Siempre me ha impresionado ver a un niño paseando a un perro. Los dos luchan contra su tendencia natural, que es la de corretear, con ritmos discontinuos, movidos por el azar de su simple curiosidad o capricho. Caminar de forma lineal, al mismo ritmo que los pasos medidos es un aprendizaje muy duro, tanto para el hombre como para el perro, y sólo tiene sentido en las ciudades construidas para los coches. Para el niño es tan difícil como el aprendizaje de la lengua escrita, porque, si se mira bien, el desfile sintáctico de letras, sílabas y palabras es tan atormentador como caminar con los pasos contados…. Es irónico que demos tanta importancia en nuestra educación a las dos cosas, como parte de un proceso civilizatorio.
Es útil extrapolar esto a las líneas rectas imaginarias con que forzamos nuestras vidas a seguir los surcos de los planes o el desfile de siglos de la Historia en una inexorable marcha de progreso y mejora. Pero de eso nos ocupábamos con más detalle en una entrada reciente.

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