La mirada interior

La vista es el sentido humano por antonomasia: por decirlo en francés, con una palabra muy asentada y conocida, somos «voyeurs». Con la mirada nos comemos el mundo, literalmente. Los renacentistas tenían una elaborada teoría sobre el amor en la que los ojos inoculaban la enfermedad: no hay miradas inocentes…. Pero hay también una mirada interior encargada de ver lo invisible, de adivinarlo, y en ese sentido somos «voyants», videntes. Esos ojos ilocalizables marcan el destino del poeta o del artista, su señal de Caín que lo convierte en habitante del ensueño, ese mundo sonámbulo que es nuestra verdadera patria…

Visitas: 85

3 respuestas a «La mirada interior»

  1. A propósito…

    #^Para besar hay que cerrar los ojos

    Imagen/foto

    Por Ana Sharife.

    El 95% de la información que recibimos de nuestro entorno nos llega a través de los ojos. Demasiada responsabilidad para un solo sentido, por eso quien besa con los ojos abiertos no sabe besar. El gusto, el tacto y el olfato apenas se reparten el 5% de todo el festín. Las neuronas olfativas mueren y regeneran sobre una base regular, la lengua nos proporciona la percepción del dulce, salado o amargo, porque hay besos amargos también, y el tacto, el más primitivo de los sentidos nos aguarda en los peldaños inferiores de la escala animal.

    Por eso hay que besar con los ojos cerrados, como ciegos, para no privar a estos tres sentidos de la posibilidad de llevarnos en volandas hasta la región más antigua del alma animal, mientras vamos perdiendo la voz, o mejor se nos va quedando dentro, y sólo la oímos gemir de placer o dolor.

    Si hay sexo, luces, focos, ¡acción! Nos excita la desnudez. La mirada se vuelve ebria y lasciva en medio del obsceno banquete. Se habla, incluso. Es amar con los cinco sentidos. Pero, a un centímetro de distancia de ti, besándote, ¿qué pretende ver? Nada. Porque no se ve nada. Quien besa con los ojos abiertos no sabe besar. Es como el ojo de buey de un camarote de barco desde el que sólo se ve el mar frío e infinito, o un Gran Hermano que no siente y te espía.

    Quien besa con los ojos abiertos no sabe besar, porque la alerta, ese sexto de los sentidos ubicado en la corteza cingulada anterior del cerebro, que nos previene de los peligros, ha de apagarse para que el beso se cuele como un  ladronzuelo.

    El amante se pega a ti hasta confundir su saliva con la tuya, si tienes amor me lo das, si no recibe el mío en silencio, contempla todo lo que es capaz de hacer en el trapecio sin red de mi corazón sediento.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.