Quien lo probó lo sabe

Aunque los renacentistas lo consideraban una enfermedad, una especie de infección que se contagiaba a través de la mirada, no hay tal cosa exterior a nosotros como lo que llamamos amor. Sin embargo, hay enamorados, miríadas de enamorados, que a cada instante atestiguan esa realidad intangible. Es de esas verdades solo accesibles por los testimonios: no son cosas, no son conceptos, un poco a la manera de los profetas de las grandes religiones, pero de forma más universal y constante, menos interesada.

Cada vez que algún humano, a lo largo de la historia de nuestra especie, ha dicho «te quiero» a alguien, tembloroso y con los ojos húmedos, en cualquiera de las infinitas lenguas de la Tierra y en cualesquiera de las contorsiones que adopta el cuerpo poseído por la pasión, ha dado existencia al amor, ha transformado la palabra en cosa.Una cosa que muere y renace continuamente, en el más misterioso eterno retorno que nos es dado conocer.

Visitas: 73

Elogio del aburrimiento

Este texto, con algunas modificaciones en las primeras líneas, ha sido publicado en Fronterad el 3 de abril de 2020.

El aburrimiento tiene desde hace unos siglos -no muchos, a decir verdad, en tiempo histórico- y, sobre todo, en esta época hiperactiva que nos ha tocado vivir, muy mala prensa. Los frailes y monjas enclaustrados lo temían como el tiempo propicio de la tentación, o más exactamente, como la hora que frecuentaba un temido diablo, el diabolus meridianus, el demonio del mediodía que solía provocar mal humor y aburrimiento en los momentos más cálidas y pegajosas. En realidad, la disciplina horaria de los monjes o el conocido lema benedictino «ora et labora» fueron remedios ideados contra su nefasta influencia, contra ese hastío que llamaban acedia, considerado durante un tiempo un pecado capital. Podemos adivinar por qué: tiempo inerte apropiado para las tentaciones, fundamentalmente dos: el pensamiento divagador que lleva a territorios desconocidos, o el sexo, que también.

Cualquier padre o madre que lea esto, recordará entrar en pánico cuando la hija o el hijo, con gesto adusto y un punto desesperado, se acerca y dice: «Mamá, estoy aburrido». Estaríamos tentados de explicar este rechazo absoluto al aburrimiento como la manifestación humana del horror al vacío, del desvalido sentir el peso muerto de la existencia sin acción, al modo en que los físicos afirman que el universo aborrece el vacío. Otras veces preferimos entenderlo como consecuencia del trabajo contemporáneo, rutinario y sin sentido. O de su complementario, el tiempo de descanso, capturado ad nauseam por el consumo de diversión, ocio o espectáculo. El tiempo sometido y muerto del Gran Plan que sustituye a la vida.

Y sin embargo, a pesar de todo lo dicho, el aburrimiento es hermoso, etimológicamente hermoso, porque la lengua madre inyectó en la palabra la mayor belleza: «ab horrorem», la ausencia, la lejanía, el desprendimiento del horror. En este modo de pensar mío, con el auxilio de la lengua, la angustia que provoca eso que, de modo tan torcido llamamos aburrimiento, junto al ansia que nos impele a sustituirlo con cualquier actividad o cosa, no es más que su inversión: la costumbre de vivir en el horror, el deseo de cerrar ese campo abierto que, como un abismo, se nos abre en el no saber qué hacer, en el miedo cerval de la luz cegadora de lo desconocido que nos interpela y que rechazamos…

Visitas: 79

De clanes diversos hiciste una patria…

Publicado en El Salto, con el mismo título

Propongo al amigo lector la lectura de unos versos conocidos de Rutilius Namantianus, perteneciente a los restos del único poema que nos ha llegado de él, De reditu suo, y que me acompañe en las breves reflexiones que les siguen.

Rutilius Namantianus fue un galo de origen celta, cuya familia y él mismo formó parte del círculo del poder imperial (llegó a ser prefecto de Roma en el año 414), si bien en la época convulsa del emperador Honorio  (más pendiente de sus amadas gallinas que de la política imperial) y los saqueos de Roma por parte de Alarico I. A pesar de que el imperio había adoptado la religión cristiana como religión oficial, desde el Edicto de Tesalónica, Namantianus fue toda su vida un pagano convencido, muy crítico con la nueva religión.

«Los favoritos del emperador Honorio» de John William Waterhouse

Visitas: 106

El migrante considerado como «sujeto indeseable»

Así como es común oír interpelaciones de los políticos a los pensionistas, las mujeres o los trabajadores autónomos, nunca he oído ninguna dirigida a los migrantes; aunque si, cada vez más a menudo, hablar garrulamente sobre ellos, contra ellos; ni siquiera en las campañas electorales, cuando más se les calienta la boca con sus promiscuas peticiones de voto. Ni en las izquierdas ni en las derechas son concebidos como un sujeto social – el amigo lector curioso puede leer el ensayo que escribí para Frontera Digital sobre la dificultad de encontrar los nuevos sujetos sociales.

Sí, por el contrario, es percibido como «sujeto indeseable» , tal como lo llama Eduardo Doménech, que considera esta visibilidad negativa o conflictiva como un obstáculo insalvable para la construcción de lo común. Doménech es también creador del concepto de «régimen migratorio», que desarrolla así en una entrevista publicada en la chilena Revista Rosa:

El régimen de migración y fronteras es concebido como un espacio de conflicto, negociación y contestación en el que interviene una multiplicidad de actores de diversa naturaleza. Además, es un espacio en el que se despliegan prácticas de control de distinta índole, coexistiendo prácticas represivas, punitivas, asistenciales, humanitarias, etc.

Este régimen solo se concibe, pues, en el espacio de conflicto y contestación, real y simbólico al mismo tiempo, de la frontera, un espacio inhabitable sometido al estado de excepción permanente, fuera, por tanto,  de la república de los derechos y del común.

Visitas: 75

Contra la línea recta

Siempre me ha impresionado ver a un niño paseando a un perro. Los dos luchan contra su tendencia natural, que es la de corretear, con ritmos discontinuos, movidos por el azar de su simple curiosidad o capricho. Caminar de forma lineal, al mismo ritmo que los pasos medidos es un aprendizaje muy duro, tanto para el hombre como para el perro, y sólo tiene sentido en las ciudades construidas para los coches. Para el niño es tan difícil como el aprendizaje de la lengua escrita, porque, si se mira bien, el desfile sintáctico de letras, sílabas y palabras es tan atormentador como caminar con los pasos contados…. Es irónico que demos tanta importancia en nuestra educación a las dos cosas, como parte de un proceso civilizatorio.

Es útil extrapolar esto a las líneas rectas imaginarias con que forzamos nuestras vidas a seguir los surcos de los planes o el desfile de siglos de la Historia en una inexorable marcha de progreso y mejora. Pero de eso nos ocupábamos con más detalle en una entrada reciente.

Visitas: 77

Sentidos (Apuntes, 28)

Si la Historia tiene algún sentido, es el de una imaginaria comunidad humana universal comprometida, sin éxito, en la consecución de la paz perpetua (releer a Kant, releer…). Por ser una empresa tan difícil e infructuosa, la juventud es siempre la protagonista en cada momento histórico, porque los jóvenes son los únicos que pueden (re)construir el mundo, que siempre ha sido devastado por las guerras y rapiñas de los ancianos y ha sido levantado siempre por la siguiente generación…

Disculpen las molestias, hemos sufrido algunas incidencias…

Entre las palabras que detesto, y que procuro no usar nunca, ocupa un lugar de honor «incidencias». Se ha extendido como la mala hierba y ha conseguido servir de comodín para igualar realidades muy distintas: así llaman las compañías eléctricas a un corte de luz y las compañías de teléfono a un corte en una conversación. Se habla de incidencias cuando un grupo de descerebrados aporrea sádicamente a otro grupo del equipo contrario. Se producen incidencias cuando una manifestación corta calles o carreteras, del mismo modo que llamamos así al envenenamiento de los clientes de un restaurante a causa de unos alimentos en mal estado. Incidencias son, en fin, los gritos de los alumnos en las aulas y pasillos de un colegio, los insultos cruzados entre dos diputados o el mal tropezón de un anciano en la calle que da con él en el suelo… ¿Hay derecho? Soy tolerante y casi todo lo perdono; todo menos una cosa: la perversión del gusto público y el destructivo empobrecimiento y uniformación del habla de la gente…

Visitas: 63

Fronteras y otros apuntes (#27)

Las fronteras, los límites, las lindes, hay que imaginarlas como surgiendo de un mundo en el que aún no hacían falta muros ni ejércitos para vigilarlas, defenderlas o romperlas con un coste de vidas humanas. No, sino que hay que imaginarlas como símbolos orientativos: un árbol solitario, un río, unas piedras. En ese sentido es una delicia leer los registros y testamentos antiguos, describiendo morosamente con palabras la topografía que separaba un territorio de otro. Cuando el tiempo, el clima o el olvido volvía las fronteras imprecisas, se establecian nuevos consensos para mantener su utilidad para nuevas generaciones. Naturalmente, las cosas cambiaron con el despliegue y repliegue, a sangre y fuego, de imperios y estados. Como dice Bertho Lavenir:

No hay frontera sin cancillería y sin una oficina de registros oficiales; y no hay mapas sin una labor topográfica encargada por quienes detentan el poder. En la era de la Democracia, cuando se hace necesario tener en cuenta la opinión pública, los mapas y atlas ayudan a que la ciudadanía aprenda -si es preciso bajo la vara del profesor- los perímetros del estado que algún día puede que sean convocados a defender.

Pienso para mí que un proceso parecido, y paralelo, fue creando las cancillerías y aduanas que vigilan la institución del «yo» y sus territorios, sus defensas o agresiones y violaciones… Pero de esas otras fronteras hablaré otro día.

Estado y teología

Muchos, tal vez la mayoría, lo intuyen; algunos lo saben pero no lo dicen; solo unos pocos lo saben y lo dicen. Me refiero a la mentira constitutiva de los estados. Emmanuel Rodríguez es de esos pocos:

La palabra Estado tiene algo de teológico. Soberanía es una palabra teológica. La idea de una totalidad que incluye y representa a todos los ciudadanos (que vela por ellos al tiempo que los somete) es teológica. En todo caso, diría que la idea de soberanía, de un Estado que puede y tiene capacidad de gobierno efectivo, esto es, de dirigir y organizar una sociedad, es hoy todavía más ficcional que hace cincuenta años. Se dirá que la soberanía siempre ha sido una ficción y que realmente el campo político se corresponde, desde el origen del Estado moderno (en los siglos XV o XVI), con un sistema mundo en el que unos Estados subordinan a otros, y por lo tanto son más soberanos que el resto. Lo que respondería a estas críticas es que en los tiempos de la globalización financiera, y de la circulación monetaria a tiempo real, ni siquiera los Estados más poderosos pueden escapar a esta forma de mando sobre la que apenas tienen control. Esto implica el fin del programa de las viejas izquierdas que remiten siempre a un Estado nacional, con programas nacionales de crecimiento, mercados laborales regulados y sistemas nacionales de provisión social.

Si quieres leer la entrevista entera que le hace Guillem Martínez, está aquí

La vida ahí fuera

La idealización de la «vida salvaje» nos lleva a muchos equívocos . El pacto brutal de los perros y los hombres, ha hecho que estos lejanos descendientes del lobo haya trsnsgredido leyes naturales como atacar y matar a miembros de su especie a cambio de comida y protección. Basta, para entender la segunda naturaleza adquirida junto a nosotros, ver la placidez con que duerme un animal doméstico en su casa humana, sin ese miedo y alerta continuos a que los somete el hambre y el acecho de los depredadores. La vida ahí fuera puede ser un auténtico infierno.

La extraña pareja

Esta mañana me encontré con un antiguo -muy antiguo- alumno que, al preguntarle yo por su vida actual, me contó que vivía con su abuela. Pero no por las razones que se me ocurrieron al pronto, las que se os estarán ocurriendo a vosotros ahora mismo: una familia desestructurada, violencia doméstica, dependencia… No, era por una razón más sencilla y entrañable: la quiere mucho y no soportaba verla vivir sola cuando enviudó a los setenta y pocos años. Así que acondicionó su casa, hizo las maletas y se mudó. Hoy la abuela tiene más de 80 años y siguen viviendo juntos y felices. La sensación que me transmitió era la de ser el hombre más feliz y enamorado del mundo…

Visitas: 110

La mirada interior

La vista es el sentido humano por antonomasia: por decirlo en francés, con una palabra muy asentada y conocida, somos «voyeurs». Con la mirada nos comemos el mundo, literalmente. Los renacentistas tenían una elaborada teoría sobre el amor en la que los ojos inoculaban la enfermedad: no hay miradas inocentes…. Pero hay también una mirada interior encargada de ver lo invisible, de adivinarlo, y en ese sentido somos «voyants», videntes. Esos ojos ilocalizables marcan el destino del poeta o del artista, su señal de Caín que lo convierte en habitante del ensueño, ese mundo sonámbulo que es nuestra verdadera patria…

Visitas: 122

Cartas

La lectura de esta columna de Helena Resano dedicada a las cartas de papel me ha hecho recordar una larga etapa de mi vida en que fui un prolijo corresponsal. Me ayudó a crecer y a conocerme a mí mismo y a otros, inclyendo a algunos con los que nunca llegué a tratar em persona. También trabaje de cartero durante un verano, uno de los trabajos más bonitos de mi vida, de esos trabajos de antes que tenían un sentido. He tenido suerte con eso: no he tenido que sufrir los trabajos basura.

El género epistolar, como es sabido, ha desaparecido prácticamente de nuestras vidas, el ritual de escribirlas, leerlas y la espera impaciente y emocionada de su llegada (¡niña, correo!) ya no forman parte de la experiencia ni del recuerdo de casi nadie. A la verdad, también su primer sustituto, el correo electrónico, está en vías de extinción: vivimos bajo el reinado del microtexto y de un tiempo acelerado que quemamos como si fuera pólvora.

La carta de papel, como el libro, era un medio lento y sensual. Literalmente: muchas veces, las cartas de amor se perfumaban, se cuidaba la elección de la textura del papel y su color (aún conservo cuartillas de papel tela, las últimas: ya no se fabrican) ; era frecuente encontrar hojas secas de alguna flor entre las de papel… Un medio cálido, cercano aún a los sentidos.

Cuando las repartía (aún existía el servicio militar obligatorio), sentía, al acercarme a la casa de algunas chicas con el novio, militar a la fuerza, lejos, el frufrú de sus movimientos discretos tras la ventana y un murmurado y nervioso «¡que viene, que viene, hoy trae carta!»…

Letter from Vermeer by Dasha Riley

Visitas: 140

Cosas de los inuit y otras notas volanderas (#apuntes 26)

Los innuit, que ven peligrar su propia supervivencia por el deshielo del Ártico, se reúnen en un círculo al despertar y cuentan sus sueños. Pero no como un entretenimiento, sino como el relato de un viaje a tierras desconocidas, pero reales, de donde vuelven cargados de mensajes o advertencias. La mala costumbre occidental de entender la vida como un camino lineal que progresa salvando obstáculos hacia la nada, nos ha hecho olvidar otras maneras de estar en el mundo: el tiempo circular de los campesinos, la vida prenatal (cuyo olvido lamentaba aquí el otro día) o la reviviscencia del universo y la vida onírica. Posiblemente sean ya pérdidas irrecuperables, instalados como estamos en nuestro páramo de detritus y tiempo secuestrado. Buenos días sin sueños.

Rifeños de Melilla

Uno de nuestros tantos temas tabú: la integración de los rifeños musulmanes de Melilla (20% de la población) que reivindican la identidad amazigh y el tarifit como lengua cooficial de la ciudad pues es comunidad bilingüe. Ya les costó lucha y movilizaciones que les fuera reconocida la nacionalidad española de pleno derecho en los años 80. Nunca aprendemos, si acaso, cuando ya es tarde. Ni caso.

Idioma rifeño – Wikipedia, la enciclopedia libre

Mujeres

La escuela de mi infancia, durante la Dictadura de Franco, era unisex. Las niñas pertenecían a un universo separado y misterioso, sin comunicación con el nuestro. Pero desde que pude acceder a ellas, ya en el Bachillerato, elegí su compañía y amistad, con preferencia a la de los hombres. Ellas han sido siempre mis mejores amigas, mis compañeras y mis amores. A las mujeres debo lo mejor de lo que soy, ellas son las que me han enseñado las cosas importantes y en ellas tengo puesta la única esperanza que aún conservo de un mundo distinto y mejor.

Leyes y realidad

Los legisladores y políticos han mantenido siempre una carrera con la realidad para adaptar sus normas, sus conceptos de delitos y castigos, a los contextos de la vida. Siempre pierden porque la realidad cambia a mayor velocidad. Volverá a suceder con esta nueva reforma del Código Penal… Cuando yo empecé a trabajar, aún estaba vigente una norma franquista que prohibía dar clases a un solo alumno si era del sexo contrario: en la mentalidad del legislador era inconcebible la homosexualidad…

La justicia ve abuso y no violación en las agresiones sexuales a la infancia, ¿hay que revisarlo?

Visitas: 70