Yo era un adolescente muy tímido sobre todo con las mujeres, a pesar de lo que me gustaban y de que era muy enamoradizo. Raras veces fui capaz de romper aquel cerco de incomunicación, aunque era, al decir de algunas, un chico atractivo y eso que siempre se ha llamado, a falta de una palabra mejor, un “tío interesante”…
Ya adulto, hablando y recordando cosas con una antigua compañera del instituto, descubrí la razón verdadera: “es que tú eras muy orgulloso” -me dijo. Casi las mismas palabras de Banville. Cuántas desdichas puede traer la distancia abismal que a veces separa lo que uno piensa de sí mismo y la mirada de los otros…
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