El halo

Publicado en «La Opinión de Málaga». Republicado en mis «Deslindes y descubiertas, 1»

El halo es la luz, a veces pálida y a veces brillante, que otorga a personas y cosas la fama o el prestigio. El servicio de correos, por ejemplo, lo tenía: trabajé durante un breve tiempo en él y recuerdo a mis veteranos y orgullosos compañeros aseverando, llenos de suficiencia, que si una carta no llegaba a su destino es que no la habían echado. Los veo todavía, con los ojos de la memoria, rastreando a misteriosos destinatarios en cartas arrebatadas de amor con pistas tan vagas en el sobre como ésta: «A ese chico rubio a quien conocí sentado en un banco de la Plaza Mayor, a espaldas del Ayuntamiento». Y, rigurosos como ellos solos, conocedores de la vida y milagros del pueblo, poseedores de una mente ordenada y deductiva, encontrar a aquel príncipe y entregarle la carta apasionada.

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El tren de Kafka

Publicado en «La Opinión de Málaga». Republicado en mis «Deslindes y descubiertas, 1»

La contaminación acústica ha entrado ya con todos los honores en la larga lista de fenómenos de nuestro tiempo que nos hacen la vida más difícil, menos cómoda. Tenemos el dudoso privilegio de estar, junto a Japón, entre los países más ruidosos del planeta. Que los españoles gritamos como energúmenos hasta para contar un secreto, es algo que se sabe desde hace mucho tiempo; León Felipe, en uno de sus deliciosos poemas-sermón se preguntaba ya por qué diablos los españoles hablamos a grito pelado.

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El yoga y esas cosas

Solo he asistido una vez a una sesión de yoga, y para colmo, la maestra o guía -no sé cómo se les llama habitualmente- había sido alumna mía. Subjetivamente, fueron unas horas larguísimas (¿3 horas?) en las que la postura recurrente era esa en la que se suele representar a Buda.

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Del castillo y la iglesia a los centros de datos: los nuevos paisajes del poder

Olivia Carballar

Publicado en La Marea

Del castillo y la iglesia a los centros de datos: los nuevos paisajes del poder

«Al visitar un pueblo, es fácil distinguir cuáles eran los centros del poder tan sólo viendo cómo el castillo y la iglesia se distinguen y alzan sobre el resto de edificios. En una ciudad, sucede algo similar con los rascacielos, los palacios y las torres televisivas. Sin embargo, el nuevo poder tecnológico, condensado en centros de datos de hiperescala, pretende pasar desapercibido, como ha denunciado Niklas Maak en su Data Center Manifesto«, explica a La Marea el investigador predoctoral en el CSIC y la UC3M Manuel García Domínguez, un sábado de junio en medio de un ciclo de charlas sobre estas infraestructuras en Extremadura.

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Amenaza para la humanidad por parte de inventos y descubrimientos

Bertolt Brecht

Me complace compartir aquí estas luminosas anotaciones de Bertolt Brecht para la versión danesa de su Vida de Galileo, 1940, que, en traducción de Manuel Monleón Pradas, ha publicado el magacín digital espai-marx.net

El conocimiento de la naturaleza de las cosas, por muy ingeniosamente que se amplíe y profundice, no es capaz, sin el conocimiento de la naturaleza del ser humano y de la sociedad humana en su conjunto, de convertir el dominio de la naturaleza en una fuente de felicidad para la humanidad. Más bien se convierte en una fuente de desgracia. Es así cómo los grandes inventos y descubrimientos no han hecho más que tornarse una amenaza cada vez más terrible para la humanidad, de modo que hoy casi todo nuevo invento es recibido con un grito de triunfo que pronto se vuelve un grito de angustia.

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Un niño mirando un escaparate

En uno de los pecios de Campo de retamas, de Rafael Sánchez Ferlosio, Ferlosio se recuerda mirando el escaparate de una ferretería, con la frente apoyada en el cristal, embelesado pensando cuántas de las herramientas y materiales que veía allí se compraría.

Yo me recuerdo así en el escaparate de una cuchillería a la que algunos habíamos puesto el escabroso nombre de “Sindicato del crimen”. Me veo mirando con fijación morbosa las enormes navajas albaceteñas, los finos estiletes de despliegue automático o los inquietantes cuchillos jamoneros. Aunque la persistencia fija de ese escaparate y ese nombre me obligó a preguntar a algunos coetáneos por tal tienda y nadie la recordaba. Así que su fijeza onírica y la falta de otros testimonios me ha hecho pensar en una imagen desprendida de un sueño, pues ¿qué es la vida, al decir de Anne Carson, sino una cadena de sueños?

Los otros escaparates anclados en mi memoria son más comunes y previsibles: los de las jugueterías en Navidad. El niño que miraba obsesivamente pegado al frío cristal era un niño pobre cuya casa visitaban, como por compromiso, en las madrugadas heladas de enero, Reyes Magos también pobres. De la fascinación de esos escaparates, al contrario del que describía al principio, me libré pronto, con cierto alivio, todo hay que decirlo, cuando fui padre: a mi querida hija nunca le gustaron los juguetes. Ella me pedía otra clase de magia…

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