Inmortal Pangloss o la necesidad de una ética radical

Pangloss, el inmortal personaje de Voltaire que siempre veía en el status quo el mejor mundo posible, simplemente porque podría haber otros peores, representa, en relación a lo que aquí pensamos, el paradigma de la inmoralidad, de la pérdida de una ética compatible con la condición humana tal como la entendemos hoy. Es Pangloss redivivo, por ejemplo, quien pretende en estos días extraer una moralina, social y política, del supuesto espíritu de equipo de los futbolistas españoles que acaban de ganar la Copa de Europa, Se trata de la última versión de esa suerte de consigna de «juntos podemos», que ya vimos aparecer, con menos escándalo, cuando se declaró oficialmente como «crisis» todo este conjunto de penurias con el dinero en las que andamos tirando la mayoría.

Pangloss 300x269
Pangloss adaptando el mundo a su medida: una ética de diseño

Entre los que entonces quisieron confortarnos los ánimos estaban, según creo recordar, representando el espíritu de equipo (hoy ya vamos sabiendo hasta qué punto), la gran banca y los grandes empresarios españoles. Hasta una página web inauguraron con la animosa consigna, con las albricias del panglosiano ex presidente Zapatero.

Lo que ocurre es que el Pangloss imaginario era un inmoral inconsciente y risible, y por ello, perdonable; pero me temo que no sucede lo mismo con los que ahora, el presidente del gobierno a la cabeza, quieren meter, con un embudo moralizante, en el imaginario popular español que el trabajo en equipo de un grupo de futbolistas multimillonarios puede ser un ideal colectivo, un modelo ético. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid. Por no mencionar el grado en que el fatuo mundo del fútbol contribuyó a la burbuja financiera en Europa. Cuánto cinismo; tanto como el que delataban unas cuentas que hizo el diario Público el 8 de diciembre de 2007, que mostraban cómo, de los 133 alcaldes acusados de alguna irregularidad antes de las elecciones municipales de ese año, el 70 por 100 volvió a ser elegido para ocupar el cargo. Democracia panglosiana. Buen rollo en el mejor de los mundos posibles.

Sin embargo, una cierta hartura de esta falta de ética y cara dura, aceptada tan resignadamente por todos durante estos años de plomo, empieza a notarse y a trascender, no sólo en los corros incansables del 15M, sino en los medios periodísticos y judiciales. Un leve cambio de perspectiva, si quiere el lector, una ligera brisa de aire de pensamiento fresco en el país más panglosiano de Europa. No me refiero tanto a esos desfiles de imputados en el desfalco de Bankia, que hemos visto hoy en los telediarios con Rato a la cabeza, de entre los que gozan de merecida fama. No: ese desfile acabará pronto, me temo, olvidado o difuminado entre recursos, apelaciones, legajos, polvo, olvido. Los delitos de guante blanco, ya sabemos. No, me causa más sorpresa la coincidencia en estos días de, al menos que yo haya leído, dos artículos publicados en El País que tienen en común una reivindicación del pensamiento ético como condición imprescindible para abordar la cosa. No es nada novedoso, ya lo sé, y quizá únicamente se deben al mes de julio: la canícula es adecuada para la lectura reflexiva (agosto es el mes de los relatos literarios), según reza el tópico de la prensa en verano. O tal vez es sólo la pachorra tonta y blandita que entra con la calor, o las ganas que tiene uno de ver algunas luces donde, a lo peor, sólo están las sombras de siempre.

Pero en fin, sea como sea, vamos al cuento. Uno de los artículos a que me refería es de Adela Cortina, que lo tituló como Ética en tiempos de crisis. En el tono de bonhomía habitual en ella, sintetiza de maravilla la «filosofía» neoliberal y panglosiana con un refrán que yo no conocía: «todo lo que no son cuentas son cuentos», y reivindica el enfoque ético de la economía política con argumentos sensatos pero ingenuos, pues todo queda reducido a la esperable petición de responsabilidades, transparencia y ejemplaridad en la vida pública. Es decir, la perspectiva tradicional que limita la moralidad al comportamiento individual. Más intencionado, pero con las mismas limitaciones en el fondo, es el artículo que el prestigioso constitucionalista Francisco Rubio Llorente dedicó a relacionar el «nuevo modelo productivo» (que de «nuevo», como él mismo dice, no tiene nada) con la mezquina disputa entre las autoridades de Madrid, Barcelona y Valencia -que se sepa- por atraer a sus demarcaciones esas Vegas europeas que Sheldon Adelson, el magnate de la «industria del vicio» de Nevada, está decidido, con empeño sospechoso (sospechoso por el prejuicio fundado que pueda tener respecto a nuestros gobernantes), a instalar en nuestro país.

Investigacion Mas Desarrollo 300x208
I+D+I según Forges

La profunda inmoralidad de esto es, en las claras palabras de Rubio Llorente: la «alborozada disposición» de nuestras autoridades a «darle cuanto pida y aún más. Y según las informaciones de la prensa, lo que pide no es poco: edificabilidad sin restricciones en los terrenos elegidos, vías de acceso, servicios de agua y energía, exención de impuestos y cuotas a la Seguridad Social, supresión de trabas en el mercado de trabajo, en la inmigración y en el mercado de capitales». Y termina con esta contundente afirmación: «Forzados a hacer todos ellos (nuestros gobernantes) la misma política económica y social, habían intentado mantener sus diferencias ideológicas en el campo de los valores morales: por ejemplo, ampliando la libertad de la mujer gestante para abortar o, por el contrario, restringiéndola para protegerla así de la presión social que induce al aborto. Si dejan de lado la moral a la hora de optar por el nuevo modelo productivo, nadie podrá nunca volver a tomarse en serio su preocupación por los valores».

En Rubio Llorente hay una mayor intuición que en Elena Cortina respecto a la correcta perspectiva que debe adoptar la ética si queremos que sea realmente valiosa y útil para ayudarnos a salir del planeta panglosiano. Esa mayor lucidez nos parece verla en que no quiere reducir la ética a las relaciones interpersonales, a un acto de la voluntad, sino imbricarla en el nuevo modelo productivo. Pero, al reducirlo todo al final a un simple error de cálculo político, tampoco aparece en su reflexión la reclamación de lo que Carlos París llama una ética radical, la única que podría salvarnos. Si el paciente lector me acompaña hasta el final en este rosario de razones, en la segunda entrega de esta larga entrada, entenderá por qué.

2 opiniones en “Inmortal Pangloss o la necesidad de una ética radical”

  1. En esta actualidad vertiginosa en la que vivimos, los trece días que hace que aparecieron estas entradas en el Blog “Claros en el bosque” se sienten como una eternidad, pero no pasa nada, porque embarrados en los hechos diarios, que siempre son los mismos, leer estos pequeños -y ¡grandes!- ensayos nos coloca en el mundo verdadero y no en el de los muchos e infinitos “panglosses” que diariamente nos atacan.
    Es preciso practicar- y siempre empezando por uno mismo- y hablar de una ética radical. Y por los pequeños hechos los conoceremos. Pero este país, y lo siento por nosotros mismos, es un país que carece de esos pequeños gestos. Y no me vale la justificación de que el personal hace lo que ve en sus superiores, que es lo fácil y que es lo mismo que decir que “el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón”. Dando vueltas a este asunto he pensado que lo que nos ocurre es que somos católicos –Portugal, Irlanda, Italia, también lo son. Grecia es ortodoxa pero es lo mismo- y nuestra salvación no está en este mundo, sino en el cielo prometido. Así mientras que los protestantes se confiesan con Dios, los católicos lo hacen con los hombres. Y en eso hallamos el mundo que nos separa. Nuestras corruptelas pertenecen al tejido social y cada uno ponga la mano en el propio corazón y se escuche. La lista que podemos hacer de faltitas sin importancia, que ni tan siquiera habría que confesar, sería larga. Tal como (No hay prioridad en el orden)
    -Guardar cola
    -Emplear contenedores y papeleras
    -Puntualidad en general
    -Pesas y medidas
    -Absentismo laboral
    -Respeto al prójimo. TODOS los prójimos
    -Contaminación acústica…
    – y cien más…
    Nuestros banqueros, Ratos, Botines y otros semejantes, son los chulos de discoteca que se pueden permitir todo tipo de desmanes porque el público al que maltrata se comporta de forma similar: no pone IVA en las facturas que expide, no reclama el IVA en las ídems que paga, deja la basura en medio de la calle, envenena con las tapas y bebidas en bares y restaurantes, no da de alta en SS a sus empleados, o los da a medias, pasa su vida laboral de baja, tiene asistentas de colores varios a las que no “puede” pagar los seguros sociales y …¿cuánto mas?
    En fin, que un poquito de examen de conciencia no nos vendría mal. Y espero que nadie entienda que lo que digo es similar a que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Sólo con cambiar de persona el verbo…”han vivido…
    Un placer y a seguir en la brecha, Sr. Jiménez Friaza.

    1. Gracias por recordarnos a todos esa “minima moralia”. Es posible, como usted dice, en la tradición de pensamiento de Max Weber, que la religión tenga que ver, aunque yo pienso más bien que es la historia de dictaduras de estos pueblos, y sus secuelas naturales (la corrupción, el disimulo…) la verdadera culpable “histórica”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.