Leo en Pascal Quiñard (El amor, el mar): “Cuánto se alejan del mundo los cuerpos de los músicos cuando están tocando”. Entiendo ahora que lo que siempre me pareció ensimismamiento es, en realidad, alejamiento, elevación, huida. No viajan a su interior sino fuera, lejos: la música los lleva de la mano, con sus alas, con sus pies veloces… Así también, en un pálido contagio, se aleja el que los escucha.
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