Las edades del hombre (3): Robinsonadas

El tercer tipo de viaje de iniciación o puesta a prueba queda representado paradigmáticamente por los «robinsones» y sus «robinsonadas», como llama Pierre Furter1 a la saga y sus aventuras. Este mismo sociólogo centra la idea fundamental de esta tercera entrega, contrastando la supervivencia de Robinsón con la de los niños «salvajes» a partir de la presencia o ausencia de una cultura heredada en uno y en otros:

En las «Robinsonadas», incluso si la isla es a veces inhóspita, todo el relato gira en torno a la capacidad del héroe para defenderse de esta naturaleza, para dominarla y terminar por ponerla al servicio de su autoformación. Para los «niños salvajes», la naturaleza es, ciertamente, un lugar en el que pueden protegerse, en general, matorrales, bosques o tierras baldías. Si se adaptan para sobrevivir allí, guardan un comportamiento ambiguo en este sentido. La naturaleza les atrae y les hace sentir miedo (…) Esta incertidumbre se acentúa por el hecho de que no pueden referirse ni apoyarse en una cultura que no han heredado, o en muy pequeña medida.; mientras que los «robindones», por muy toscos que sean sus héroes, ya habían sido culturizados antes de comenzar su periodo de pruebas. De manera que la cuestión se desplaza, con los «niños salvajes», a la relación entre naturaleza y cultura.

Para concluir más adelante:

Estos dos mitos conducen a dos perspectivas muy divergentes: Las «robinsonadas» intentarían evocar en nosotros, y, si es posible, convencernos de ello, la idea de que, incluso solo y desamparado, el ser humano es capaz no solamente de sobrevivir, sino de recrear la civilización. Es un mito tranquilizador pese a sus peripecias dramáticas, y comprendemos que se haya propuesto a los niños como una lectura beneficiosa. Sin embargo, el caso de los «niños salvajes» es inquietante. Por un lado, mantiene la duda en cuanto a la verdadera naturaleza del niño: ¿pequeño hombre o pequeño animal? Por otra parte, sugiere que la autonomía humana, al menos durante la infancia, es más que frágil. La inmadurez es vivida como una carencia; puede convertirse en un estigma. Es esto lo que justifica la instrucción, la reeducación o incluso la colonización de la infancia.

De modo que Robinson Crusoe sobrevive y prospera en su isla gracias al bagaje cultural previamente adquirido. Pero esta misma capacidad «reproductiva» que le permite recrear la civilización perdida tras el naufragio, ha generado no solo lecturas optimistas, sino también lecturas e interpretaciones críticas. En este sentido son ejemplares las distintas maneras de abordar esta historia de Engels y de Marx. Engels, quizá más lúcido en este punto, cita a Robinson en varias ocasiones en su Anti-Dühring, un libro de lectura provechosa donde articula la tesis de que los actos políticos son actos de fuerza, del mismo modo que lo es la propiedad privada. El «pecado original» de Robinson está en la esclavización de Viernes, respecto a la cual el trabajo asalariado no es más que una evolución histórica.

Pues todo el asunto ya ha sido probado a través del famoso pecado original, cuando Robinson Crusoe hizo de Viernes su esclavo. Fue un acto de fuerza, y por lo tanto un acto político. Y en la medida en que esta esclavitud fue el punto de partida y el hecho fundamental de toda la historia pasada y la inoculó con el pecado original de la injusticia, hasta el punto de que en los períodos posteriores sólo se suavizó y «se transformó en las formas más indirectas de dependencia económica» {D. C. 19}; y en la medida en que «los bienes fundados sobre la fuerza» {D. Ph. 242}, que se ha afirmado hasta el día de hoy, también se basa en este acto original de esclavitud, es evidente que todos los fenómenos económicos deben ser explicados por causas políticas, es decir, por la fuerza. (…)

Pero para conseguirlo, Crusoe necesita algo más además de su espada. No todo el mundo puede hacer uso de un esclavo. Para poder hacer uso de un esclavo, uno debe poseer dos tipos de cosas: primero, los instrumentos y el material para el trabajo de su esclavo; y segundo, los medios de subsistencia para él.

Todo un homenaje a las teorías sobre el plusvalor de Marx. Este, por su parte, más interesado en la teoría del trabajo como productor de valor, se detiene en la laboriosidad de Robinson Crusoe en su El Capital:

Como las experiencias de Robinson Crusoe son uno de los temas favoritos de los economistas políticos, echémosle un vistazo en su isla. Por moderado que sea, sin embargo, tiene necesidades que satisfacer, por lo que debe hacer un trabajo útil de varios tipos, como fabricar herramientas y muebles, domar cabras, pescar y cazar. No tenemos en cuenta sus oraciones y cosas por el estilo, ya que son una fuente de placer para él, y él las considera como una gran recreación. A pesar de la variedad de su trabajo, sabe que su trabajo, cualquiera que sea su forma, no es más que la actividad de Robinson mismo, y por consiguiente, que no consiste más que en diferentes modos de trabajo humano La propia necesidad le obliga a repartir su tiempo con precisión entre sus diferentes tipos de trabajo. El hecho de que un tipo ocupe un espacio mayor en su actividad general que otro depende de las dificultades, mayores o menores según el caso, que haya que superar para lograr el efecto útil al que se aspira. Esto lo aprende pronto nuestro amigo Robinson por experiencia, y habiendo rescatado un reloj, un libro de contabilidad, un bolígrafo y tinta del naufragio, comienza, como un verdadero británico, a llevar un juego de libros. Su inventario contiene una lista de los objetos de utilidad que le pertenecen, de las operaciones necesarias para su producción y, por último, del tiempo de trabajo que le han costado, en promedio, determinadas cantidades de esos objetos. Todas las relaciones entre Robinson y los objetos que forman esta riqueza de su propia creación, son aquí tan simples y claras que son inteligibles sin esfuerzo (…) Y sin embargo, esas relaciones contienen todo lo que es esencial para la determinación del valor.

Marx también se refiere a Crusoe en los manuscritos conocidos como Grundrisse; allí ve en Robinson Crusoe no «una reacción contra el exceso de sofisticación y el retorno a una vida de naturaleza mal entendida» sino «la anticipación de la’sociedad civil'».

Es, más bien, la anticipación de la «sociedad civil», en preparación desde el siglo XVI y dando pasos de gigante hacia la madurez en el XVIII. En esta sociedad de libre competencia, el individuo aparece separado de los vínculos naturales, etc., que en períodos históricos anteriores lo hacen cómplice de un conglomerado humano definido y limitado. Smith y Ricardo siguen con los dos pies sobre los hombros de los profetas del siglo XVIII, en cuya imaginación este individuo del siglo XVIII -producto, por un lado, de la disolución de las formas feudales de la sociedad y, por otro, de las nuevas fuerzas productivas desarrolladas desde el siglo XVI- aparece como un ideal, cuya existencia proyectan en el pasado. No como resultado histórico, sino como punto de partida de la historia. Como el Individuo Natural apropiado en su noción de naturaleza humana, que no surge históricamente, sino que es planteada por la naturaleza. Esta ilusión ha sido común a cada nueva época hasta el día de hoy.

Las interpretaciones y abordajes de esta polisémica historia no se limitan, por supuesto, a la estancia de Crusoe en la isla, ni a su inquebrantable designio de supervivencia, autoformación, esclavitud, trabajo y enriquecimiento (en lo que supera al padre). Es también la parábola puritana que permite leer el libro como una autobiografía espiritual y religiosa en que la Providencia juega un papel central. Pero bástenos con lo dicho hasta ahora, que espero que haya resultado de algún provecho al lector de este blog.

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Las edades del hombre (2): los niños salvajes

Este cuento, que ahora comienza, es el de viajes no deseados, sino que fueron provocados por accidentes o catástrofes. Las pruebas a que se vieron sometidos sus protagonistas tuvieron lugar en espacios aislados y, en ese sentido, los podríamos considerar «viajes estáticos» de los que tenemos constancias escritas. Me interesan especialmente dos: los casos de los niños salvajes y la ficción literaria, de larga trascendencia y vocación «pedagógica», de Robinson Crusoe, cuyo protagonista , frente a los anteriores y en contraste con lo que venimos diciendo, es, sin embargo, un adulto. Una obra que, sintomáticamente, es la primera que J. J. Rousseau hace leer al Emilio en su programa de autoeducación por la lectura.

Fotograma de la película de Truffaut sobre Victor de l' Aveyron
Fotograma de la película de Truffaut sobre Victor de l’ Aveyron

Hay muchos casos documentados de niños abandonados en lugares ariscos, en plena naturaleza, como se dice, que lograron sobrevivir por sus propios medios y, seguramente, con la ayuda de algunos animales y del azar. De forma muy significativa, se concentran entre el siglo XVIII y comienzos del XIX, la época de la Ilustración y la Revolución Francesa. Debemos suponer, pues, una carga ideológica (la renovada fe en la humanidad y los postulados de Rousseau sobre la educación) de la que nos da idea el hecho de que el viejo centro para sordomudos de París alcanzó la categoría de Instituto Nacional en tiempos revolucionarios.

De todos ellos, los más conocidos -seguramente por su adaptación al cine- son los de Victor de l’ Aveyron y el de Gaspar Hauser. Este último posee un interés «narrativo» por los misterios que aún hoy rodean su nacimiento (se especula incluso con que fuera un hijo ilegítimo de Napoleón Bonaparte) y su muerte, posiblemente asesinado, tanto como la «sombra» que lo seguía y espiaba tras su reintegración a la sociedad. En palabras del Wikipedista:

Kaspar Hauser fue un adolescente alemán famoso en Europa por el misterio en torno a su origen y a su muerte. Su carácter era el de un niño salvaje, por lo que se sabe que creció en cautiverio en completo aislamiento. Desde su aparición se especuló sobre su posible pertenencia a una casa real, en particular a la familia gobernante en Baden.

Apareció el 26 de mayo de 1828, en la ciudad de Núremberg (Baviera, Alemania) con 16 años, aspecto descuidado y una carta que llevaba consigo, dirigida a un militar y gracias a la cual conocemos su nombre y fecha de nacimiento. Su estado mental y su falta de lenguaje motivó la curiosidad de juristas, teólogos y pedagogos que le enseñaron a hablar, leer y escribir con cierto éxito. Un éxito que no obtuvo, salvo en la adaptación a las costumbres urbanas y a un grado inicial de socialización, Jean Itard, el mentor ilustrado de Victor de l’Aveyron, el niño encontrado por unos cazadores en los bosques de La Caune, en el Languedoc francés, cerca de los Pirineos.

Jean Itard documentó con detalle y método «científico» el proceso educativo que siguió con el niño, una vez obtenida la custodia que, a tal fin, le concedió el gobierno revolucionario francés. Gracias a su Informe, conocemos el estado en que se le encontró, y los éxitos y fracasos de su reintegración en la sociedad humana. No sabremos nunca, sin embargo (Victor no llegó a hablar) cómo fue su vida en los bosques ni cómo logró sobrevivir sin compañía ni ayuda humana. Tampoco se conocen bien sus últimos años en una residencia para huérfanos, donde fue abandonado tras la euforia inicial y la curiosidad social que despertó la apuesta «pedagógica» de Jean Itard. La causa de su muerte fue, posiblemente, el suicidio.

De modo que las durísimas pruebas que superó en su forzado viaje de iniciación a la vida adulta en los bosques, no le sirvieron de nada en su ingreso en la sociedad «civilizada», en plena euforia de la Ilustración. De la mano de su mentor y maestro tuvo que someterse de nuevo a rituales sin fin en otro proceso torturante de aprendizaje: desde acostumbrarse a andar con zapatos a seguir las tediosas lecciones sobre el francés escrito (uno de los grandes errores de Jean Itard, pues no es posible aprender a hablar a partir de la escritura, según señalaba Rafael Sánchez Ferlosio en sus prolijas anotaciones a la versión en español del Informe que él mismo realizó), cuando lo más probable es que la lengua materna del niño fuera la langue d’ oc y no el francés. O los durísimos ensayos de su maestro para que adquiriera «sensibilidad» en la piel: meterlo y sacarlo sucesivamente de baños de agua helada e hirviente. O la estéril y cruel ocurrencia, sobre la que he escrito en otras ocasiones, de pretender inculcarle la idea de la injusticia / justicia encerrándolo sin venir a cuenta en un «cuarto oscuro», que había dispuesto para los castigos…

De modo que este doble viaje iniciático del niño abandonado, lejos de ser la demostración de la utopía educativa rousoniana, que es como fue recibida en la optimista Francia revolucionaria, se mostró a la postre como la más triste y desesperanzadora distopía…

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Las edades del hombre (1): los viajes iniciáticos

Publicado con modificaciones y el título Ritos iniciáticos en El Salto

La homogeneización de las edades y la estandarización a que ha sido sometido intensivamente nuestro mundo ha arrasado también los ritos iniciáticos, particularmente los viajes, que marcaron durante siglos el abandono de la infancia y el ingreso público en la edad adulta. Esa estandarización tiene causas bien conocidas que se pueden resumir en el afán de constituir una sociedad de consumidores lo más extensa y longeva posible: desde los niños falsos adultos hasta los adultos indefinidamente infantilizados.

Aunque sobreviven remedos de aquellos ritos de iniciación, lo hacen en la forma trivializada y floja propias de estos tiempos bobos. Me refiero a cosas como las fiestas de graduación, viajes de fin de carrera o las estancias internacionales proporcionadas por las becas Erasmus u otras parecidas. Antiguos rituales de la burguesía, como el servicio militar obligatorio para los hombres (cualquier día vuelve) o las fiestas de puesta de largo (no sé si aún se celebran entre las clases ociosas) para las mujeres no son ya sino vagos recuerdos o reproducciones intrascendentes, como las turistificadas peregrinaciones actuales del Camino de Santiago o las múltiples romerías de las primaveras, tan usuales y masivas en países de tradición católica.

Los viajes iniciáticos llevaban implícitas pruebas y dificultades cuya superación suponía un proceso de autoformación con un alto valor pedagógico y su destino eran lugares paradisíacos o espacios alejados, peligrosos y desérticos. Como los viajes de exploración o las colonizaciones ya acabaron, sus sustitutos contemporáneos, las masificadas rutas turísticas, también han perdido ese valor «educativo», de transición al mundo de los mayores, de adquisición de un sentido. La excepción, forzada por circunstancias terribles, son las huidas y migraciones motivadas por la necesidad o las guerras. Pero ese es otro cuento.

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Sentidos (Apuntes, 28)

Si la Historia tiene algún sentido, es el de una imaginaria comunidad humana universal comprometida, sin éxito, en la consecución de la paz perpetua (releer a Kant, releer…). Por ser una empresa tan difícil e infructuosa, la juventud es siempre la protagonista en cada momento histórico, porque los jóvenes son los únicos que pueden (re)construir el mundo, que siempre ha sido devastado por las guerras y rapiñas de los ancianos y ha sido levantado siempre por la siguiente generación…

Disculpen las molestias, hemos sufrido algunas incidencias…

Entre las palabras que detesto, y que procuro no usar nunca, ocupa un lugar de honor «incidencias». Se ha extendido como la mala hierba y ha conseguido servir de comodín para igualar realidades muy distintas: así llaman las compañías eléctricas a un corte de luz y las compañías de teléfono a un corte en una conversación. Se habla de incidencias cuando un grupo de descerebrados aporrea sádicamente a otro grupo del equipo contrario. Se producen incidencias cuando una manifestación corta calles o carreteras, del mismo modo que llamamos así al envenenamiento de los clientes de un restaurante a causa de unos alimentos en mal estado. Incidencias son, en fin, los gritos de los alumnos en las aulas y pasillos de un colegio, los insultos cruzados entre dos diputados o el mal tropezón de un anciano en la calle que da con él en el suelo… ¿Hay derecho? Soy tolerante y casi todo lo perdono; todo menos una cosa: la perversión del gusto público y el destructivo empobrecimiento y uniformación del habla de la gente…

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Sonidos, ruidos, silencio

En las pequeñas ciudades andaluzas hay tres sonidos que, a distintas horas del día, se expanden por el aire e impregnan los sentidos: las campanas y los pájaros por las mañanas y al atardecer, y los niños a la salida de los colegios, con el mismo alboroto que los pájaros… Los tres se acompasan al ritmo de la vida, lo contrario de los ruidos de la construcción o el escape estridente de los motores, que remiten a la angustia de las pesadillas… Son las tres cosas que más echo de menos cuando voy a la capital o al campo.

Una amiga de la red social Mastodon me comentaba, a propósito de esto, que a ella la angustia se la provocaba el zumbido de fondo por las noches en las grandes ciudades industrializadas. Otro apuntó que ese zumbido mecánico le recordaba el trabajo en las minas de los morlocks, en la ficción de El señor de los anillos… Yo apostillé que a mí me provocaba insomnio.

En un cuentecito de Kafka que leí hace muchos años (y que no he vuelto a encontrar, por más que lo he buscado las veces en que me acordé de él), le sucedía al protagonista que sufría de un insomnio irrevocable, que sólo cedía al sueño reparador cuando viajaba en tren. Racionalizaba esta extraña cura como consecuencia de un equilibrio entre dos «ruidos»: el suyo interno, que producía el insomnio, y el sonido rítmico del traqueteo del tren, que lo compensaba. De alguna forma, los dos ruidos se neutralizaban en una nueva dimensión del silencio…

El caso más espectacular de la relación entre sueño (entendido a partir de ahora como paz o silencio superiores), sonidos y ruidos es el de un conocido, que me confesaba que, tras trabajar durante años en una atracción de feria, con toda la parafernalia de música a gran volumen y el acompañamiento habitual de todo tipo de estruendosas máquinas, no podía dormir si no era oyendo música a toda pastilla en sus auriculares.

Casos extraños que espero que sirvan al lector amigo a pensar sobre la importancia que tienen en nuestras vidas sonidos, ruidos, música y silencio. Una importancia que nunca se ha visto reflejada, que yo sepa, en ninguno de los innumerables proyectos, más o menos utópicos, de redención humana a través del cambio social…

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"El corazón", de Andrés Neuman (poesía en la curva de Koch)

Ya he publicado aquí, al menos, otro poema de los que intentan hermanar poesía y ciencia: poesía mestiza o híbrida que me parece enormemente fértil e interesante. «El corazón» es un poema que nos remite a las Matemáticas, en concreto, a la curva de Koch («copo de nieve»: las curvas que forman un triángulo equilatero… ¡de perímetro infinito!). Lo he encontrado en Cinco poemas sobre ciencia, de Andrés Neuman | Diario Judío México junto a cuatro más, que iré publicando en el canal en ocasiones venideras, por mor de no hacer las entradas demasiado largas, según mi costumbre…

(EL CORAZÓN)

Existe en matemáticas
una curva distinta a la que algunos,
los que nunca han dudado,
llaman curva de Koch.

Los perplejos en cambio han preferido
denominarla así: Copo de Nieve.

Se comporta esta curva fascinante
multiplicando siempre su tamaño
por cuatro tercios y hacia el interior,
llegando, de tan densa, al infinito
sin rebasar su área diminuta.

Artesana,
también así te creces muy adentro:
habitándome lenta,
quedándote con todo, sin forzarlo,
este pequeño corazón hermético.

Nota de Leo Lobos sobre este poema:

La variación más conocida de la curva de Koch es el “copo de nieve”, que no es más que tres curvas que inicialmente forman un triángulo equilátero. Su perímetro es, por supuesto, infinito, pero que su área tiende a 8/5 del valor del área inicial.

Sobre Andrés Neuman

Andrés Neuman nace en Buenos Aires, Argentina el año 1977, en la actualidad esta radicado en España. En 1991 se trasladó a Granada, donde obtuvo la licenciatura en Filología Hispánica. Ha impartido clases de literatura hispanoamericana y colaborado como columnista y guionista de tiras cómicas en el diario Ideal de Granada. Desde que en 1995 se da a conocer en el Certamen Nacional de relatos de Alfaguara, ha cosechado una importante cantidad de reconocimientos y premios literarios, tanto en el género de la poesía como en el de la narrativa y el cuento. Algunos de los más importantes son el XVII Premio Hiperión de poesía, por su libro El tobogán, o el Premio Primavera de novela, del que fue finalista en 2002 con su novela La vida en las ventanas. Su poesía ha sido incluida en varias antologías de poesía joven española como La generación del 99 de José Luis García Martín; La lógica de Orfeo de Luis Antonio de Villena; Yo es otro. Autorretratos de la nueva poesía de Josep María Rodríguez; o Veinticinco poetas españoles jóvenes de la editorial Hiperión. Además de su dedicación como escritor, hay que destacar su trabajo relacionado con el relato breve como coordinador del proyecto Pequeñas resistencias, una tetralogía sobre el cuento actual escrito en castellano, donde se encarga de la parte argentina.

#poesía #literatura #Andrés_Neuman

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Fronteras y otros apuntes (#27)

Las fronteras, los límites, las lindes, hay que imaginarlas como surgiendo de un mundo en el que aún no hacían falta muros ni ejércitos para vigilarlas, defenderlas o romperlas con un coste de vidas humanas. No, sino que hay que imaginarlas como símbolos orientativos: un árbol solitario, un río, unas piedras. En ese sentido es una delicia leer los registros y testamentos antiguos, describiendo morosamente con palabras la topografía que separaba un territorio de otro. Cuando el tiempo, el clima o el olvido volvía las fronteras imprecisas, se establecian nuevos consensos para mantener su utilidad para nuevas generaciones. Naturalmente, las cosas cambiaron con el despliegue y repliegue, a sangre y fuego, de imperios y estados. Como dice Bertho Lavenir:

No hay frontera sin cancillería y sin una oficina de registros oficiales; y no hay mapas sin una labor topográfica encargada por quienes detentan el poder. En la era de la Democracia, cuando se hace necesario tener en cuenta la opinión pública, los mapas y atlas ayudan a que la ciudadanía aprenda -si es preciso bajo la vara del profesor- los perímetros del estado que algún día puede que sean convocados a defender.

Pienso para mí que un proceso parecido, y paralelo, fue creando las cancillerías y aduanas que vigilan la institución del «yo» y sus territorios, sus defensas o agresiones y violaciones… Pero de esas otras fronteras hablaré otro día.

Estado y teología

Muchos, tal vez la mayoría, lo intuyen; algunos lo saben pero no lo dicen; solo unos pocos lo saben y lo dicen. Me refiero a la mentira constitutiva de los estados. Emmanuel Rodríguez es de esos pocos:

La palabra Estado tiene algo de teológico. Soberanía es una palabra teológica. La idea de una totalidad que incluye y representa a todos los ciudadanos (que vela por ellos al tiempo que los somete) es teológica. En todo caso, diría que la idea de soberanía, de un Estado que puede y tiene capacidad de gobierno efectivo, esto es, de dirigir y organizar una sociedad, es hoy todavía más ficcional que hace cincuenta años. Se dirá que la soberanía siempre ha sido una ficción y que realmente el campo político se corresponde, desde el origen del Estado moderno (en los siglos XV o XVI), con un sistema mundo en el que unos Estados subordinan a otros, y por lo tanto son más soberanos que el resto. Lo que respondería a estas críticas es que en los tiempos de la globalización financiera, y de la circulación monetaria a tiempo real, ni siquiera los Estados más poderosos pueden escapar a esta forma de mando sobre la que apenas tienen control. Esto implica el fin del programa de las viejas izquierdas que remiten siempre a un Estado nacional, con programas nacionales de crecimiento, mercados laborales regulados y sistemas nacionales de provisión social.

Si quieres leer la entrevista entera que le hace Guillem Martínez, está aquí

La vida ahí fuera

La idealización de la «vida salvaje» nos lleva a muchos equívocos . El pacto brutal de los perros y los hombres, ha hecho que estos lejanos descendientes del lobo haya trsnsgredido leyes naturales como atacar y matar a miembros de su especie a cambio de comida y protección. Basta, para entender la segunda naturaleza adquirida junto a nosotros, ver la placidez con que duerme un animal doméstico en su casa humana, sin ese miedo y alerta continuos a que los somete el hambre y el acecho de los depredadores. La vida ahí fuera puede ser un auténtico infierno.

La extraña pareja

Esta mañana me encontré con un antiguo -muy antiguo- alumno que, al preguntarle yo por su vida actual, me contó que vivía con su abuela. Pero no por las razones que se me ocurrieron al pronto, las que se os estarán ocurriendo a vosotros ahora mismo: una familia desestructurada, violencia doméstica, dependencia… No, era por una razón más sencilla y entrañable: la quiere mucho y no soportaba verla vivir sola cuando enviudó a los setenta y pocos años. Así que acondicionó su casa, hizo las maletas y se mudó. Hoy la abuela tiene más de 80 años y siguen viviendo juntos y felices. La sensación que me transmitió era la de ser el hombre más feliz y enamorado del mundo…

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Íngrimos

[A vueltas con el español radiactivo. A propósito de los que quedan solos en Hombres de maíz, de Miguel Ángel Asturias]

En este libro de Miguel Ángel Asturias -que es la fundación mítica de un mundo, que es verbal, épico y feérico al mismo tiempo- los íngrimos son los hombres que quedan solos tras el abandono de sus mujeres, las tecunas. «Tecunas» es la antonomasia por María Tecún, la primera -fundadora, diríamos- en abandonar de la noche a la mañana a su marido ciego. Se especula en adelante, a propósito de las sucesoras, si es que están afectadas por el roce de unas arañas, enloquecidas a su vez por el polvo de unas semillas, hechizado por los brujos. Nunca son encontradas y sus íngrimos, incapaces ya de vivir solos, las buscan sin cesar, víctimas, más que de una obsesión, de una locura. que solo acaba con la muerte. El lugar simbólico de esa muerte inevitable es un barranco en el monte Tecún, envuelto en nieblas y aire insano, donde la Primera se apareció al ciego, con la vista recobrada para quedar otra vez, definitivamente, ciego, bajo el aspecto de una mujer de piedra…

También las casas dejadas por las tecunas sufren las consecuencias del abandono. Así lo describe Asturias, al detenerse en la casa de la Segunda, la mujer del cartero:

El rancho no parecía deshabitado. El viento jugaba con la puerta sin atrancar. La abría, la cerraba. Las casas de las «tecunas», que son las mujeres que se fugan del hogar, quedan llenas de misteriosos ruidos. Ruidos y presencias. Los malos ojos de la duda, en el chingaste ingrato del café, con las pupilas aguosas de llanto negro. El cofre de la ropa buena, la ropa interior olorosa a calor de plancha, sacude sus aldabas como orejas metálicas sobre la madera hueca, al soplo del viento que entra desde el patio, donde el lazo de tender trapos ahorca el cielo. En un apaxte de agua sucia, amarillenta, un ratón náufrago. Y las hormigas negras, guerreras, rodeando los comestibles. Rosarios del mal ladrón entran y salen, afanosamente, a los graneros, a la cocina, fuera de las taltuzas mazorqueras, instaladas de una pieza en la casa de las «tecunas», y los pajarracos que graznan de alegría, y los fantasmas de perros que olfatean, invisibles -solo sus pisadas se oyen-, el tufo a meado de la eternidad en la vejez de las cosas, abandonadas, polvo y telaraña ….

En el mundo mítico de los indíos, protagonistas de la mayor parte de la novela, los hombres tienen un alma, más un doble que un alma, en el reino animal, los nahuales. Así, Nicho Aquino, el cartero preterido por la segunda tecuna, es fama que es también un coyote: esa es la razón natural de que transporte con tanta rapidez la saca del correo desde la capital hasta el pueblo, perdido en las montañas, de San Miguel de Acatán, y al revés.

Español radiactivo es la expresión que uso, tomada de Lázaro Carreter quien la utilizó para calificar le prosa de Fray Luis de León, como ya he referido por aquí en otras ocasiones. Pues ¿cómo, si no, llamarlo, sino así, con la melancolía -que es el sentimiento de la pérdida, como la que sienten los íngrimos- que provoca esta lengua desmayada de ahora, sin  la potencia explosiva que tuvo para crear, nombrándolo, un mundo que, hasta ese momento, estaba virgen y sin nombres, reinstaurando el privilegio de Adán en el origen del tiempo? Son pocos los que gozaron de este don, desde luego. Por fortuna para los contemporáneos, los libros han guardado las huellas, aunque ya sordas y desvaídas, de esas palabras primordiales  …

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Paradójico silencio en torno al descubrimiento de una carta de Rimbaud

Comparto, con esa «inmensa minoría» a la que me dirijo siempre, la versión en español de  un interesante (ponga el lector amigo el adjetivo «interesante» entre comillas) artículo publicado en Mediapart, el 6 enero de 2019 , concretamente, en el blog  Les invités de Mediapart , con el título Paradoxal silence autour de la découverte d’une lettre de Rimbaud. El autor del artículo es suficientemente claro en todo lo que respecta al descubrimiento de la carta, su tratamiento informativo en los medios franceses y el interés intrínseco de su contenido, que nos revela a un Rimbaud muy distinto al del tópico recibido, que lo encasilla perezosamente como «poeta maldito» . Mi papel, por tanto, queda reducido al de simple intermediario.

Paradójico silencio en torno al descubrimiento de una carta de Rimbaud

Doctor en ciencias políticas y apasionado por los estudios rimbaudianos, Frédéric Thomas encontró una carta del poeta, de 1874, sorprendentemente inédita, que lo muestra en relación con la red de comuneros en el exilio.  Se preguntaba por el silencio de la prensa en torno a este reciente descubrimiento.

Pocos periódicos han informado del descubrimiento excepcional de una carta desconocida de Arthur Rimbaud.  ¿Cómo se explica esta situación paradójica?

El 9 de octubre, Sotheby’s vendió la última carta de Arthur Rimbaud a su hermana por 405.000 euros.  Es imposible ignorarlo; ha estado en las noticias.  Muchos eran, de hecho, artículos, despachos y otros comunicados.  Era una oportunidad para recordar el trágico destino del poeta, para dispersar algunas anécdotas y citas, y para ceder a la magia complaciente del premio.  Y para tranquilizarse a un precio razonable sobre el supuesto destino del arte; para mantener la poesía a raya.

Al día siguiente, la revista rimbaudiana Parade sauvage publicó una carta desconocida de Arthur Rimbaud.  Sin embargo, esta «primicia» fue ignorada por la mayoría de los periódicos, a pesar de que estaban informados (con la excepción de Mediapart, que la mencionó en un artículo fechado el 24 de octubre de 2018).

La carta, que expone el sorprendente proyecto de Rimbaud de escribir «L’Histoire splendide», estaba en los archivos de Jules Andrieu.  Uno de sus descendientes, bisnieto del comunero, le dedicó una biografía: Era Jules.  Jules Louis Andrieu (1838-1884).  Un hombre de su tiempo, que la puso en línea.  Reproduce, en la página 109, una copia de esta carta.  Ahí fue donde la encontré.

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Carta inédita de Arthur Rimbaud, 16 abril de 1874 ©DR

He contactado con el descendiente (que desea permanecer en el anonimato).  Después de haber solicitado la experiencia y el asesoramiento de uno de los mejores expertos de Rimbaud, Steve Murphy, y de haberme beneficiado de la revisión y los comentarios de otros dos eminentes investigadores, Denis Saint-Amand y Robert St.Clair, he hecho pública esta carta, proponiendo un análisis detallado que intenta arrojar luz sobre su contexto, desafíos e implicaciones.

La edición del 4 de enero de 2019 del Frankfurter Allgemeine Zeitung dedicó una página entera al descubrimiento de esta carta.  ¿Cómo explicar tal diferencia de tratamiento de la información, de un país a otro -y mientras que Rimbaud sigue siendo, junto con Hugo y Baudelaire, uno de los poetas más famosos de Francia- entre una carta vendida y una carta descubierta?

¿Es el miedo a las «fake news»?  Ciertamente, es importante ser cauteloso.  Sin embargo, todo indica que la carta en cuestión es auténtica.  Además, hasta la fecha, todos los investigadores están de acuerdo en su autenticidad.  Sobre todo, esta precaución requiere más investigación, en lugar de ignorarla o silenciarla.  Sin embargo, parece que el miedo a las «noticias falsas» sirve como una excusa conveniente para la pasividad.  Tampoco debe ser visto como una conspiración de ningún tipo, ni como una disfunción, sino como una revelación de una situación.

Falta de tiempo y recursos -¿y curiosidad?-. Los periodistas tienen pocas oportunidades de verificar y cotejar la información.  Y menos aún para realizar trabajos de investigación.  Necesitan hechos en bruto, cuantificables, fácilmente asimilables y directamente explotables.  Incluso si eso significa perderse un descubrimiento, darle la espalda a la sorpresa.

De hecho, esta carta desconocida de Rimbaud avergüenza.  Su descubrimiento desestabiliza.  Porque esta carta no era conocida, por supuesto.  Pero también por su contenido -que nos invita a relanzar la investigación en torno al poeta- y su destinatario; socavando la imagen del genio solitario, del «poeta maldito», consagra la inscripción del autor de las Iluminaciones en una microrred política y cultural de los comuneros en el exilio.  Quiero decir, no tiene precio.  Definitivamente no hemos terminado; ni con Rimbaud ni con la poesía.  «A los vendedores no les falta dinero!  «(Soldes, Iluminations).

Tal vez tengamos que ponernos de su lado; Rimbaud sigue molestándonos.  La llamada que había hecho a la poesía para «cambiar la vida» resonaba a través de nosotros.  Tanto en la saturación de los medios como en nuestros silencios.  Es obvio que el descubrimiento de una de sus cartas es infinitamente más valioso para nosotros que su venta.

> Frédéric Thomas es doctor en ciencias políticas, investigador en Cetri, miembro del consejo editorial de Dissidences, autor de Rimbaud révolutionaire, Paris, L’échappée, 2019.

> He aquí el texto de la carta inédita de Arthur Rimbaud exhumada con la biografía del comunero Jules Louis Andrieu:

Arthur Rimbaud a Jules Andrieu – Londres, 16 de abril de 1874 – Carta autógrafa de los archivos de la familia de Londres, 16 de abril de 74

Señor,

– Con disculpas por la forma de lo siguiente.

Me gustaría emprender un trabajo por entregsa, con el título:  L’Histoire splendide.(Espléndida historia).  Me reservo: el formato, la traducción, (primero al inglés) el estilo debe ser negativo y la extrañeza de los detalles y la (magnífica) perversión del conjunto no debe afectar a ninguna otra fraseología que no sea la posible para la traducción inmediata – Como resultado de este resumen: entiendo que el editor sólo puede encontrarse en la presentación de dos o tres piezas muy elegidas.  ¿Necesitamos preparativos en el mundo bibliográfico, o en el mundo, para esta empresa, no lo sé?  – Finalmente, puede ser una especulación sobre la ignorancia en la que estamos ahora en la historia, (el único bazar moral que no explotamos ahora) – y aquí principalmente (me dijeron (?)) no saben nada de historia – y esta forma de especulación me parece suficiente en sus gustos literarios – Para concluir: sé cómo hacerme pasar por una persona de doble vista para la multitud, que nunca se molesta en ver, que puede que no necesite ver.

En pocas palabras (!) una serie indefinida de piezas de valentía histórica, comenzando con anales o fábulas o recuerdos muy antiguos.  El verdadero principio de esta noble obra es una reivindicación llamativa; la continuación pedagógica de estas piezas también puede ser creada por reivindicaciones al inicio de la entrega, o desprendidas – Como descripción, recordemos los procesos de Salammbô, como conexiones y exploraciones místicas, Quinet y Michelet: mejor.  Luego una arqueología ultra romántica siguiendo el drama de la historia; misticismo chic, rodando todo lo polémico; desde el poema en prosa hasta la moda local; desde la escritura de cuentos cortos hasta los puntos oscuros.

– Les advierto que no tengo más panoramas o curiosidades históricas en mente que un bachiller de hace unos años – quiero hacer un trato aquí.

Señor, sé lo que usted sabe y cómo lo sabe: pero estoy abriendo un cuestionario para usted, (esto parece una ecuación imposible), qué trabajo, de quién, puede ser tomado como el más antiguo (último) de los comienzos?

En una fecha determinada (debe ser en el futuro) ¿qué cronología universal?

– Creo que sólo debo prever la parte antigua; la Edad Media y los tiempos modernos reservados; aparte de eso, no me atrevo a prever – ¿Ves lo que los más antiguos anales científicos o fabulosos que puedo comparar?  Entonces, ¿qué obra arqueológica o crónica general o parcial?  Termino preguntando qué fecha de paz me da usted sobre el conjunto greco-romano africano.  Veamos: habrá: ilustrado en prosa a la Doré, la decoración de las religiones, los rasgos de la ley, la vergüenza de las fatalidades populares exhibidas con trajes y paisajes, – todo tomado y desenrollado en fechas más o menos atroces: batallas, migraciones, escenas revolucionarias: a menudo un poco exóticas ; sin forma hasta ahora en los tribunales o en la fantasía.  Además, una vez que el asunto esté resuelto, seré libre de ir místicamente, o vulgarmente, o hábilmente.  Pero un plan es esencial.

Aunque es completamente industrial y las horas dedicadas a la producción de esta obra me parecen despreciables, la composición no sólo me parece muy difícil.  Así que no escribo mis peticiones de información, una respuesta te molestaría más; te pido media hora de conversación, la hora y el lugar por favor, seguro de que has entendido el plan y que lo explicaremos rápidamente – para una forma increíble y en inglés.

¡Contesta, por favor!

Mis respetuosos saludos

Rimbaud – 30 Argyle square, Euston R. WC

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