Apuntes, 2

demonizacion-clase-obreraBárbaros o ilotas

Pierre Rosanvallon, en su La société des égaux, cita un artículo de Le journal des débats de 1831 como representativo de una asociación, común en la época, entre la clase obrera y los bárbaros. Traduzco:

Los bárbaros que amenazan la sociedad no están en el Cáucaso ni en las estepas de los Tártaros; están en las barriadas de nuestras ciudades manufactureras.

También, según el sociólogo francés, fue común el término ilota (los siervos de Esparta, un escalón por encima de los esclavos) para nombrar esa situación de enajenación social que se otorgaba al proletariado, “aquellos que han quedado fuera”, según Auguste Blanqui.

Los miserables son acusados, en estos años, de que su conducta desordenada es la causante de su triste condición social, con lo cual, queda justificada la desigualdad. La mala conciencia burguesa la explica una y otra vez como consecuencia de la imprevisión, el derroche, la corrupción, la gula o la afición a la bebida…

¿Heredan esa condición de ilotas, de bárbaros, los emigrantes poscoloniales contemporáneos? Tengo que leer, para profundizar en esto, La demonización de la clase obrera, de Owen Jones, sobre el odio a los chavs (¿equivalentes a nuestros canis, chonis o pelaos?) en la sociedad británica actual …

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Hablan y hablan sin cesar, pero no dicen nada…

La educación en España ha entrado en un laberinto como el del Minotauro, y lo que es peor: sin un hilo como el de Ariadna para reencontrar la salida. La enseñanza de la filosofía o la Música desaparecen de las enseñanzas medias. A lo que veo en un adelanto del programa electoral de Podemos, donde no se las menciona, van a seguir los despropósitos u ocurrencias de lunáticos: se habla ahí de introducir en la ESO una asignatura-cosa a la que llaman “Inteligencia emocional”. ¡Cuánto más hermosa y llena de sentido era la llamada de Piaget: “Más corazones para las aulas…”!

En ese mismo programa se reclama una enseñanza universal ¡desde los 0 años! La infancia expropiada, los niños criados y educados por funcionarios del Estado… ¡Qué grima!

A una de las “lumbreras” del pensamiento español, José Antonio Marina, asesor de estas cosas para alguno de los partidos políticos emergentes, embarcado en su particular visión de la necesaria reforma del sistema educativo, se le “ocurre” reinventar la rueda y recupera la vieja idea de relacionar los sueldos de los maestros con los resultados de sus alumnos. O sea, la productividad capitalista traducida en porcentajes de aprobados.

¿Pero con qué tipo de materia prima trabajamos los profesores y qué mercancía elaboramos y ponemos en el Mercado? Con los niños, naturalmente, una mercancía delicada y fundamental para la reproducción especializada de los trabajadores según las leyes de la competencia … Así de crudo, atrevámonos a decirlo.

Se aprende a pesar de todo esto, en los despistes o momentos mágicos, entre las líneas … Todo lo demás es la famosa historia llena de ruido y furia contada por un idiota, según el exacto diagnóstico sobre la historia humana de Shakespeare, hace ya cuatro siglos.

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Territorializarnos

Tal vez no deberíamos dejarnos enredar más por ese círculo vicioso de los derechos y deberes. Al plantear las cosas en términos de “derechos” adoptamos la configuración de una mónada o país cuyas fronteras están definidas por su contrario: los “deberes” o los “derechos de otro”. Ocurre así con todos los conceptos: cada uno se define por la negación de su complementario. Así “libertad”, definida (¿y cómo demonios se puede definir eso?) por su contrario “esclavitud”, solo que como, en realidad, la libertad es un término negativo, libertad de algo o frente a algo, su complementario -como aún enseñan- es el “libertinaje”, la libertad mal entendida, digamos…

En esta entrada del blog yo ensayaba otro intento de salir de esos cercos del pensamiento, con la ayuda de unas metonimias hechas con las manos, de tal manera que, frente a la mano que pide y la mano que da, un eje en el que los derechos son entendidos como reivindicaciones (la mano que pide) y su conquista como concesiones (la mano que da), solo queda como salida la mano que toma: la que conquista y coge. O, como lo decía Deleuze, de forma tan bonita: territorializarnos, desplegando nuestro deseo -conceptualmente, sentimentalmente, prácticamente- en los distintos territorios en que fluye la vida, haciéndonos nómadas cotidianos…

Es esa incitación a tomar las riendas de nuestras vidas, a autogestionarnos, a resolver nuestras cosas (un eco de esa llamada llegaba aún a la afirmación atribuida a Stallman, cuando afirmaba añorar los tiempos en que los hombres eran hombres y desarrollaban sus propios drivers) propia del anarquismo, la que siempre me ha hecho sentirme cercano del pensamiento libertario, del personalismo, del socialismo antiautoritario sin más paraíso que el seamos capaces de crear con nuestras propias manos, ocupando y desocupando el territorio de nuestro deseo …

Apuntes

Los caminos trilladosapuntes

Una compañera me contaba el otro día que, planteando el juego de las palabras encadenadas, en el primer contacto con el curso del que va a ser tutora (15-16 años), ocurrió lo siguiente: dijo el nombre de un color y todos, es decir, todos, dijeron nombres de colores. Como sabéis las asociaciones en ese juego son múltiples…

¿Por qué, entonces, esa regularidad absoluta? En principio los alumnos de ese curso tienen un buen expediente: chicos listos, buenos estudiantes… ¿Por qué esa ausencia total de creatividad, de originalidad? Está demostrado que la regularidad ayuda a la solución de problemas. Hay experimentos con hormigas que, para salir de un laberinto giraban siempre en la misma dirección… Pero ¿por qué tan jóvenes tuvieron ese miedo a equivocarse?

La culpa es de todos: padres, profesores, sociedad… Les enseñamos los caminos trillados, censuramos a los originales, no les dejamos la iniciativa… Me he quedado muy preocupado.

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El saber fragmentario

Yo creo que en esta época, a pesar de la facilidad absoluta para viajar y del acceso a tantas bases de datos informativos, nuestro conocimiento del mundo es más fragmentario e inexacto que nunca. Siempre ha existido el “conocimiento fantasma” (creo que era Ortega y Gasset quien lo llamaba así), es decir: el saber que no está basado en la experiencia. Yo tengo una idea de China, sus paisajes, su gente y sus problemas sin haber estado nunca allí. Como, por otro lado, nos ocurre con las demás personas: deducimos, empatizamos, construimos imágenes e hipótesis, comparamos con nosotros mismos …, y así nos hacemos una idea aproximada de cómo son los demás.

La diferencia de esta época me parece que a mí que es la fragmentariedad y la superficialidad que proporciona nuestro mundo de imágenes múltiples, de estímulos continuos pero fugaces y en sucesión. Nos faltan “grandes relatos” en los que integrar tantísimos datos aislados. Un medieval, por ejemplo, podía creer tranquilamente a alguien que le contara que había visto un elefante volando. La inexactitud de su creencia (no tenía una “norma” científica que le explicara que un elefante pesa mucho para volar por sí mismo) quedaba compensada porque se integraba en un relato amplio e imaginativo de las cosas que podían suceder. Ese relato no excluía a los dragones ni, por supuesto, a los elefantes voladores, que tenían asegurada, así, una existencia tan real como la de China…

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Lucrecio y los fantasmas

Las enseñanzas de Epicuro y su escuela o, mejor dicho, lo que nos ha sido legado en su  versión más desarrollada y sentida, la del poeta latino Lucrecio, forman parte de una reducida literatura (en parte, filosófica o científica; en parte, moral o religiosa) cuya finalidad era combatir el sufrimiento y el miedo de los hombres. En cierto sentido, el epicureísmo occidental es equivalente al budismo oriental. Son doctrinas sin dios que solo (¡y nada menos!) intentaron poner coto al miedo humano y a todas sus indeseables consecuencias: sufrimiento, cielos e infiernos, o, más humildemente, como se explica en el docto artículo que reproduzco enseguida, duraderas supersticiones como la de los fantasmas.

Lucrecio, como se lee también en este ensayo, puso en práctica el tetrafármaco de Epicuro, cuyas “buenas nuevas” difundió entre los romanos, de manera ejemplar, en su De rerum natura:

La divinidad no es de temer, la muerte no es nada para nosotros, el bien es fácil de alcanzar y el mal es fácil de sobrellevar.

Sirva esa buena nueva como prologuillo al texto a cuya lectura invito a los amigos del blog: un entretenido y pedagógico ensayo sobre Lucrecio y su alegato materialista contra los fantasmas, de Ángel Jacinto Traver Vera, publicado en la revista de la Universidad de Córdoba Littera Aperta (URL: http://www.uco.es/litteraaperta) bajo licencia CC-BY.

http://clarosenelbosque.com/wp-content/uploads/2015/09/Lucrecio-contra-los-fantasmas.pdf