No aprendía, pero aprendía

Leemos en Ana Karénina, a propósito del empeño de Karenin por «educar» a su hijo Seriozha, ya consumada la separación de Ana…

Tenía 9 años, era todavía un niño, pero conocía su alma, la apreciaba y la protegía, como el párpado el ojo, y no permitía que nadie penetrara en ella sin la llave del afecto. Sus educadores se quejaban de que no quería aprender, pero lo cierto es que su alma estaba sedienta de conocimientos. Aprendía con Kapitónich, con la niñera, con Nádenka, con Vasili Lúkich, pero no con sus maestros. . El agua con que contaban su padre y el preceptor para mover la rueda se había filtrado hacía mucho tiempo, pero seguía cumpliendo su labor en otro lugar.

Es algo que le ocurre a todos los niños, pero no sé por qué casi nadie cae en la cuenta… Si lo hiciéramos, nos ahorraríamos muchos disgustos y tanta palabrería.

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