Dice Diego Fusaro a propósito de este cuadro:
Los dos protagonistas no se besan, ni se abrazan o se miman: lo que prevalece no es la arrolladora pasión amorosa. Hablan entre ellos, retratados mientras dialogan. Están enamorados, no son meros interlocutores como revela, no solo el título, sino también la mirada dulce y profunda con la que cada uno contempla extasiado al otro como si estuviera embelesado.
No sabemos lo que los dos amantes se dicen realmente ni cuál es el contenido o incluso el tema de la conversación. Solo sabemos que su relación amorosa se basa en el diálogo, en las palabras, en la relación, que es también verbal hasta tal punto que el artista quiso eternizarlos en el acto concreto del discurso.
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