Las cosas y las palabras perdidas / 2

Como ya habrá descubierto el perspicaz lector, una de las cosas perdidas en la particular distopía de Rowling es la poesía, olvidada, en el cuento, por la autora de un chisgarabís de versos inacabados y personificada en una valiente exploradora y guía de cosas que vagan por aquellos páramos en busca de su oriente: el camino de vuelta a casa.

La poesía, en realidad, se nos perdió hace mucho tiempo, tanto, tanto como desde después de Adán: desde entonces solo nos queda la poesía del paraíso perdido, del "se canta lo que se pierde". Una vez devuelto el don de nombrar que poseyó el primer hombre, ¿qué quedó si no el eterno llanto de la ausencia, el lamento por la primera herida, la primera quiebra, el primer error? Ningún poeta, desde Ovidio, ha sido capaz de decir a viva voz que hay un dios en nosotros.

Perdimos al dios, o al espíritu que habla, divinas palabras. Perdimos el alma, la vendimos…

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Cielo sin estrellas

Interesantísimo artículo de Marco d’Eramo, publicado originalmente en Sidecar y en español por el digital El Salto

Por Marco d’Eramo

Cielo sin estrellas

Imagen/foto

Si los tres Reyes Magos viajaran este año con sus camellos hacia el portal de Belén, es casi seguro que se habrían perdido, porque a lo largo de grandes trechos de su ruta no podrían haber confiado en su estrella guía por la sencilla razón de que esta no habría sido visible. El niño Jesús habría tenido que renunciar a su oro, su incienso y su mirra.

Una paradoja caracteriza nuestra sociedad, que sabe sobre el universo infinitamente más que cualquiera de las precedentes en la historia de nuestra especie, dado que sabemos por qué brillan las estrellas, cómo nacen, envejecen y mueren, dado que podemos percibir el movimiento arremolinado de galaxias invisibles a simple vista y escuchar (por así decir) los sonidos del origen del universo emitidos hacen aproximadamente quince mil millones de años, mientras que, al mismo tiempo y por primera vez en la historia de la humanidad, son pocos los adultos que pueden reconocer, sin embargo, siquiera la más brillante de las estrellas, mientras que la mayoría de los niños nunca han presenciado una noche estrellada. Digo la mayoría, porque la mayor parte de la población mundial actual, que ya supera los 4.000 millones, ya vive en zonas urbanas, donde la luz artificial es tan intensa y se halla tan difundida que oculta la visión de las estrellas.

Enlace a la versión original en Sidecar, el blog colectivo de NLR

«Starless Sky»

by MARCO D’ERAMO

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El ojo de Dios o del Señor

No sé si ha sido casualidad o porque inconscientemente lo he buscado, pero siempre he vivido en ciudades en las que un castillo o una iglesia presiden la población o son visibles en un cerro cercano. Aunque lo más probable es que haya una razón estadística: son muchas. Bien conservadas o en ruinas, estas edificaciones, antiguos símbolos de poder, civil o religioso, en torno a los cuales se amontonaron las casas medievales, siguen ahí, protectores o amenazantes, como infaustos recordatorios del ojo vigilante de Dios o del Señor…

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Samuel Beckett: Quadrat I y II

Beckett más allá de «Esperando a Godot»…

Samuel Beckett: Quad I+II (play for TV)
porText und BühneenYouTube

Escrita en 1980 bajo el título «Square», esta primera de las piezas televisivas minimalistas y experimentales que Beckett realizó para la Süddeutscher Rundfunk en la década de 1980 opera con el juego en serie de un patrón de movimiento de cuatro actores, que también permite cuatro solos, seis dúos y cuatro tríos. Reconocibles e irreconocibles al mismo tiempo gracias a capuchas de colores, interpretan un implacable drama de circuito cerrado: una vez que han entrado en la plaza, están condenados a recorrer monótona y sincrónicamente los seis escalones de cada una de las líneas longitudinales y diagonales de la plaza, acompañados en parte por diversos ritmos de tambor. La precisión matemática y la coreografía son posibles gracias a una sincronización exacta. La variación de la coreografía se limita al número de actores y a las constelaciones de colores cambiantes resultantes. El centro del cuadrado, marcado con un punto, siempre se circunvala por la izquierda. Los pies dejan vagas huellas en las diagonales del cuadrado blanco en el transcurso de la producción. En el contexto de sus últimas piezas televisivas, «Quadrat» (versión I) es la más dramática, a pesar de toda su reducción. Beckett también rodó una variante en blanco y negro (Versión II) con cuatro figuras idénticas vestidas de blanco al compás de un metrónomo.

Rudolf Frieling

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Escaparates

La lectura de uno de los pecios de Campo de retamas, de Rafael Sánchez Ferlosio, me ha hecho recordar mi relación infantil con los escaparates. Ferlosio se recuerda mirando el de una ferretería, con la frente apoyada en el cristal, embelesado pensando cuántas de las herramientas y materiales que veía allí se compraría.

Yo me recuerdo así en el escaparate de una cuchillería que tenía el escabroso nombre de «Sindicato del crimen». Me veo mirando con fijación morbosa las enormes navajas albaceteñas, los finos estiletes de despliegue automático o los inquietantes cuchillos jamoneros. Aunque la persistencia fija de ese escaparate y ese nombre me obligó a preguntar a algunos coetáneos por tal tienda y nadie la recordaba. Así que su fijeza onírica y la falta de otros testimonios me ha hecho pensar en una imagen desprendida de un sueño, pues ¿qué es la vida, al decir de Anne Carson, sino una cadena de sueños?

Los otros escaparates anclados en mi memoria son más comunes y previsibles: los de las jugueterías en Navidad. El niño que miraba obsesivamente pegado al frío cristal era un niño pobre cuya casa visitaban, en las madrugadas heladas de enero, Reyes Magos también pobres. De la fascinación de esos escaparates, al contrario del que describía al principio, me libré pronto, con cierto alivio, todo hay que decirlo…

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A propósito de estas fechas

Las navidades son unas fiestas llenas de fechas, pero a excepción de la Nochebuena, son fechas que no conmemoran ningún acontecimiento. Hay una en España que es un fetiche que celebra el azar del número y la hipotética riqueza sobrevenida: el día del Sorteo por antonomasia, el 22 de diciembre. Aún más opaca, pues no conmemora ni anuncia hecho alguno, es el paso de un año a otro. No celebra nada salvo el simple y triste paso del tiempo. De la exaltación del consumo, de la que se encargan en mi país los remotos Reyes Magos y en otras latitudes un abuelito bondadoso amante de las chimeneas o los renos, mejor no hablar. Pero la Nochebuena sí recuerda a una humanidad desesperada que canta y ruega piedad a un niño pobre como única fuente de redención. Así que, otra cosa no os deseo -si acaso que no os toque la lotería -, pero feliz Nochebuena sí, porque mientras nazcan niños no todo está perdido, y eso solo se merece un fiestón…

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¿Amar a la humanidad o amar a las personas?

¿Amar a la humanidad o amar a las personas? Lo primero es lo que me alejó siempre de las militancias: políticas, ecologistas, religiosas o filosóficas. Todas predican o exigen lo mismo: compromiso, amor, lucha por la humanidad en general, por el mundo en abstracto. Es lo que eligen normalmente los hombres, cuando deciden olvidarse de sí mismos.  Lo segundo lo tienen más claro las mujeres, que aman las personas de una en una, más allá del concepto tan de moda de "cuidados". Es también su manera de entender la relación de pareja y familia, lo más lejos que pueden de los estereotipos. Cuando las dejamos… Ahora que releo las novelas de Montserrat Roig, encuentro todo esto ahí, en su La hora violeta, en su Tiempo de cerezas, en los años 60 ya. Los hombres, militantes del PCE, que han sufrido cárcel y torturas, aman a la humanidad. Ellas los aman a ellos de uno en uno: un amor imposible, un entendimiento aplazado a un futuro que nunca llega, ni en el cielo ni en la tierra…

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A quien pueda interesar

Disponible en Amazon kindle el segundo volumen de mis artículos publicados en La Opinión de Málaga entre 2003 y 2010, rescatados del cajón y la hemeroteca… Os recuerdo que estos ebooks se pueden comprar en papel, bajo demanda. Como en el anterior, no hay fechas de publicación ni aclaraciones textuales, en el convencimiento, ciertamente fatuo, de que aguantan bien el paso del tiempo y el olvido, sin volverse borrosos…

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Un drama ridículo

Una obra teatral (¿y qué es, si no, la actualidad política?) se viene abajo cuando los actores intentan paliar el desajuste entre un texto dramático ampuloso y vacío con una representación impostada, cargada de sobreactuación de aires trágicos inverosímiles o de jeremiadas increíbles. Es el equivalente del falsete que se carga la ejecución musical del desprevenido cantante o del gallo que traiciona la nueva voz grave del adolescente. Algo de todo eso está ocurriendo entre nosotros

A cuenta de la reforma (moderada, temerosa, corta) del delito de sedición, vuelve a aparecer en boca de la extrema derecha la rancia y bélica idea de la traición, que siempre ha estado presente en las agrias diatribas nacionalistas (las «provincias traidoras», acusación que recordaba Anasagasti, el veterano nacionalista vasco, en una de aquellos ásperos enfrentamientos parlamentarios que sostuvo con Aznar) o en las cargas periodísticas de los Medios y políticos conservadores contra Sánchez: «España camina hacia el precipicio» (antes contra Zapatero al que acusaron, también, de traición en muchas ocasiones) .

Por el deajuste entre ese lenguaje épico o trágico (afirmaciones performativas, de naturaleza grandilocuente y mágica como «España es un gran país y saldrá de esta crisis» o, desde la perspectiva complementaria del nacionalismo catalán, «hemos puesto a España contra las cuerdas»…) es por lo que la representación se está viniendo abajo con tanto estrépito. No hay correspondencia entre la retórica huera de los actores, un texto dramático pobre y desviado y la realidad del público: desafinan los falsetes las intervenciones hinchadas de los tenores, nadie se cree ya las jeremiadas tópicas o los monólogos insufribles de los actores; suenan los gallos adolescentes en las admoniciones severas de la primera actriz y el drama se convierte desde el primer acto en una tragedia retórica y ridícula.

Como recordaba Walter Benjamin en sus indagaciones sobre el drama barroco alemán, el verdadero héroe de la tragedia griega antigua guardaba silencio: era su manera de aceptar el sacrificio frente a los dioses, a la vez que una protesta altiva sobre a la fiera exigencia del destino. Del mismo modo, el verdadero héroe de esta representación hay que buscarlo en el silencio digno y despechado con que tanta gente está sufriendo tamaño agravio, semejante desposesión. Silencio que adquiere más valor cuando lo contrastamos con la verborrea vacía con que los malos actores de esta tragedia ridícula llenan el ámbito de la escena, y en la que a los héroes verdaderos de las clases trabajadoras deposeíadas,  les está tocando expiar una culpa que no es la suya, apretando los dientes, sin decir palabra, haciendo mutis por el foro lentamente, mientras imaginan un texto nuevo en otra obra, en otro lugar o tiempo tal vez,  en la que, al fin libres de la máscara trágica, recuperen la voz para poder hablar y le sea devuelta la fuerza de sus manos para construir un nuevo decorado, de nuevo el mundo.

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