Una mañana desayunaba en un bar popular de por aquí, bullicioso y vocinglero, disfrutando de un cantante de boleros, un jubilado de voz de seda, que cantaba quedo, a través de su mascarilla:
… Mira que eres linda,
qué preciosa eres.
estando a tu lado
verdad que me siento
más cerca de Dios …
Un silencio repentino le preparó el aire. Apoyado contra la pared, marcando el compás con los nudillos sobre la mesa, con aire ausente… ¿En quién pensaría, qué memoria de amor o desamor templaba su voz y entrecerraba sus ojos?
Antes, hasta hace unos años, la costumbre de cantar en las tabernas -flamenco, casi siempre- estaba tan extendida que aún sobrevive en algunos locales antiguos la ignominiosa prohibición «Prohibido el cante» que, a lo que recuerdo, no era obedecida por nadie. Cuando desaparecieron del todo, quedó solo el televisor, las voces estentóreas, el silencio ensimismado de los bebedores de aguardiante…
And Lot’s wife, of course, was told not to look back where all those people and their homes had been. But she did look back, and I love her for that, because it was so human. So she was turned into a pillar of salt. So it goes. ― Kurt Vonnegut, Slaughterhouse-Five
You can download a compilation of all of the titles from my multiple Photo-Embedded Fiction & Poetry Bibliographies from here on Vertigo. This free PDF lists in chronological order the over 700 titles I have located from the 1890s through 2023 which have photographs as an essential part of their text. To reduce file size, this compilation does not include the images of the book’s front covers
Vertigo Where literature and art intersect, with an emphasis on W.G. Sebald and literature with embedded photographs
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The first copies of the children’s novel The Wonderful Wizard of Oz by L. Frank Baum were printed by the George M. Hill Company.
During the subsequent decades after the novel’s publication in 1900, it received little critical analysis from scholars of children’s literature. This lack of interest stemmed from the scholars’ misgivings about fantasy, as well as to their belief that lengthy series had little literary merit.
La hipótesis de Condorcet tiene aún cierto valor: considerar que las dinámicas sociales están protagonizadas por la humanidad entendida como un pueblo único, sin que se vean afectadas por las vicisitudes de las naciones o patrias, constituido en comunidad política. La perspectiva de esta abstracción es la que ha conseguido, por ejemplo, el avance imparable de las políticas de Derechos Humanos. Pero tal vez aún mayor que este acierto fue el error del filósofo francés de creer ciegamente en la perfectibilidad de los seres humanos, y, como consecuencia, en el progreso continuo. Es uno de los padres de tan nefasta sugestión.
Esa idea tan dañina, asumida desde la Ilustración, resumida en la conocida frase de Leibnitz, “el presente está preñado de porvenir”, se ha mostrado, tras la última ilusión (un hedonista presente continuo, preconizado por la posmodernidad desde los años 80), como un “progreso” hacia la nada, el de una humanidad sonámbula en un tren sin conductor, por decirlo con la conocida metáfora.
Substack es una plataforma pensada y diseñada para creadores (escritores, fotógrafos, pintores…). Funciona por suscripciones, gratuitas o de pago, lo que permite a muchos vivir o ayudarse con sus creaciones. También tiene varias vías de acceso: por correo electrónico (como las antiguas listas de discusión por email) o accediendo directamente a la página web o mediante una aplicación para móviles, muy vistosa.
Somos millones de usuarios y, aunque la lengua mayoritaria es el inglés, hay escritores de otras muchas lenguas. En mi caso, como si fuera un blog, podéis acceder a mis publicaciones en la dirección https://manueljimnezfriaza.substack.com La página es muy accesible y en distintas pestañas podéis ver las publicaciones, las notas (como una red social, con textos normalmente breves, el podcast (en mi caso “Algo queda”), y un “Acerca de”, con una semblanza del autor, aunque no siempre. Sea de una manera u otra, al pie de los posts encontraréis los conocidos iconos de “Me gusta” y una cajita para comentar.
Hay gente tan conocida como el filósofo Slavoj Zizeck, la escritora española Milena Busquets o la cantante Patti Smith.
Y eso es todo. Espero haberos ayudado a conocer mejor esta plataforma increíble. Si os molestan sus abundantes notificaciones, las podéis moderar o eliminar, como en cualquier otra plataforma.
A pesar de que muchos han diagnosticado como «crisis moral» la atmósfera de fondo que ha provocado esta última crisis dineraria de nuestro mundo, pocos –en un análisis superficial, sin escalpelo, muy propio de la posmodernidad– han profundizado en los síntomas y causas de esa «enfermedad moral» de las sociedades capitalistas. Roma ya lo era, y las enseñanzas de sus desvaríos podrían ayudarnos a entendernos mejor si no fuera porque el olvido del estudio de las culturas clásicas no fuera uno más de los olvidos deliberados –y freudianos, en tanto que culpables– en que vivimos.
No he leído, por ejemplo, salvo en los escritos «altermundistas» que reivindican el crecimiento cero, ninguna crítica severa al lujo y exhibicionismo de las élites económicas posmodernas. Al contrario, pues de lo que se trata es de potenciar de nuevo, por emulación, el endeudamiento familiar y el fasto, el consumo en cacharrería inútil, la reornamentación de casas y cuerpos para que el dinero y la usura vuelvan a las cotas en que solían. Uno mi voz a esas tímidas llamadas a las costumbres de vida y ornato morigerados, recordando hoy algunos de eso intentos fútiles, pero enderezados a razón, del mundo antiguo por sujetarlos.
Hacia el año 46 a. C., César emitió este edicto que tomo como título de la columna, con el fin de controlar la ostentación desproporcionada del lujo en la agitada Roma del siglo I a. C. Entre otras cosas, se intentaba regular el uso público de los vestidos caros y llamativos (por ejemplo, los de color grana: un tinte muy caro), la exhibición de joyas o la cantidad y calidad de los alimentos consumidos en los banquetes, así como el número de invitados. Se cuentan anécdotas de soldados que entraron en casas para controlar in situ la glotonería proverbial de los romanos y que, durante un tiempo, hombres de su confianza hacían ronda –policía moralizadora– por entre las tiendas del Foro. La paradoja de que el dictador hubiera sido toda su vida un manirroto –coleccionista de perlas y de obras de arte, entre otras «aficiones» personales como la celebración espectacular de sus triunfos, o los hiperbólicos funerales que organizó por su hija Julia– no parece que afectara mucho a la acelerada actividad legislativa que desarrolló febrilmente los últimos años de su vida.
Como el político inteligente que fue, no parece que confiara tampoco mucho en la efectividad de esa ley cuando él estuviera ausente de Roma. No fue, por supuesto, el primero ni el último intento legislativo para moderar la suntuosidad. De una naturaleza ejemplarizante parecida hubo, al menos, tres disposiciones anteriores (la más antigua, la Lex Oppida, especialmente misógina, prohibía que las mujeres poseyeran más de media onza de oro entre todas sus joyas y adornos) y muchas más posteriores. Ni siquiera fue sólo una cierta obsesión del pueblo romano, al que tanto gustaban –en un plano teórico, desde luego, sin traducción práctica en ninguna época salvo en su propia mitología fundacional– las admoniciones sobre la moderación y la frugalidad. En la Inglaterra de los Tudor también hubo leyes suntuarias con la torcida y muy británica intención –eso sí– de evitar equívocos en las relaciones sociales empezando por la indumentaria.
Todas las leyes que han querido regular costumbres han fracasado. Y es normal que la gente se rebele contra ellas. Pero no debería ser olvidada la intuición política que las motivó. Recuerdo, así, con cierta nostalgia, la austeridad y el modo de vida sobrio de que hicieran gala, durante mucho tiempo, los militantes del Partido Comunista y del primer PSOE. Al modo en que Ortega recordaba la impronta de Antonio Maura -tostado siempre de sol de campo– como de una «elegancia rural», modesta y nada exhibicionista, tal vez nos hiciera falta –da grima tener que decirlo– moderar al menos las apariencias y la publicidad del lujo más ofensivo: aquel que, como en un cuento de Navidad, ofende con el opíparo y luminoso escaparate la dignidad hambrienta del mendigo.
Bridgette Guerzon Mills es una artista cuya obra incorpora diversas técnicas y materiales, como fotografía, pintura, encáustica, así como fibra, textiles y otros materiales recuperados. Sus obras han sido publicadas en revistas y libros, y su trabajo está presente en colecciones tanto en Estados Unidos como a nivel internacional. Actualmente reside en Towson, Maryland, con su familia.
Bridgette Guerzon Mills, 2017
Como artista de técnicas mixtas, la encáustica es un medio versátil que le permite crear profundidad en capas y le sirve para explorar más a fondo tanto la forma como el significado. Combina la fotografía con la encáustica para crear un puente entre dos mundos, el real y el reconstruido. El lienzo se convierte en una superficie de múltiples capas que habla tanto al sentido visual como al táctil.
Sin embargo, persistió / Nevertheless, She Persisted
Libro abierto / Book Open, técnica mixta / mixed media, 2020