«Pariré piedras», de Sara Prida Vega

La reivindicación de la memoria y del linaje del mundo minero, de su combatividad, del orgullo obrero e insurgente nutre el poemario Pariré piedras (Ed. Crecida) de la asturiana Sara Prida Vega (1990). La autora plasma en sus poemas historias reales (se encarga de remarcarlo) de su familia, de su vecindario, de esa comunidad hermanada por el esfuerzo, la explotación y la rebeldía, y de ahí que incorpore términos en asturiano o jerga del ámbito minero. Es la cotidianeidad lo que exploran sus composiciones. Con tono narrativo, los episodios, sentimientos o procesos que recoge no conforman un mero retrato. Están trenzando una reivindicación de la lucha, de la resistencia a pesar de la crudeza y de las dificultades del entorno. También la incertidumbre, el miedo y el presentimiento de fatalidad con la que respiran. Están alimentando el candil que se va pasando de generación en generación para recordar de dónde se viene y por qué se combate, así como la dignidad de las manos tiznadas y heridas que permiten llevar la comida a la mesa. Sus poemas nos remiten a un paisaje específico y a un estado de ánimo enfurecido. Reflejan cómo las condiciones laborales determinan todas las relaciones sociales; también las familiares y la autoimagen. Así, se ponen en primer plano la dureza, el peligro y las secuelas del trabajo en la mina, y los textos subrayan la materialidad de sus referentes sin perder el vuelo lírico o la incandescencia de las imágenes. De esta manera, emplea un enfoque que expulsa toda nostalgia o toda envoltura melancólica, pues las palabras están hiladas por la rabia y la conciencia de la resistencia, de la lucha proletaria que siempre acontece. Por eso estos textos se enuncian en presente y el sujeto es plural. Por eso es necesario leerlos y compartirlos.

Alberto García-Teresa

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«Alternativa nostálgica y falsa», de Laura Casielles

Lura Casielles es bastante conocida como periodista, pero menos por su inmenso talento para la poesía, como aquí se puede ver…

Sobre Laura Casielles:

Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, máster en Estudios Árabes e Islámicos Contemporáneos por la Universidad Autónoma de Madrid, licenciada en Filosofía por la UNED y doctora por la Universidad Autónoma de Madrid con una tesis titulada El silencio y las voces. El rastro de la colonialidad española en las literaturas hispánicas de Marruecos y el Sáhara Occidental, que trata sobre la literatura en lengua española escrita por autoras y autores de origen marroquí y saharaui.

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Alternativa nostálgica y falsa

(A la manera de Perec)

La sensación de pertenencia es portátil

Juan Villoro

Hay por un lado personas
que tienen raíces.
Desde que empiezan a andar
algo desde su cuerpo se va anclando en la tierra,
se dicen «este sitio es mi sitio»
y allí,
sin dejar de avanzar hacia el centro del mundo,
eso que crece y bebe agua y come sal y se hace fuerte
y cada vez es más difícil de arrancar.
Se les reconoce por una especie compleja de calma,
un halo de no necesitar nada,
una casa sencilla,
todo el tiempo del mundo.
Si están fuera, lo llaman exilio.

Otra clase de gente es la que hace cimientos.
De pronto,
en algún momento más o menos avanzado de la vida,
un lugar les enreda las piernas
y ellos, al ver que las raíces no les crecen,
se lanzan a excavar con múltiples artilugios
un hoyo muy profundo.
Refuerzan sus paredes,
construyen sobre él con los mejores materiales
y saben que cuando entre las maderas y paredes subterráneas
se enlacen ya las yedras y los bichos
su hogar no se caerá.
Su señal en la frente
es un tenaz anhelo de ir ganando calor
(un trabajo incansable,
familia, amor, amigos,
las grandes obras,
una casa en la que siempre ocurra algo).
Si están fuera, se hacen llamar emigrantes.

Y luego están algunos
(ni más ni menos suerte que los otros)
que ni nacieron con brotes de raíces
ni llegaron a forjar convencimiento.
Ahí van, mírales
dando tumbos como quien baila.
Cada poco se paran a cavar
con las manos
un agujero, se llenan las uñas de tierra.
Se sientan en él y ya saben
que no es, tampoco,
el lugar donde quieren morir.
Que un niño, jugando, lo llenará de arena,
en cuanto se levanten.
Están fuera siempre,
donde quiera que estén.
Están siempre en casa donde quiera que estén.
Se les puede identificar por sus cambios de idea,
por su fervor volátil,
por todas sus fuerzas dedicadas
a heroicos empeños pasajeros.
Por un cargamento de fotos y de cartas.
Porque normalmente cuando quieres decirles algo,
ya no están,
pero, sin saber por qué,
no logras olvidarles.

Nada de esto se decide.
Nada de esto tiene mucha importancia.

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Apollinaire et ses amis

Marie Laurencin et Guillaume Apollinaire se rencontrent par le biais de Pablo Picasso en 1907. S’ensuivent cinq années d’une relation tourmentée avant que, lassée par des infidélités nombreuses, Marie Laurencin ne prenne définitivement ses distances. Dans son testament, elle demandera néanmoins à ce qu’on glisse entre ses mains une rose blanche et une lettre d’amour du poète.

MARIE, PAR GUILLAUME APOLLINAIRE.

Vous y dansiez petite fille
Y danserez-vous mère-grand
C’est la maclotte qui sautille
Toute les cloches sonneront
Quand donc reviendrez-vous Marie

Les masques sont silencieux
Et la musique est si lointaine
Qu’elle semble venir des cieux
Oui je veux vous aimer mais vous aimer à peine
Et mon mal est délicieux

Les brebis s’en vont dans la neige
Flocons de laine et ceux d’argent
Des soldats passent et que n’ai-je
Un cœur à moi ce cœur changeant
Changeant et puis encor que sais-je

Sais-je où s’en iront tes cheveux
Crépus comme mer qui moutonne
Sais-je où s’en iront tes cheveux
Et tes mains feuilles de l’automne
Que jonchent aussi nos aveux

Je passais au bord de la Seine
Un livre ancien sous le bras
Le fleuve est pareil à ma peine
Il s’écoule et ne tarit pas
Quand donc finira la semaine

Extrait de Alcools, 1913.

Groupe d’amis (1908), par Marie Laurencin. Musée de Baltimore.

Apollinaire et ses amis (1909), par Marie Laurencin. Musée Pouchkine, Moscou.

Fuente: Ne dormirai jamais

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