Las dos cosas

El otro día hablaba con una amiga de otra amiga común, que, según ella, se quejaba continuamente de todo: un malestar físico, un disconfort anímico, una pena sin nombre… Me contaba que un médico le había detectado niveles de cortisol muy altos y que iba a realizarle unos tests -carísimos- para profundizar en la cosa y, supongo, medicalizarla.

Es un destino muy común en nuestro mundo, este de pretender resolver médicamente las múltiples tristezas que nos pueden asaltar, como una pantera silenciosa, en el camino ajetreado de los días. Yo le recordaba, por contrastar, los viejos versos del Buen amor del Arcipreste de Hita:

Como dize Aristótiles, cosa es verdadera,
el mundo por dos cosas trabaja: la primera
por aver mantenençia; la otra cosa era
por aver juntamiento con fenbra plazentera.

Y apostillada que mostraban un saber común milenario: que los padecimientos de los hombres siempre se pueden reducir a estas dos causas, la comida, el medio de subsistencia (aver mantenençia) y el amor ( aver juntamiento). Y que seguramente esto valía para nuestra amiga común, sin medir el cortisol que Dios confunda.

Pero estamos perdidos en el falso saber científico que ya llena nuestras cabezas y nuestras palabras de la mano de la neolengua. Aún recuerdo el pasmo que sentí cuando, ante una encomienda de tarea escolar, un jovencísimo alumno, un niño, me soltó muy ufano: “no me presiones, maestro, que estoy muy estresado…”.

Pues eso.

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Sufrimiento

“El sufrimiento es un malentendido”(Sally Rooney, Gente normal)

Lakoff contaba que, buscando preguntas realmente importantes con un amigo, consensuaron esta: ¿qué harías con un niño que llora porque no puede dormir? Bien pensado, de la respuesta que demos, depende el sentido de nuestra vida. ¿Qué hacer ante el sufrimiento de los demás? De esa respuesta depende también que podamos dormir sin llorar, a nuestra vez, por no poder hacerlo…

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Tranquilo en una habitación

Uno de los pasajes más citados de Pascal es aquel en que asegura que la mayor parte de las querellas y padecimientos de los hombres se debe a su incapacidad para permanecer tranquilo y en reposo en una habitación.

Lo he recordado en mi paseo de esta mañana, sorteando esos coches enormes que han puesto de moda los fabricantes y que los mansos consumidores de estatus y sensaciones en que nos hemos convertido ponen en circulación como corderos: precisamente ahora, en la fase final del pico del petróleo y en el paroxismo catastrófico de las crisis del clima de la mano del Niño.

La ciudad, pronto invivible, expropiada a la gente, me aturdía, inhóspita, con el ruido ya habitual y creciente de obras, pinturas de fachadas, descargas de camiones o gente enfadada hablando a voces, apresurada en un trajín sin sentido.

Definitivamente, Pascal tenía razón.

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El plumilla impenitente y la curiosidad infinita: Ricardo Bada

Publicado en Frontera Digital

He terminado de leer la generosa antología de textos de Ricardo Bada, realizada por Carlos García Santa Cecilia y Paloma Torres a partir de la selección de textos que realizó el propio autor, publicada en forma de libro por Los libros de fronterad, con el desenfadado título de ¡Échate un pulso, Proust! Estas palabras que ahora empiezan son, sin embargo, más que una reseña, el resultado de mi lectura –emocionada, disfrutona, curiosa– y el elogio y la admiración que me han provocado. Es, también, una invitación a compartir esa lectura.

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La muerte de un zorzal

Creo que alguna vez lo he contado por ahí: La única vez -espero que la última- en que he disparado un arma fue con la escopeta de un pariente cazador que me invitó a que lo acompañara un amanecer al campo para matar zorzales. Me recuerdo agazapado en el follaje de un árbol esperando el momento en que estas hermosas aves, de canto alegre y potente, bajarían a beber al arroyo cercano.

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Ritos iniciáticos

Publicado primero en El Salto

Fotografía de Álvaro Minguito

Una de las principales preocupaciones de los alumnos del último curso de Bachillerato era (hablo en pasado ¡qué remedio!) la ausencia -o dificultad o postergación- de alguna ceremonia -entrega de diplomas, discursos, cena y fiesta- que escenifique de alguna forma el final de una larga y difícil etapa de estudios. En realidad, pues hay una coincidencia con su mayoría de edad, se trata de la celebración de su puesta de largo como adultos, el abandono de la infancia y adolescencia: un ritual iniciático, roto por el estado de alarma y la devastación de la pandemia.

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Oveja negra

Se llamaba August Landmesser y el 13 de junio de 1936 trabajaba en un astillero en Hamburgo. Aquel día Adolf Hitler visitó las instalaciones, todos los obreros cumplieron con lo esperado: levantaron el brazo. Lo hicieron por convencimiento o para no significarse. Landmesser, no. Sus brazos cruzados se han convertido en un icono de la decencia. Puede comprobarse en esta fotografía mítica, ese gesto callado de resistencia lo resalta nuestro montaje.

La valentía de decir no: cultura y periodismo para resistir al autoritarismo

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Lluvia de oro

Acabo de descubrir, leyendo la última novela de Salman Rushdie, que existe un árbol llamado lluvia de oro (laburnum anagyroides) Bien bonito es.. ¿Lo tendrán los banqueros en sus jardines? 🤔

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