«Alternativa nostálgica y falsa», de Laura Casielles

Lura Casielles es bastante conocida como periodista, pero menos por su inmenso talento para la poesía, como aquí se puede ver…

Sobre Laura Casielles:

Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, máster en Estudios Árabes e Islámicos Contemporáneos por la Universidad Autónoma de Madrid, licenciada en Filosofía por la UNED y doctora por la Universidad Autónoma de Madrid con una tesis titulada El silencio y las voces. El rastro de la colonialidad española en las literaturas hispánicas de Marruecos y el Sáhara Occidental, que trata sobre la literatura en lengua española escrita por autoras y autores de origen marroquí y saharaui.

DSC_6518.JPG

Alternativa nostálgica y falsa

(A la manera de Perec)

La sensación de pertenencia es portátil

Juan Villoro

Hay por un lado personas
que tienen raíces.
Desde que empiezan a andar
algo desde su cuerpo se va anclando en la tierra,
se dicen «este sitio es mi sitio»
y allí,
sin dejar de avanzar hacia el centro del mundo,
eso que crece y bebe agua y come sal y se hace fuerte
y cada vez es más difícil de arrancar.
Se les reconoce por una especie compleja de calma,
un halo de no necesitar nada,
una casa sencilla,
todo el tiempo del mundo.
Si están fuera, lo llaman exilio.

Otra clase de gente es la que hace cimientos.
De pronto,
en algún momento más o menos avanzado de la vida,
un lugar les enreda las piernas
y ellos, al ver que las raíces no les crecen,
se lanzan a excavar con múltiples artilugios
un hoyo muy profundo.
Refuerzan sus paredes,
construyen sobre él con los mejores materiales
y saben que cuando entre las maderas y paredes subterráneas
se enlacen ya las yedras y los bichos
su hogar no se caerá.
Su señal en la frente
es un tenaz anhelo de ir ganando calor
(un trabajo incansable,
familia, amor, amigos,
las grandes obras,
una casa en la que siempre ocurra algo).
Si están fuera, se hacen llamar emigrantes.

Y luego están algunos
(ni más ni menos suerte que los otros)
que ni nacieron con brotes de raíces
ni llegaron a forjar convencimiento.
Ahí van, mírales
dando tumbos como quien baila.
Cada poco se paran a cavar
con las manos
un agujero, se llenan las uñas de tierra.
Se sientan en él y ya saben
que no es, tampoco,
el lugar donde quieren morir.
Que un niño, jugando, lo llenará de arena,
en cuanto se levanten.
Están fuera siempre,
donde quiera que estén.
Están siempre en casa donde quiera que estén.
Se les puede identificar por sus cambios de idea,
por su fervor volátil,
por todas sus fuerzas dedicadas
a heroicos empeños pasajeros.
Por un cargamento de fotos y de cartas.
Porque normalmente cuando quieres decirles algo,
ya no están,
pero, sin saber por qué,
no logras olvidarles.

Nada de esto se decide.
Nada de esto tiene mucha importancia.

Visitas: 126

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.