Cartas

La lectura de esta columna de Helena Resano dedicada a las cartas de papel me ha hecho recordar una larga etapa de mi vida en que fui un prolijo corresponsal. Me ayudó a crecer y a conocerme a mí mismo y a otros, inclyendo a algunos con los que nunca llegué a tratar em persona. También trabaje de cartero durante un verano, uno de los trabajos más bonitos de mi vida, de esos trabajos de antes que tenían un sentido. He tenido suerte con eso: no he tenido que sufrir los trabajos basura.

El género epistolar, como es sabido, ha desaparecido prácticamente de nuestras vidas, el ritual de escribirlas, leerlas y la espera impaciente y emocionada de su llegada (¡niña, correo!) ya no forman parte de la experiencia ni del recuerdo de casi nadie. A la verdad, también su primer sustituto, el correo electrónico, está en vías de extinción: vivimos bajo el reinado del microtexto y de un tiempo acelerado que quemamos como si fuera pólvora.

La carta de papel, como el libro, era un medio lento y sensual. Literalmente: muchas veces, las cartas de amor se perfumaban, se cuidaba la elección de la textura del papel y su color (aún conservo cuartillas de papel tela, las últimas: ya no se fabrican) ; era frecuente encontrar hojas secas de alguna flor entre las de papel… Un medio cálido, cercano aún a los sentidos.

Cuando las repartía (aún existía el servicio militar obligatorio), sentía, al acercarme a la casa de algunas chicas con el novio, militar a la fuerza, lejos, el frufrú de sus movimientos discretos tras la ventana y un murmurado y nervioso “¡que viene, que viene, hoy trae carta!”…

Letter from Vermeer by Dasha Riley

3 opiniones en “Cartas”

  1. La de recuerdos que me has traído de mi etapa de estudiante en Salamanca :-). Echo de menos las cartas; hasta hace poco aún resistía la tentación de mandar postales solo vía Internet (ya caí) y seguía haciéndolo como toda la vida, dándole curro a carteros y carteras.

    Pétalos, dibujos, incluso algún insecto seco (¡qué cosas!). Estuve de pareja con una chica con la que me escribía todas las semanas, a pesar de que nos veíamos siempre los viernes; en alguna ocasión nos vimos antes de recibir las cartas respectivas. El móvil también ha roto ese inseguro encanto.

    Como mínimo, dos reputados escritores de estilos casi contrapuestos ejercieron de cartero: Faulkner y Bukowski. Estabas llamado a ser un gran escritor. Tendré que hacerme cartero.

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