Risa y ética. Rojo chillón. Márgenes (Apuntes, 22)

Risa y ética

En un capítulo de su Ensayo general sobre lo cómico, Alfonso Sastre estudia casos en que algunos efectos cómicos entran en conflicto con la ética. El ejemplo más común es la risa qie nos provoca una caída o una deformidad (un cojo, un jorobado) o un problema funcional (un tartamudo),  pero hay otros más difíciles de explicar, porque tienen que ver con la clase social o el sexo. Sosias, de El Anfitrión de Plauto es risible pero porque es esclavo. Del mismo modo que Sancho Panza o los graciosos de la comedia barroca (no tienen ni apellido, no son “hijos de algo”). El caso más extremo que aporta Sastre es el de una desdichada dependienta de una comedia de Alfonso Paso que recibe tortazos de sus patronos a diario. Así que, cuidado con lo que te induce a reír…

Rojo chillón

“Rojo chillón” es una sinestesia encantadora que nos permite oír a un color, pero si tomamos “rojo” como comunista, ahí desaparece la sinestesia y oímos gritar a un hombre. La capacidad de la lengua para, de forma tan económica -reciclando, como se dice ahora- crear realidades nuevas es una auténtica maravilla..

Márgenes

El gran Ramón (Gómez de la Serna) consideraba una verdad  “artística” y filosófica que “entre un margen de locura y otro de cursilería se mueve el tiempo”.

El síndrome de la redención y otros apuntes (#21)

El  síndrome de la redención

Rosa Montero habla de lo que llama “el síndrome de la redención” en las mujeres.

Una que, por ejemplo, se enamora de un tipo “áspero y grosero”, pero se empeña es que es una apariencia falsa: que por dentro es un hombre dulce y que ella lo sacará a la luz, pues solo necesita “sentirse más querido, más seguro, mejor acompañado”. Necesita solo su “varita mágica”…

Tal es es su síndrome de perdición.

Seguir la pista a las mujeres

Hay que seguir la pista a las mujeres, si queremos enterarnos de algo : lo son el 44% de los afiliados de CCOO y el 32% de sus cargos representativos. No es solo la importancia del trabajo de cuidar, es su estilo de lucha directa y su subjetividad, que agranda el horizonte sindical a lo problemas identitarios, al mundo de las relaciones… Olvidemos el despiste del 8M, el futuro lo están diseñando ellas ahora. También el de los sindicatos.

Contra las almohadillas

Siento una animadversión considerable a las almohadillas de las etiquetas que proliferan de tal manera en la Internet social. Pero me temo que se van a quedar, como un signo de puntuación más en la lengua escrita (por fortuna, no tienen nada que hacer en el habla, única lengua verdadera). El ultimo libro de Rosa Montero, “La ridícula idea de no volver a verte” -una glosa actual de la vida y trabajos de Marie Curie- está, literalmente, lleno de “tags” con sus correspondientes almohadillas.

Es una herramienta apropiada para un mundo lector perezoso acostumbrado a una lectura semántica de los textos, es decir, a partir de palabras-clave y al hipertexto infinito. Es decir, a la dispersión infinita y la falta de comprensión (y disfrute de la forma) que acarrea. Piensa uno, al menos.

Desaparición del primer plano

 

Publicado antes en infoLibre . El artículo es un desarrollo de un apunte que saqué en mi canal de Hubzilla y aquí, en una entrada reciente. Trata sobre el trastocamiento del tiempo y el espacio en nuestro mundo. Internet es para mí, sobre todo, un espacio para la creación viva, que nace, se desarrolla o rectifica en la intertextualidad crecida al calor de lecturas y diálogos, en el salto y metamorfosis de un medio a otro…

Pienso a menudo en la dislocación del espacio y el tiempo en nuestro mundo. No es solo -o no es lo más preocupante- el encogimiento del tiempo que trajo a nuestras vidas el afán de productividad y consumo de la economía-mundo capitalista y su efecto más letal: la prisa contemporánea, el contagio de la velocidad instantánea a que se mueve el dinero, en su bulimia insaciable de acumulación y cambio, que no deja de aumentar.

Un trastueque parecido ya ocurrió con el espacio cuando la revolución de los transportes plegó la Tierra y la convirtió, según el dicho, en un pañuelo. El precio de ese ensanchamiento de tierras y poblaciones que conocemos como colonialismo, y hoy como globalización, se conoce en líneas generales: los genocidios y migraciones masivas, las corrupciones políticas, las guerras y dictaduras sin fin. En un resumen muy apretado: la mercantilización universal del mundo natural y el mundo humano, la destruccción – solo a veces creativa- de lugares y modos de vida que aún no ha terminado.

Ni siquiera se trata del afán continuo de novedades, de la intranquilidad y desasosiego general, de la exasperada hiperactividad estática que han traído a las nuevas generaciones las tecnologías instantáneas de la telecomunicación y, particularmente, la del teléfono móvil y los gadgets que incorpora. Al fin y al cabo, era previsible, incluso la transformación de su uso compulsivo en trastornos de adicción, con sus correspondientes terapias conductistas o hasta medicamentosas, pues ese es el destino final de los males sociales en la realidad contemporánea, sean el paro, los insomnios o la soledad: su conversión en enfermedades privadas.

Lo que sucede es más bien, según lo entiendo hoy, lo que Marco d’Eramo llama «la desaparición del primer plano». Según cita este pensador, asiduo colaborador de la New Left Review, Wolfgang Schivelbusch (The industrialization of Time and Space in the Nineteenth Century) distinguía entre “paisaje” y “panorama”. «El panorama lo asociaba al viaje en tren, porque tal como se ve desde la ventanilla, el primer plano pasa tan rápido que debe ser omitido de la escena. El panorama es un paisaje cuyo primer plano, la parte más cercana al observador, ha sido suprimido. Hoy en día, para nosotros, el mundo entero se ve como un panorama. Estamos ahora ciegos ante todo lo que se mueve en el primer plano, justo delante nuestro, y no sabemos cómo reconstruir el paisaje.»

El autor de esta observación, Marco d’Eramo, comienza su reflexión (NLR, 107) sobre el espacio-tiempo contemporáneo con una confesión llena de perplejidad: “Al cumplir mi hijo los 16 años, me percaté de un hecho extraño. Unas veces con su madre y otras conmigo había viajado por cuatro continentes y visitado ciudades lejanas como Yakarta, Los Ángeles, Nairobi o Moscú, pero nunca había estado en Lucca, Pisa o Florencia.”

Esta paradoja (comprobable también en nuestras relaciones sociales en Internet) tienen que ver con la revolución de los transportes, que mencionaba al principio, que ya llamó la atención a Marx, quien se dio cuenta de que, gracias a ellos, el capitalismo estaba trastocando la percepción del tiempo y el espacio, pese a no haber conocido la posterior revolución de las comunicaciones. Esta revolución supuso el nacimiento del primer gran mercado global y, con él, del consumismo occidental.

Este trastorno de la perspectiva del cerca y el lejos explica también por qué la caridad o el apoyo solidario -una vez desaparecido el sueño de la revolución universal- se dirige tan elocuentemente a los necesitados lejanos: nuestro pobre ideal está en otras latitudes, nunca a la vuelta de la esquina: porque no lo vemos, ya no forma parte del paisaje…

Como tampoco hay ya ni paisaje ni biografía en nuestras amistades en la Red, como decía más arriba, ni identidad frente a la que perfilarnos en un primer plano, en un diálogo real, pues a su omisión se suma la inexistencia del lenguaje corporal, que solo en la distancia corta cobra sentido; la ausencia de las miradas o de la voz atribulada en temblor de ternura o ira, que ayude a concebir un marco humano, capaz de sacarnos del ensimismamiento, del carnaval perpetuo de nuestras sociedades virtualizadas. O de librarnos de ese rumor de fondo adormecedor, de esa cháchara universal desemantizada en su mayor parte, que el gran MacLuhan, que solo conoció los Medios de Masas en sus primeras fases, supo, con tal lucidez, adivinar: «hablan y hablan sin cesar, pero no dicen nada»…

 

La biblioteca de Próspero (Apuntes, 20)

Las barbas de san Antón

Nunca he planeado nada y, cuando he querido hacerlo,  nada ha salido según lo planeado. Un poco como en el chiste de uno que tallaba con su navaja un trozo de madera, y respondió a otro que le preguntó que qué tallaba: si sale con barbas, san Antón, y si no, la Purísima Concepción… (A propósito de una charla con unos amigos profesores en Mastodon en la que aseguraban dedicar 5 horas de preparación para una clase de 50 minutos)

Correlatos

Hoy toca arte. T S Eliot (‘Hamlet and his problems’) escribió: “El único modo de expresar la emoción en la forma del arte es buscando un correlato objetivo, un conjunto de objetos, una situación, una cadena de acontecimientos…” Es y no es lo mismo que planteaba Bertold Brecht con su teoría del distanciamiento: el gran autor teatral evitaba la emoción, explícita o implícita. Estaba más cerca de la catarsis del teatro griego.

La biblioteca de Próspero

Como bien recuerda Rebecca Lossin (NLR, 107), en La Tempestad, de Shakespeare, la quema de la biblioteca de Próspero no es casual, sino fundamental para su asesinato.

Lo primero, poseer sus libros; porque sin ellos / no es más que un borracho, un simple como yo / sin un espíritu que le obedezca… / ¡Quema sus libros!

“Cerca y lejos” y otras glosas y sermones (Apuntes, 19)

Cerca y lejos

Wolfgang Schivelbusch (The industrialization of Time and Space in the Nineteenth Century) distinguía entre “paisaje” y “panorama”. El panorama lo asociaba al viaje en tren, porque tal como se ve desde la ventanilla, el primer plano pasa tan rápido que debe ser omitido de la escena. El panorama es un paisaje cuyo primer plano, la parte más cercana al observador, ha sido suprimido. Hoy en día, para nosotros, el mundo entero se ve como un panorama. Estamos ahora ciegos ante todo lo que se mueve en el primer plano, justo delante nuestro, y no sabemos cómo reconstruir el paisaje.

El autor de esta observación, Marco d’Eramo, comienza su reflexión (en la tan leída y citada por mí NLR) sobre el espacio-tiempo contemporáneo con una confesión llena de perplejidad: “Al cumplir mi hijo los 16 años, me percaté de un hecho extraño. Unas veces con su madre y otras conmigo había viajado por cuatro continentes y visitado ciudades lejanas como Yakarta, Los Ángeles, Nairobi o Moscú, pero nunca había estado en Lucca, Pisa o Florencia.”

Esta paradoja (comprobable también en nuestras relaciones sociales en Internet) tienen que ver con la revolución de lis transportes que ya llamó la atención a Marx, quien se dio cuenta de que, gracias a ellos, el capitalismo estaba trastocando la percepción del tiempo y el espacio, pese a no haber conocido la revolución de las comunicaciones.  Ese trastorno de la perspectiva del cerca y el lejos explica también por qué la caridad o el apoyo solidario se dirige tan elocuentemente a los necesitados lejanos: nuestro pobre ideal está en otras latitudes, nunca a la vuelta de la esquina: porque no lo vemos, ya no forma parte del paisaje…

Las faldas de Prada

Patrizio Bertelli, director general de Prada, concibe sus tiendas como “una instalación vanguardista sobre el arte de las compras”. Aviso para caminantes. Chin-Tau Wo (NLR, 108) apostilla sobre la conversión de las faldas de Prada al nivel del arte: “La exposición de objetos presentada en el lenguaje inteligente del arte conceptual contemporáneo, bajo el imprimátur de Herzog & De Meueron y de Rem Koolhaas, tenía la clara intención de elevar las faldas de Prada a la categoría del arte y la arquitectura contemporáneos. Cuando las faldas llegaron a Shangái en mayo del 2005, la exhibición Waist Down, promocionada como una exposición de arte (…) había generado ‘mucha expectación, de acuerdo con Newsweek.”

Creced y multiplicaos

Hay fenómenos de naturaleza involuntaria (por más que los gobiernos pretendan a menudo potenciarlo con dádivas: recordemos a nuestro Zapatero) como el crecimiento demográfico, que pueden tener consecuencias muy profundas en el cambio social. Recordemos, por ejemplo, el derrumbe de las fronteras del Rhin del Imperio romano a causa de las oleadas imparables de los pueblos germánicos. Leo un análisis, de una periodista de mediapart.fr (en la versión española de infoLibre, ¿aún no quieres pagar por una prensa independiente y crítica?) sobre esto mismo en Israel y Palestina:

Un mando del Ejército israelí así lo aseguró ante la Comisión de Asuntos Extranjeros y de Defensa de la Knesset el pasado 26 de marzo. Alrededor de cinco millones de palestinos viven en Cisjordania y en la Franja de Gaza. Si a esas cifras se le suman los residentes palestinos de Jerusalén Oriental, en torno a 323.000, y los árabes israelíes (1,8 millones), los árabes (7,1 millones) superarían en número a lo judíos en la zona que abarca del Mediterráneo al río Jordán. Según el censo anual publicado por el servicio israelí de estadística el pasado 16 de abril, los judíos son 6,5 millones en la región (un cifra que incluye a los colonos instalados en Cisjordania).

Dichos cálculos tienen repercusiones políticas. Y confirma el argumento enarbolado por la izquierda israelí desde hace décadas, a saber, que la demografía palestina es una “bomba de efecto retardado” y que es urgente dar con la solución de los dos Estados antes de que los judíos sean minoría. Sin embargo, en la derecha, esta teoría ha sido invalidada sistemáticamente. Al contrario, los partidarios del Gran Israel, o al menos de la anexión de una parte de Cisjordania, aspiran a conservar una mayoría judía, consideran que la dinámica demográfica es propia a los judíos y que las cifras facilitadas por el Ejército son “falsas”. Israel-Palestina: el desafío demográfico

Recuerdo que lo advertía frecuentemente el periodista Eduardo Haro Tecglen, cuando apenas se atisbaban las masas migratorias y de refugiados, empujando los fuertes de Occidente, que vemos hoy, con tan estúpida indiferencia. Al fin y al cabo, es el arma más vieja de los pobres: tener más hijos, formar una prole. Tirando muy largo y muy atrás, tal vez ese fue el secreto del homo sapiens en su expansión y preponderancia por todo el planeta: ser más, desbordar el espacio para crear un nuevo tiempo…

“Lo que es, es, y lo que no es, no es” y otros asaltos (Apuntes, 18)

Lo que es, es y lo que no es, no es

Dos tratantes, aquí al lado. Uno, enfadado, le dice al otro: “porque lo que es, es y lo que no es, no es”. ¿A que parece una tontería? Pues ahí está toda la filosofía de occidente, desde Parménides…

¿Cuándo nace el artista?

Malraux decía que el artista nace en el momento de la juventud en que nos emociona más contemplar un cuadro que los objetos pintados en él. Creo que no le faltaba razón.

Estación de paso

Me encantan las estaciones. De tren, en los juegos de mi infancia, aplastando monedas haciendo equilibrio sobre las vías. De adolescente, paseando con los primeros amores. Después, viajando… El AVE y la desaparición de los cercanías me echaron de ellas. No he tenido más remedio que acercarme a las de autobuses. Los sentidos se aturden: flores, churros, ecos de megafonía, risas, gritos, achuchones… Saben, huelen y suenan a pueblo, a una libertad indefinible de gente que, aunque sea por unos minutos, no son de ningún sitio: gente de paso, transeúntes benditos transeúntes…

Cualquier cosa…

La protagonista de “Una jornada particular” (Ettore Scola): “A una mujer inculta se le puede hacer cualquier cosa”. La pregunta que se hace Marina Garcés es totalmente pertinente: ¿por qué a las mujeres cultas también? Nos preguntamos nosotros: ¿de verdad la cultura, tal como la entendemos, es realmente liberadora?

Nueva escuela

La nueva escuela del capitalismo contemporáneo ya está en obras, pero no lo construimos nosotros ni los estados sino los bancos y el mainstream. Es muy fácil caer en sus trampas cuando reclamamos una nueva educación…

Distopía perfecta

Humanos tontos en un mundo de objetos inteligentes, la distopía perfecta. Lo llaman inteligencia delegada y hemos entrado en ella como los gamusinos en el saco.

“Dinerito para el bolsón” y más inquietudes (Apuntes, 17)

¡Ay, los dinerillos crípticos, ay los euricos virtuales, ay los coins redivivos por la sucia demiurgia contemporánea! ¡Ay, cómo poco a poco se va removiendo la renovada fe en el dinero! Como si no se hubiera visto venir desde hace décadas, con la invención de las tarjetitas de plástico, que esta era la meta final: el dinero soy yo… Sin bancos ni cheques, ¿para qué, teniendo cada uno su ordenador? ¿Para qué bancos centrales, teniendo a los misteriosos “mineros” acuñando las invisibles monedas de la nada? Y el regusto de volver a ahorrar, de juntar un pequeño capitalito para montar un negocio, para volver a comprar, aquel capricho… Por ejemplo, el coche eléctrico que planeaba un compa de por aquí, que ya tenía abultado su bolsón de coins, de alguna de las nuevas casas de moneda y timbre que ya se expanden por el mundo…

Haciendo lo previsto por su naturaleza de valor de cambio: proporcionar beneficios en las transacciones de mercancías, que hacen ¿quién si no? los nuevos obreros o robots que hacen otros obreros ¿quién si no? a los que pagamos ¿en coins también, porque no? quedándonos con el pequeño remanente (el plusvalor, alguien lo recordará), pues siempre hay menoscabo en el precio de la fuerza del trabajo.

¡Pon-pon-pon dinerito p’al bolsón! Como en la vieja canción infantil… Que todo cambie para que todo permanezca, diverso y uno, en el tinglado renovado de la vieja farsa… ¡Vivan los coins en cualquiera de sus advocaciones y la madre que los parió! ¡Viva mi dueño!

El aprendizaje de la virtud

Parece que Sócrates pensaba que la virtud es un saber y que , por tanto, nadie comete maldades de propio intento, a sabiendas. La maldad, pues, nace de la ignorancia, aunque no de la ignorancia que difundió el mismo Sócrates (solo sé que no sé nada) sino, por el contrario, la ignorancia del que cree saber. Hay un poema de Agustín García Calvo, “La cara del que sabe”, que refleja esto de una forma muy plástica y entendible. Más tarde, a partir de Platón, el discípulo aventajado, esa posibilidad de enseñar/aprender la virtud llevó al malentendido de que un gobierno de “filósofos” sería ideal para nuestros problemas y, de hecho, luchó durante años para que su idea triunfara en Siracusa, sin éxito alguno. Y de ahí al debate siempre inacabado, entre los partidarios de un gobierno de élites intelectuales o técnicas y el gobierno de los comunes (vuelven a oírse con cierto alboroto a los partidarios de los sorteos como procedimiento ideal para elegir representantes…), que llega a nuestros días…

Ius personale, ius reale?

A la división del Derecho Romano entre el derecho de personas y de cosas (ius personale y ius reale) se le escapaban las esposas, los niños y los siervos, medio personas, medio cosas. A ese grupo se han unido en nuestro tiempo los animales . De como se resuelva esto depende en gran medida el futuro del Derecho y, con él, el de nuestras sociedades.

Cuidado con los cuidados (Apuntes, 16)

Cuidado con los cuidados

La idea de “cuidados” impregna, y sustituye, la de “transformación” en la nueva política (a Podemos no se le cae de la boca) tanto como en las oenegés. A un mundo que ha renunciado al futuro (como, por otro lado, a las lecciones del pasado o al recuerdo de las víctimas) solo le queda una politica de emergencias. Nuestros héroes son los socorristas de Lesbos y los médicos sin fronteras: ¿cuidados paliativos propios de la condición póstuma -como la llama Marina Garcés- en la que nos hemos instalado?

La hipótesis de Condorcet

La hipótesis de Condorcet tiene aún cierto valor: considerar que las dinámicas sociales están protagonizadas por la humanidad entendida como un pueblo único, sin que se vean afectadas por las vicisitudes de las naciones o patrias, constituido en comunidad política. La perspectiva de esta abstracción es la que ha conseguido, por ejemplo, el avance imparable de las políticas de Derechos Humanos. Pero tal vez aún mayor que este acierto fue el error del filósofo francés de creer ciegamente en la perfectibilidad de los seres humanos, y, como consecuencia, en el progreso continuo. Es uno de los padres de tan nefasta sugestión.

Esa idea tan dañina, asumida desde la Ilustración, resumida en la conocida frase de Leibnitz, “el presente está preñado de porvenir”, se ha mostrado, tras la última ilusión (un hedonista presente continuo, preconizado por la posmodernidad desde los años 80), como un “progreso” hacia la nada, el de una humanidad sonámbula en un tren sin conductor, por decirlo con la conocida metáfora.

La regeneración del mundo o la gran patraña americana

Cuando Ford dijo que la Historia era una patraña no pensaba, desde luego, en el discurso del senador Albert Beveridge (un político del círculo íntimo de Roosvelt), en el Congreso norteamericano con motivo de la anexión de Filipinas. Era el 9 de enero de 1900.

Dios no ha estado preparando durante mil años a los pueblos anglófonos y teutónicos únicamente para su vana y ociosa contemplación y admiración de sí mismos. Nos ha convertido en los dueños organizadores del mundo para establecer un sistema allí donde reina el caos […]. Nos ha preparado para que podamos ejercer el gobierno entre los pueblos salvajes y seniles. De no ser por ello, este mundo volvería a caer en la barbarie y las tinieblas. Y de toda nuestra raza ha marcado al pueblo estadounidense como su nación elegida para encabezar finalmente la regeneración del mundo.

Una misión “mesiánica” que las élites estadounidenses han venido repitiendo durante todo el siglo pasado y lo que llevamos de este (“el gran siglo americano”, repiten sus presidentes) como un mantra desdichado, esto sí una patraña, cuyos efectos padecemos todos los pueblos “salvajes y seniles”. Conviene oírlo en las propias palabras de sus precursores…

Lenguaje de rufianes

Yo es que “sufro” con el español hablado y escrito contemporáneo, tanto como me enfada la norma académica del ESPOFCON. Al hilo de la lectura que estoy baciendo de De los nombres de Cristo, de Fray Lus de León, que me hace llorar de placer, por el español “radiactivo” en que está escrito, me dan ganas de llamar a esta otra lengua castellana menesterosa de ahora “lenguaje de rufianes”, como hizo Benjamin con la jerga de los filósofos de su tiempo…

¿Sí o no? (Apuntes, 15)

En el nombre del padre

En un nivel simbólico, el Estado es el padre mientras que la tierra y el cuerpo corresponden a la madre. El padre y el estado apelan, en la estructura bicameral del cerebro, a la cámara de la norma y la represión. Por eso la mayoría no se rebela de veras contra él: se queja, reclama. No hay Edipo, frente a él somos niños.

¿Sí o no?

El matemático Claude Shannon demostró que la cantidad de información de un mensaje se podía medir, poniéndolo en relación con la novedad o sorpresa que provoca. La cantidad más pequeña es el bit que equivale a un sí/no como respuestas a una pregunta. Las charlas sobre el tiempo están en ese nivel de mensajes cercanos al bit: son tan consabidas y esperables que es muy frecuente que la gene desconecte y no oiga siquiera lo que dice el otro, como en diálogos del tipo:

– Pues hoy hace más calor que ayer.
– Qué va, ayer corría un poco de aire…

Si en un informativo sacan a gente de la calle para que “opinen” es, justamente, en casos así, en verano, en la playa, en una nevada… Literalmente, ni esa gente dice nada ni el espectador “oye” nada. Son mensajes con una cantidad despreciable de información. Como pasa en las clases cuando el alumno se aburre, también con la información del mainstream: mensajes esperables, como el balido de las ovejas, que, por tanto, no “informan” de nada. De eso se trata.

Al decir de Macluhan, “hablan y hablan sin cesar, pero no dicen nada.” Así de sencillo es explicar la ignorancia social consentida…

 

La subjetividad cultural (Apuntes, 13 y 14)

La subjetividad cultural es algo obvio que, sin embargo, olvidamos continuamente. Cuando leemos a un autor, buscamos nuestros propios puntos de interés, no los suyos. Y esto vale para la literatura tanto como para las redes sociales. Luego están los límites lingüísticos de cada uno, las acotaciones personales de los campos semánticos con que la experiencia y el conocimiento de la realidad nos configuran. Ludwig Wittgenstein lo dejó escrito de forma ejemplar: los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo.

Una de las cosas más difíciles en las clases de literatura es consensuar el sentido de una metáfora. Los alumnos defienden sus interpretaciones con uñas y dientes. A veces, la ofuscación que causa el sentido arcano que quiso transmitir el autor lleva a desahogos como el de una alumna que en una clase, tras mis intentos por interpretar qué quería decir Juan Ramón Jiménez en un poema al afirmar que los pinos cantaban, explotó de pronto, entre ruborizada y enfadada: “Manuel ¿pero cómo van a cantar los pinos?”…

En redes y foros de Internet es muy fácil observar que lo que todo el mundo comparte son las noticias o artículos que coinciden con su visión del mundo o su ideología, con su propio manejo del lenguaje, con sus connotaciones subjetivas.

El que, a pesar de todo, consigamos a duras penas, ampliar nuestras perspectivas con las de otros, aprender o cambiar nuestros puntos de vista es, bien mirado, una auténtica hazaña o un auténtico milagro.

Hacer desaparecer un elefante

La “magia” mediante la cual la economía-mundo capitalista es capaz de ocultar su destrucción del planeta, de sus seres vivos, y el daño causado a nuestras vidas vaciadas de sentido es tan admirable como la desaparición de un elefante ante el público que dicen que realizó el gran Houdini.