¿Quién teme al lobo feroz? (la antipolítica y el paradigma de Parma)

Los titulares con que los Medios han recibido los resultados de las elecciones italianas, celebradas los días 24 y 25 de febrero, nos confirman en las razones y cautelas que nos traemos entre manos en estas últimas entregas en torno a qué es eso de la «antipolítica», que prolifera de tal manera y con semejante alboroto de alarma y rebato, y qué es lo que, tras el velo de esa idea-meme, provoca tanto miedo -disfrazado de desprecio o admonición- como el que percibimos en portadas periodísticas o en declaraciones y valoraciones de políticos a través de los Medios de Educación Social.

Beppe Grillo después de votar.
Beppe Grillo después de votar.

Veamos algunos pocos ejemplos: «‘Tsunami’ populista contra los recortes.Los escándalos que afectan a los grandes partidos dejaron terreno fértil para quien se presenta como el castigador de los males incrustados en el sistema» (El País, 25 de febrero). Este, en la línea de las metáforas pertenecientes al campo semántico del catastrofismo climático, usada por el propio Beppe Grillo en su campaña electoral entendida como tsunami-tour. Hay otra variante climática, algo más conceptista: la de la «tormenta perfecta», utilizada, por ejemplo, por José Ignacio Torreblanca en su comentario de hoy en el mismo diario con el título de Italia vacante: «Tenemos sobre la mesa la tormenta perfecta: política, sociedad y economía, todas sometidas al máximo estrés». Un «estrés» que ya se encargaban de concretar, sin muchos tapujos, otros titulares del diario de referencia español, por ejemplo, el 26 de febrero: «La prima de riesgo se dispara a 400 puntos por los resultados en Italia. La subida de Berlusconi y Grillo aboca a Italia a la ingobernabilidad», o el más descarado aún, en forma de respuesta de la Unión Europea a esta suerte de provocación intolerable que ha supuesto el voto de los italianos: «Europa mantendrá la austeridad pese al malestar italiano» de la edición del día siguiente.

Todo, en fin, de este porte, con una insistencia monótona y abusiva en la ingobernabilidad de Italia, el auge del populismo cuando no en el chantaje (entendido literalmente) de los poderes fácticos de Bruselas. Barsani, por ejemplo, tras su victoria pírrica, echa mano de valoraciones compulsivas y primarias: «La situación en Italia es dramática. Estas elecciones deben enviar una señal a Bruselas». Un dramatismo que, desde luego, no percibió cuando apoyó el gobierno técnico (así, tan eufemísticamente, suelen llamarlo) de Mario Monti. Pero no debe haber en esto ninguna extrañeza: su partido, heredero descafeinado y oportunista del extinto PCI -literalmente se quedó sin nombre: se lo denomina con el término genérico centro-izquierda, por no utilizar el vacío, de puro transparente, nombre oficial, Partido Demócrata-, tiene un largo historial de turbias complicidades y silencios, nada dramáticos, como las inestimables y tuertas maniobras tácticas de Massimo d’Alema que propiciaron, a la postre, la irresistible ocupación del poder por parte de Berlusconi y los suyos.

Parma, il grillino Pizzarotti: “Non siamo l'antipolitica”
Parma, il grillino Pizzarotti: “Non siamo l’antipolitica”

La prisa histérica, por su lado, en encarnar esa marea de voto popular al Movimiento Cinco Estrellas en un nombre, un rostro y una etopeya concretos, nos ha traído a Beppe Grillo al primer plano, tildado ya como showman, ya como payaso o político populista (formando pareja con el clown Berlusconi) nada fiable para Europa, impredecible en su antipolítica. Siendo así, además, que el Movimiento del que se le hace cabeza visible no tiene una estructura jerárquica equiparable a la de los partidos tradicionales, se nos presenta como su líder espiritual, y su peculiar carácter y lenguaje es identificado, por metonimia, con la de todo esta lista o amalgama electoral que ha obtenido tamaña cantidad de votos en las elecciones.
¿Es este el lobo feroz al que tanto parece temer el stablishment europeo y sus grandes Medios dominantes, o los pusilánimes gobiernos de la Unión escudados en el fetiche ideológico del déficit y de la necesidad de seguir recortando partidas de dinero público? La falta de claves explicativas o interpretativas sobre las verdaderas intenciones -supuestamente desestabilizadoras- de la coalición, si tomamos al antiguo cómico como su cabeza visible, han convertido al ayuntamiento de Parma, cuyo alcalde, Federico Pizzarotti, fue elegido en la lista grillista, en el «laboratorio» del que se quieren extraer muestras para el análisis del quehacer cotidiano de la coalición antipolítica.

Esa era la perspectiva del diario argentino La Nación en una crónica del 25 de febrero. Su autora, Elisabetta Piqué, presentaba al alcalde del M5E como la «antítesis de Grillo, el bloguero y showman líder del M5E, acusado de populista.» En su retrato quitamiedos, Pizzarotti es, frente al excesivo Beppe Grillo, «tímido, de perfil bajo, para nada verborrágico, es un chico bien, educado, que fue votado por un electorado moderado y burgués. Un outsider de la política, hoy criticado por el aumento de impuestos y los recortes realizados en su corta gestión de gobierno, que sin embargo llama la atención por su seriedad y pragmatismo. Pizzarotti, que circula en bicicleta, eliminó las odiadas “auto blu”, los autos oficiales. Ahora los asesores comunales se mueven en un normal auto a gas y quien solía ser el chofer del alcalde es taxista.».

Ha subido los impuestos, ahorra consumo eléctrico apagando la iluminación derrochona de algunas calles, asume la deuda heredada y que si no hay dinero, no hay dinero, se rebaja el sueldo, modélicamente, un 10%… Un político comme il fault, que se puede presentar en sociedad. Los análisis del laboratorio parmesano son tranquilizadores. La antipolítica del Movimiento puede que al final sea sólo la política desideologizada de gente con menos experiencia profesional que la de los grandes partidos, pero más honrada. Este parece ser el mensaje de fondo de la periodista argentina. Así pues ¿así de manso era este lobo feroz?

El problema, de este modo, si aceptamos el testimonio de Elisabetta Piqué y el tsunami grillista queda reducido a una refrescante brisa de honestidad, se nos plantea como un problema lingüístico, porque el prefijo anti en “antipolítica” no se presta a equívoco: “frente a” “en contra de”; no puede significar otra cosa. Agustín García Calvo nos enseñaba que era ahí, en los humildes pero tozudos deícticos o señaladores, en las conjunciones y morfemas monosémicos, donde la lengua es más autónoma e inmanipulable, por oposición al léxico abstracto que, en su pretensión de representar la realidad, es el más fácil de mangonear y tergiversar, como ocurría con la neolengua de 1984, de la distopía de Georges Orwell y como sucede con el eufemístico y tópico lenguaje político contemporáneo. No nos llama la atención  de hecho, que la palabra “política” aparezca junto a adjetivos, por decirlo así, teñida con distintos colores: “política democrática”, “política cultural”, “política económica”, o incluso “política revolucionaria” y “política radical”. Adivinamos la mansedumbre de los adjetivos, la docilidad de los diccionarios. De manera que a ver si en la entrada que sigue, y que da fin de momento a esta serie, soy capaz de poner algo de claridad en este embrollo en que nos quieren meter los nuevos regeneracionistas de la política de siempre, otros y los mismos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.