
Pangloss, el inmortal personaje de Voltaire que siempre veía en el status quo el mejor mundo posible, simplemente porque podría haber otros peores, representa, en relación a lo que aquí pensamos, el paradigma de la inmoralidad. Es Pangloss redivivo, por ejemplo, quien pretende en estos días extraer una moralina, social y política, del espíritu solidario y sacrificado de los «servidores públicos», en la expresión engolada del presidente del gobierno hoy mismo. Se trata de la última versión de esa suerte de consigna de «juntos podemos», que ya vimos aparecer, con menos escándalo, cuando se declaró oficialmente como «crisis» todo este conjunto de penurias con el dinero en las que andamos tirando la mayoría. Entre los que entonces quisieron confortarnos los ánimos estaban, según creo recordar, representando el espíritu de equipo (hoy ya vamos sabiendo hasta qué punto), la gran banca y los grandes empresarios españoles. Hasta una página web inauguraron con la animosa consigna, con las albricias del panglosiano ex presidente Zapatero.
Lo que ocurre es que el Pangloss imaginario era un inmoral inconsciente y risible, y por ello, perdonable; pero me temo que no sucede lo mismo con los que ahora, el presidente del gobierno a la cabeza, quieren meter, con un embudo moralizante, en el imaginario popular español que el trabajo en equipo de los funcionarios, ya sean los que apagan fuegos o los que rescatan ciudadanos en las actuales ciudades encharcadas, puede ser un ideal colectivo. Democracia panglosiana. Buen rollo en el mejor de los mundos posibles.
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