
En un libro de John Banville (¡Ay los libros!) Nocturno de Venecia, se lee esta conjetura del protagonista: “Quienes me conocían tal vez me calificaran de altivo, incluso un poquito arrogante…”. Como siempre pasa con las lecturas, relacioné la frase con mi propia vida, con mi propio pasado, por mejor decir. Pero para contarlo bien voy a necesitar, al menos, un párrafo más.
Yo era un adolescente muy tímido sobre todo con las mujeres, a pesar de lo que me gustaban y de que era muy enamoradizo. Raras veces fui capaz de romper aquel cerco de incomunicación, aunque era, al decir de algunas, un chico atractivo y eso que siempre se ha llamado, a falta de una palabra mejor, un “tío interesante”…
Ya adulto, hablando y recordando cosas con una antigua compañera del instituto, descubrí la razón verdadera: “es que tú eras muy orgulloso” -me dijo. Casi las mismas palabras de Banville. Cuántas desdichas puede traer la distancia abismal que a veces separa lo que uno piensa de sí mismo y la mirada de los otros…
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