero en Hamburgo. Aquel día Adolf Hitler visitó las instalaciones, todos los obreros cumplieron con lo esperado: levantaron el brazo. Lo hicieron por convencimiento o para no significarse. Landmesser, no. Sus brazos cruzados se han convertido en un icono de la decencia. Puede comprobarse en esta fotografía mítica, ese gesto callado de resistencia lo resalta nuestro montaje.