Así surges del agua…

Manantiales del agua
ya perenne, profunda vida
abierta en tus ojos.

Convive en ti la tierra
Poblada, su verdad
numerosa y sencilla.

Abre su plenitud
callada, su misterio,
la fábula del mundo.

Hallan su vocación
del Huerto, su quehacer,
manos contemplativas.

Estalla un mediodía
nocturno, arde en gracia
la noche, calla el cielo.

Tenue viento de pájaros
de recóndito fuego
habla en bocas y manos.

Viñas, las del silencio.
Viñas, las de las palabras
cargadas de silencio.

Gabriel Zaid: «Nocturno»

Visitas: 65

Risa y ética

En un capítulo de su Ensayo general sobre lo cómico, Alfonso Sastre estudia casos en que algunos efectos cómicos entran en conflicto con la ética. El ejemplo más común es la risa que nos provoca una caída o una deformidad (un cojo, un jorobado) o un problema funcional (un tartamudo),  pero hay otros más difíciles de explicar, porque tienen que ver con la clase social o el sexo. Sosias, de El Anfitrión de Plauto es risible pero porque es esclavo. Del mismo modo que Sancho Panza o los graciosos de la comedia barroca (no tienen ni apellido, no son “hijos de algo”). El caso más extremo que aporta Sastre es el de una desdichada dependienta de una comedia de Alfonso Paso que recibe tortazos de sus patronos a diario. Así que, cuidado con lo que te induce a reír…

Visitas: 46

«El reino de las sombras», de Máximo Gorki

En julio de 1896, el escritor ruso Máximo Gorki (1868-1936) descubre la invención de los hermanos Lumière en la feria de Nijni-Novgorod y consagra dos artículos al Cinematógrafo, muy próximos uno de otro. El primero, firmado por I.M.Pacatus, parece ser el relato de un descenso al “reino de las sombras”.

Ayer estuve en el reino de las sombras. Si supierais hasta que punto es aterrador…Allí no existe ni el sonido ni el color: todo, la tierra, los árboles, los hombres, el agua y el aire, todo tiene allí un color gris uniforme. En el cielo gris, rayos de sol grises; en los rostros grises, ojos grises. Y hasta las hojas de los árboles son grises como la ceniza: no es la vida, sino una sombra de vida. No es el movimiento, sino una sombra de movimiento, desprovista de sonido.

Me explicaré, so pena de que se me tache de simbolista o de loco. Estaba en  el recinto de Aumont y asistía a una sesión del Cinematógrafo Lumière (las fotografías animadas) La impresión que producen es tan poco común, tan original y compleja que me resulta difícil transmitir todos sus matices. Intentaré de cualquier modo expresar lo esencial.

Cuando la luz se apaga en la sala donde se presenta la invención de los Lumière, aparece en la pantalla un gran cuadro gris, una “Calle de París” que tiene la textura de un grabado de mala calidad. Contemplándolo, se observa gente inmóvil en actitudes diversas, coches, casas, todo gris, hasta el cielo es gris. No es de esperar nada original de una vista tan tópica, pues cuántas veces hemos visto imágenes de calles de Paris como ésta…

Pero de repente, un extraño temblor invade la pantalla y el cuadro cobra vida. Más tarde, la perspectiva, los coches que vienen directos hacia mí, hundiéndose en la oscuridad en la que nos hallamos sumidos, la gente que aparece a lo lejos y aumenta de tamaño a medida que se aproxima. En el primer plano, unos niños juegan con un perro, unos ciclistas pedalean a toda velocidad, los peatones cruzan la calle: todo se mueve, vive, bulle, se dirige hacia el primer plano del cuadro para desaparecer en alguna parte del más allá.

Y todo sucede sin ruido, en silencio: es tan extraño… No se escuchan ni las ruedas contra la calzada, ni el murmullo de los pasos, ni las conversaciones, nada, ni una sola nota de esta compleja sinfonía que siempre acompaña el movimiento de los hombres. Sin ruido, el follaje gris ceniza de los árboles se agita al viento y las siluetas grises de los hombres, como si fueran sombras, se deslizan en silencio sobre la superficie del suelo gris, alcanzadas por un maleficio y cruelmente condenadas al silencio, privadas de todos los matices, de todo el colorido de la vida.

Sus sonrisas están muertas, aunque sus movimientos estén llenos de una energía viva, de una inalcanzable velocidad; su risa es silenciosa aunque podamos ver cómo se contraen los músculos sobre los rostros grises. Una vida que bulle ante los ojos, a quien han despojado de palabra y a la que han quitado el ornamento del color: una vida gris, silenciosa, abatida, lamentable, como desposeída de todo.

Asusta verla, con su movimiento de sombras y sólo sombras. Hace pensar en los fantasmas, en los crueles y malditos hechiceros que sumergen en el sueño a ciudades enteras, tanto que creeríamos estar presenciando una broma pesada de Merlín: él es quien ha embrujado una calle entera de París, encogiendo los altos edificios desde la base hasta el tejado en la medida de una archina[1], ha reducido a los hombres, les ha privado de palabra, ha recogido todos los colores del cielo y de la tierra y los ha convertido en esa tinta gris uniforme, y bajo esa forma, ha colocado la broma en el nicho de una sala oscura de restaurante. Pero de repente, se oye un crujido. Todo desaparece y en la pantalla aparece un ferrocarril. Se lanza hacia usted como una flecha, ¡cuidado! Parece que va a precipitarse sobre la oscuridad y nos convertirá en un saco de piel despedazada, repleto de carne magullada y de huesos triturados, se diría que va a destruir , a reducir a polvo esta sala, este establecimiento lleno de vino, mujeres, música y vicio.

Pero también no es más que un tren de sombras.

Silenciosamente, la locomotora desaparece más allá del marco de la pantalla. El tren se detiene, siluetas grises descienden de los vagones sin hacer ruido, se saludan en silencio, ríen, corren, se agitan, se emocionan sin emitir un sonido… antes de desaparecer. Y he aquí un nuevo cuadro: tres hombres, sentados en torno a una mesa, juegan a las cartas. Los rostros tensos, los movimientos de manos que reparten las cartas son rápidos, la avidez de los jugadores se lee en sus dedos temblorosos, en los músculos de sus rostros. El juego… los tres se echan a reir, y el camarero que les ha servido una cerveza, se ha quedado de pie cerca de la mesa, también ríe. Parece que van a reventar de la risa pero no se escucha un sonido. Se diría que esos hombres están muertos y sus sombras han sido condenadas a jugar a las cartas en silencio hasta la eternidad.

(…)

Esta vida gris y silenciosa termina por trastornarnos y oprimirnos; se tiene la impresión de que contiene una advertencia cuyo significado se nos escapa, pero es lúgubre y la angustia oprime al corazón. Poco a poco uno olvida quien es, extrañas imágenes aparecen en la mente, la conciencia se nubla, se perturba…

Pero de repente se escucha alrededor una provocadora risa femenina, voces burlonas … y de repente uno recuerda que está en el lugar de Aumont, de Charles Aumont.

Pero, ¿por qué ha encontrado asilo precisamente aquí esta extraña invención de los Lumière? Una vez más, aporta la prueba de la energía y de la curiosidad del espíritu humano que eternamente busca saber todo, comprender todo. Y en el paso, ¿qué traerá el éxito de Aumont mientras el invento se encamina al descubrimiento de los misterios de la vida?

No percibo la importancia científica del invento de los Lumière, pero sin duda existe y podrá contribuir al fin último de la ciencia, mejorar la vida del hombre  y desarrollar su espíritu. No es el caso de Aumont, donde sólo se anima y se prodiga el vicio. ¿Por qué en ese lugar , entre las “víctimas del temperamento de la sociedad” y los juerguistas, que han venido a comprar besos? ¿Por qué se muestra aquí el último descubrimiento de la ciencia? Pronto se perfeccionará el invento de los Lumière, pero será siguiendo el carácter de Aumont, Toulon y compañía.

Hasta el momento, además de las vistas mencionadas, también se ha mostrado el “desayuno en familia”, una escena idílica de tres personajes: una pareja joven y su primer bebé desayunan juntos. Ellos están tan enamorados, tan encantadores, alegres, felices, y su bebé es tan divertido… El cuadro transmite una impresión muy hermosa. Pero ¿hay sitio para esta escena en el negocio de Aumont?

Y otra: mujeres trabajadoras, en una multitud alegre y sonriente, salen de una fábrica. Tampoco hay sitio para esta escena en Aumont ¿Por qué recordar aquí que una vida pura, laboriosa, es posible? Es inútil. En el mejor de los casos, este cuadro lo único que conseguirá es herir a la mujer que vende sus besos, eso es todo.

Estoy convencido que pronto esos cuadros serán reemplazados por otros cuyo género estará en consonancia con el tono general del café concierto. Por ejemplo, veremos “Madame se desnuda”, “Akoulina saliendo del baño”, “Madame se pone las medias”. Asimismo, se podrá fotografiar una bronca entre un marido y su mujer en Kanavino[2] y presentarlo al público con el título “Placeres de la vida conyugal”

Sí, eso es lo que pasará. Lo bucólico y lo idílico no tienen lugar en esta gran feria rusa que sólo sueña con la indecencia y la extravagancia. Aún podría proponer algunos temas para ayudar al Cinematógrafo, con el fin de distraer al público de la feria: por ejemplo, someter a uno de esos dandis a un empalamiento a la turca, y una vez fotografiado, hacer la presentación.

[1] Antigua medida rusa de longitud equivalente a 71 cm aproximadamente.

[2] Barrio de Nijni-Novgorod donde todos los años tenía lugar la feria.

“El reino de las sombras” – Máximo Gorki
pormBroullonenEl Quijote y las artes espectaculares

Visitas: 60

Danzad, danzad, malditos…

Estoy viendo todos los montajes de danza que encuentro por ahí de Antonio Ruz. Me fascina la creatividad y plasticidad de sus espectáculos…


OSTINATO Antonio Ruz. La Mov, Cía de Danza
porciaantonioruzenYouTube

No soy ningún entendido en el lenguaje metrado del cuerpo cuando baila, pero cada vez me gusta más: su capacidad para transmitir mensajes muy hondos, más allá de las palabras. Salvando las distancias técnicas y el resultado estético del duro entrenamiento de los danzantes, a mí me recuerda, cada vez más, los juegos corporales y las contorsiones de los niños.

Así descubren sus cuerpos, sus límites y posibilidades. Desde las peleas simbólicas de los niños a los abrazos interminables de las niñas, las danzas improvisadas de la infancia son un canto a la vida en movimiento que, después, tras años de vida sedentaria forzada, olvidamos para nuestra desdicha.

Visitas: 66

Lucrecio contra los fantasmas

Las enseñanzas de Epicuro y su escuela o, mejor dicho, lo que nos ha sido legado en su  versión más desarrollada y sentida, la del poeta latino Lucrecio, forman parte de una reducida literatura (en parte, filosófica o científica; en parte, moral o religiosa) cuya finalidad era combatir el sufrimiento y el miedo de los hombres. En cierto sentido, el epicureísmo occidental es equivalente al budismo oriental. Son doctrinas sin dios que solo (¡y nada menos!) intentaron poner coto al miedo humano y a todas sus indeseables consecuencias: sufrimiento, cielos e infiernos, o, más humildemente, como se explica en el docto artículo que reproduzco enseguida, duraderas supersticiones como la de los fantasmas.

Lucrecio, como se lee también en este ensayo, puso en práctica el tetrafármaco de Epicuro, cuyas “buenas nuevas” difundió entre los romanos, de manera ejemplar, en su De rerum natura:

La divinidad no es de temer, la muerte no es nada para nosotros, el bien es fácil de alcanzar y el mal es fácil de sobrellevar

Sirva esa buena nueva como prologuillo al texto a cuya lectura invito a los amigos del canal: un entretenido y pedagógico ensayo sobre Lucrecio y su alegato materialista contra los fantasmas, de Ángel Jacinto Traver Vera, publicado en la revista de la Universidad de Córdoba Littera Aperta (URL: http://www.uco.es/litteraaperta) bajo licencia CC-BY).

Visitas: 57

Conjuro

De un tiempo en que me dio por escribir canciones…

¡Que viene a por Pedro,
que viene a por Juan,
que viene a por ti!

¡Pasa de mí,
pasa de mí!

¡Que no perdona,
que balandrona
de su eficacia!

¡Conmigo pasa,
conmigo pasa!

¡Que viene,
viene por tierra,
llega por mar!

¡Ojú qué guerra,
ojú que guerra!

¡Que nunca falla,
que viene, que llega,
que se la lleva,
que se la lleva,
que nunca pasa!

¡Que está despierta,
que nunca duerme,
que siempre pasa,
que siempre pasa!

¡Ojú qué calva,
ojú qué calva!

¡Le dicen dengue
y perendengue!

¡Ay que me deje,
ay que me deje!

¡Va siempre hambrienta,
siempre está insomne,
nunca está jarta!

¡Conmigo pasa,
conmigo pasa!

Visitas: 94

Siempre plantados, esperando…

We always stand and wait… Esas palabras de Milton apuntan a una verdad, alumbran como siempre hacen los poetas, ahorrándonos pensar o buscar fatigosamente ideas…

Siempre estamos dispuestos y a la espera: de una llamada o carta, de una visita o encuentro fortuito en la calle. O quizá, prendándonos de unos ojos que durante unos instantes al cruzar una plaza, al entrar en un bar, en la consulta de un médico, nos impelen a seguirlos, con curiosidad, deseo o sospecha…

La vida, en realidad, es una larga y pausada espera a que un azar nos mueva y nos sorprenda, una espera veces paciente, a veces desesperada

Visitas: 44

Insolencia

Hay cierta insolencia en el tiempo,
en cómo nos trata, en sus aires de matón,
en la manera indiferente de negar
una y otra vez lo que una vez
tras otra le pedimos: que no corra
de esa forma tan brutal,
negando impasible
nuestro único y persistente
ruego: más demora en arrebatarnos,
siempre a destiempo, tan altanero,
la belleza, la juventud perdida
la alegría tardía...

Visitas: 79

Vivo en un sueño

Vivo en un sueño
entre dos ciudades,
de las innumerables
que los hombres erigieron
a través del tiempo,
donde moran:
una donde nací,
donde vivo, la otra.
En una nunca encuentro
las casas que busco:
solo doy con ruinas
o apuntalamientos
y ninguna nueva
construcción de nueva planta
las sustituye y cambia...
Jardines sin recuerdos
les han nacido a la otra,
entre calles y plazas
y fuentes que limpian
la memoria de dolores y tristezas:
¡qué pureza de aire
y silencio y palabras nuevas!

Visitas: 55