El estornino de Mozart

El mimetismo del estornino no tiene nada de extraño, se encuentra entre los mejores imitadores de la tierra, incluida la voz humana. Pero ¿cómo aprendió el estornino de la tienda la melodía de Mozart? La composición era un secreto absoluto y no estaba previsto que se interpretara en público hasta mediados de junio, cuando se estrenaría bajo la dirección de Mozart con la joven y dotada estudiante para quien la compuso, Barbara Ployer, al piano

El estornino de Mozart

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12 de abril de 1784, Innere Stadt, Viena. Mozart se sienta en el pequeño escritorio de su piso, moja la pluma y anota el precioso Concierto para piano n.o 17 en sol en su registro de obras terminadas. Se trata de la 453. a composición completa de Mozart; tenía veintinueve años.

26 de mayo. Mozart recibe la confirmación de su padre, Leopold, de que la copia del concierto que había enviado por carruaje postal ha llegado sana y salva a Salzburgo. Wolfgang le contesta que está ansioso por conocer la opinión de su padre sobre esta obra y las otras piezas que ha enviado; no le urge tenerlas de vuelta “mientras nadie más se haga con ellas”. Mozart siempre se mostró un poco paranoico ante la posibilidad de que su música cayera en manos equivocadas y la imitara o robara un compositor de menor categoría.[1]

En cuanto a lo que sucedió después, hay muchas posibilidades. Pero probablemente fue algo así:

27 de mayo, Grabenstrasse. A Mozart se le bajan las medias hasta los tobillos y se detiene en la bulliciosa calle para subírselas. Mientras introduce la fina seda bajo los puños del pantalón, le sorprende escuchar una canción silbada. Es una melodía alegre y agradable, un fragmento hermoso que le resulta familiar. Mozart tarda un momento en recuperarse de la conmoción que le produce escuchar el estribillo, pero finalmente sigue la procedencia de la canción. Los silbidos se repiten y lo guían calle abajo hasta la puerta abierta de una pajarería. Allí ve un estornino enjaulado que salta al borde de la percha, ladea la cabeza y se queda mirando atentamente los ojos del maestro, piando con calidez. ¡El pájaro coqueteaba! Y, si había algo a lo que Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart respondía, era al coqueteo.

Mozart: Concierto para piano n.o 17 en sol

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Dejar que el lenguaje pese

Del blog de Víctor Gómez Pin

El ensayista, narrador y músico francés Pascal Quignard, apostando a que el lenguaje tiene la capacidad de multiplicar los poros de la realidad, a fin de impregnarla de forma exhaustiva, reducirla y hacer de toda cosa palabra,   pone a prueba esta convicción de la única manera posible, a saber, en  la práctica literaria, de tal manera que la literatura viene a ser como el laboratorio dónde se pone a prueba una tesis filosófica. Y el autor, digamos, nos hace cómplices del método que adopta. “Yo hago lo siguiente: dejo que sea el lenguaje mismo el que pese, piense, penda, dependa” (Pascal Quignard, Las sombras errantes. Swann-Ensayo Shangrila)

En el caso de Quignard, este proceder se traduce en  prodigiosos párrafos en los que la lengua francesa se hace (incluso para el lector formado en ella) temible, por irreductible a la ayuda que puede proporcionar un diccionario; párrafos en los que la lengua parece hurgar por vez primera en lo dado, no tanto intentando encontrar la palabra para el hecho, como intentando elevar este último a la categoría de palabra: “Todo sin excepción, incluso lo más ruin, una vez nombrado, incrementa su existencia, acentúa su independencia, viene a ser suntuoso”( Les solidarités  mystérieuses, Gallimard Paris p.193.).

Y un personaje sirve de ocasión para ilustrar tal tesis, Juliette, a quien la condición de profesora de ciencias naturales sirve de pretexto para decir el mundo: “La escuchaba (…) hablar y nombrar de una manera tan sencilla y firme. Dios es verdaderamente el Verbo”. Obviamente no es Quignard el único escritor caracterizado por esta disposición. He aquí lo que, al respecto, escribe un grande entre los grandes:

«Ocurre algo loco, en verdad, en torno al hablar y el escribir. La auténtica conversación es un mero juego de palabras. Solo cabe asombrarse por la equivocación ridícula de la gente, que cree que habla en relación con cosas. Lo que es precisamente lo más propio del lenguaje (el hecho de que solo se ocupa de sí mismo) no lo sabe nadie.
Por esta razón es un misterio tan asombroso y tan fecundo que uno, al hablar solo por hablar, enuncie precisamente las verdades más grandiosas, las más originales. En cambio, si quiere hablar de algo determinado, entonces el chistoso lenguaje le hace decir las cosas más ridículas y erradas. De aquí proviene también el odio que tienen tantas personas serias contra el lenguaje. Advierten su ligereza, pero no advierten que ese despreciable charlar es el lado infinitivamente serio del lenguaje. Si uno pudiera siquiera hacerle entender a la gente que con el lenguaje ocurre lo mismo que con las fórmulas matemáticas… Estas constituyen un mundo en sí mismas; juegan solo consigo mismas; no expresan sino su maravillosa naturaleza y precisamente por eso son tan expresivas – precisamente por eso se espeja en ellas el singular juego de relaciones de las cosas. Solo por su libertad son miembros de la naturaleza y solo en sus movimientos libres el alma del mundo se manifiesta y las hace delicada medida y modelo de las cosas. De igual modo ocurre con el lenguaje: aquel que tiene un sentimiento refinado de su digitación, de su compás, de su espíritu musical, aquel que oye en sí mismo el delicado efecto de su naturaleza interior y mueve luego la lengua o la mano, este será un profeta; por el contrario, aquel que sepa sobre él pero no tenga el oído y la percepción necesarias escribirá verdades como esta pero el lenguaje mismo le tomará el pelo y los hombres se burlarán de él como hacían los troyanos con Casandra. Aunque yo crea haber indicado con esto la naturaleza y la misión de la poesía de la manera más clara, sé, sin embargo, que no lo puede entender persona alguna y que he dicho algo muy tonto, ya que quise decirlo y ninguna poesía surge de este modo. Pero ¿cómo sería esto si yo hubiera estado forzado a hablar?; ¿si este impulso lingüístico de hablar fuera el rasgo distintivo de la inspiración del lenguaje, de la eficacia del lenguaje en mí?; ¿si mi voluntad solo quisiera aquello que yo estuviera forzado a hacer? ¿Podría, entonces, ser esto finalmente poesía sin que yo lo supiera o lo creyera?, ¿y haber hecho comprensible un misterio del lenguaje?, ¿y yo sería, entonces, un escritor competente, ya que un escritor, acaso, no es más que un poseído por el lenguaje?”

(Novalis, «Monólogo», citado por Roberto Calasso, «La literatura y los dioses», Anagrama)

Es algo casi elemental. Si la capacidad para el lenguaje singulariza al animal humano, este será tanto más fiel a su naturaleza cuanto más permita que el   lenguaje se despliegue sin cortapisas, lleve al acto sus diversas potencialidades: desde las meramente funcionales (aquellas que le acercan mayormente a un código de señales, poniéndose al servicio de causas exteriores) hasta las cognoscitivas y creativas. contraer

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Contra el trabajo

La fuerza de trabajo motor del desarrollo; la clase obrera fuera de todo control: este es el proyecto práctico en el que trabajar.


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Y este es también un proyecto de poder que parte del rechazo del trabajo. La clase obrera no quiere administrar la organización del trabajo, solo quiere rechazarla; esta es la razón por la cual hoy el poder no significa «toma del poder», dirección sobre la sociedad, gestión constructiva del desarrollo.

Dejamos por completo al capital y a su clase política el desarrollo económico y las formas institucionales del control y del equilibrio: el Estado; a los trabajadores el rechazo del trabajo y la insubordinación permanente, el desorden organizado. Dejamos por completo al capital y a su clase política gestionar esta fase histórica en la que todavía tenemos que trabajar. No queremos administrar el trabajo y la coacción al trabajo: toda esa mierda para el capital y para su clase política. Para los trabajadores, el rechazo del trabajo, que también quiere decir inducción constante en el capital de la dinámica que conduce al desarrollo, que conduce a la reducción del trabajo vivo, el reemplazo del trabajo vivo con máquinas, la introducción de técnicas de producción automáticas que cada vez más absorben la función de producir y abren la posibilidad de subvertir la relación trabajo-capital hasta la raíz: abolir el trabajo. Machines do not go on strike, dice el capital.

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Contra la destrucción del mundo: La Amazonía invisible de Bolivia y sus guardianes que no se rinden

Los indígenas luchan contra las múltiples amenazas que acechan su hogar. La voracidad de la deforestación, los incendios forestales, el narcotráfico y la contaminación de los ríos ponen en peligro su tierra sagrada. Con valentía y conexión ancestral, estos guardianes de la selva resisten, protegiendo el pulmón del planeta y defendiendo su derecho a vivir en armonía con la naturaleza. En fronterad estamos encantados de haber apoyado desde el inicio esta gran iniciativa de nuestros colegas bolivianos de la revista Nómadas, y de abrir hoy nuestra segunda entrega de agosto con esta crónica, y acoger en su integridad el espléndido especial elaborado por ellos dedicado a quienes resisten desde Bolivia la muerte de la Amazonía, que es como decir contra la destrucción del mundo

 La Amazonía invisible de Bolivia y sus guardianes que no se rinden

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¿Puede exportar fresas un país de secano?

Comparto el decir de don Manuel Azaña: en España no se piensa con ideas sino con sonsonetes. No se entiende de otra forma que en una tierra árida y sin lluvias dejen secar la mayor laguna de Doñana, un parque rodeado de pozos ilegales, o que con una capa freática sobreexplotada se sigan multiplicando los cultivos de frutos rojos bajo plástico. La gran Nazareth Castro lo explica aquí muy bien.

¿Puede exportar fresas un país de secano?

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Si no llueve, seguirá sin haber agua por más pantanos que hagamos. Nuestra soberbia prometeica parece habernos alejado tanto de la realidad como para olvidar que dependemos de la lluvia, sobre todo cuando, en las últimas décadas, los tradicionales cultivos de secano se han sustituido por un modelo agrícola intensivo en su uso de agua y de agroquímicos. Un modelo, por cierto, que produce no para alimentar a la población local, sino fundamentalmente para exportar a los países del norte de Europa.

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Cuerpos rotos

Los trabajos desempeñados tradicionalmente por mujeres acarrean para ellas una serie de consecuencias físicas y psicológicas derivadas de la brecha de género. Estas enfermedades laborales aún no están reconocidas.

Cuerpos rotos

Bonitas, y elegiacas, fotografías sacadas de este reportaje de la revista digital El Salto: Paqui, aparadora; María, jornalera; Rita, mariscadora.

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Noir

No soy un gran conocedor, ni siquiera un gran lector de novela negra o policiaca. Los que sí lo son me provocan cierta curiosidad morbosa, lo que me hace preguntarme a veces «¿qué me estoy perdiendo?»

En primer lugar, debo reconocer con humildad que me pierdo a menudo en las tramas investigativas complejas, del mismo modo que me he aturdido siempre con las adivinanzas. A pesar de mis dotes para la especulación filosófica o mi relación cordial con la poesía, debo reconocer que en gran medida tengo una «mente simple»…

En segundo lugar, sospecho que los creadores de estas historias, y sus lectores, tienen a su favor el prestigio de la lógica; me explico: uno de los resultados más valorados de las historias de investigaciones detectivescas es el de hacernos sentir inteligentes, como sus protagonistas y sus creadores. ¿Se me entenderá bien si llamo a esto «efecto contagio»?

Si es así ¿debo interpretar, en contrario, lo que me sucede? Es decir, que mi disgusto con este género literario proviene del hecho de que, tal como me pasaba con las adivinanzas, me hace sentir torpe?

O se trata de mi rechazo natural a los relatos en los que la maldad y la muerte son los protagonistas? Tengo que dar algunas vueltas más a esto…

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