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Personas, lugares
"La vida es una cuestión de personas, no de lugares.
Pero para mí la vida es una cuestión de lugares,
y ese es el problema."
Así escribía Wallace Stevens.
"La música es también un lugar", repite el narrador de Barrio Venecia, la novela de Alberto Santamaría.
Con los años – lo estoy descubriendo – los rostros de las personas que hemos conocido, incluso las más importantes, se van difuminando y volviéndose borrosos. A veces, desaparecen. Por el contrario, los lugares se hacen cada vez más vívidos y sus contornos y detalles más claros. Hace tiempo que sueño solo con lugares, habitados por antiguos amores o amigos de caras desdibujadas, como sombras que una vez conocí…
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Soy un pobre borriquillo
I’m significant!

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Makis Siderakis: Amhara woman, near Woldia town. Ethiopia 2009
¿Es útil engañar a la gente?
Nada nuevo bajo el sol. Lo que hoy llamamos fake news o la mayor importancia que damos al relato sobre la verdad en la cosa pública, ya se debatió en el concurso de la Academia de Berlín en 1780, en la época del Despotismo ilustrado, Est-il utile de tromper le peuple?, el principio que se puede resumir, como hacía el sobrino de Rameau en el libro de Diderot: "que nada les es más útil a los pueblos que la mentira, nada más dañino que la verdad". El neoliberalismo ya se había inventado hace muchos siglos.
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Stay safe!

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Las cosas y las palabras perdidas / 2
Como ya habrá descubierto el perspicaz lector, una de las cosas perdidas en la particular distopía de Rowling es la poesía, olvidada, en el cuento, por la autora de un chisgarabís de versos inacabados y personificada en una valiente exploradora y guía de cosas que vagan por aquellos páramos en busca de su oriente: el camino de vuelta a casa.
La poesía, en realidad, se nos perdió hace mucho tiempo, tanto, tanto como desde después de Adán: desde entonces solo nos queda la poesía del paraíso perdido, del "se canta lo que se pierde". Una vez devuelto el don de nombrar que poseyó el primer hombre, ¿qué quedó si no el eterno llanto de la ausencia, el lamento por la primera herida, la primera quiebra, el primer error? Ningún poeta, desde Ovidio, ha sido capaz de decir a viva voz que hay un dios en nosotros.
Perdimos al dios, o al espíritu que habla, divinas palabras. Perdimos el alma, la vendimos…
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Aviso para navegantes
Si estimas mi escritura en mi blog o en las redes, ahora puedes hacerte con mi obra periodística anterior en ebook o en papel, así como con el resto de mis publicaciones…
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El ojo de Dios o del Señor
No sé si ha sido casualidad o porque inconscientemente lo he buscado, pero siempre he vivido en ciudades en las que un castillo o una iglesia presiden la población o son visibles en un cerro cercano. Aunque lo más probable es que haya una razón estadística: son muchas. Bien conservadas o en ruinas, estas edificaciones, antiguos símbolos de poder, civil o religioso, en torno a los cuales se amontonaron las casas medievales, siguen ahí, protectores o amenazantes, como infaustos recordatorios del ojo vigilante de Dios o del Señor…
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