La fuerza de trabajo motor del desarrollo; la clase obrera fuera de todo control: este es el proyecto práctico en el que trabajar.
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Y este es también un proyecto de poder que parte del rechazo del trabajo. La clase obrera no quiere administrar la organización del trabajo, solo quiere rechazarla; esta es la razón por la cual hoy el poder no significa «toma del poder», dirección sobre la sociedad, gestión constructiva del desarrollo.
Dejamos por completo al capital y a su clase política el desarrollo económico y las formas institucionales del control y del equilibrio: el Estado; a los trabajadores el rechazo del trabajo y la insubordinación permanente, el desorden organizado. Dejamos por completo al capital y a su clase política gestionar esta fase histórica en la que todavía tenemos que trabajar. No queremos administrar el trabajo y la coacción al trabajo: toda esa mierda para el capital y para su clase política. Para los trabajadores, el rechazo del trabajo, que también quiere decir inducción constante en el capital de la dinámica que conduce al desarrollo, que conduce a la reducción del trabajo vivo, el reemplazo del trabajo vivo con máquinas, la introducción de técnicas de producción automáticas que cada vez más absorben la función de producir y abren la posibilidad de subvertir la relación trabajo-capital hasta la raíz: abolir el trabajo. Machines do not go on strike, dice el capital.
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