Escaparates

La lectura de uno de los pecios de Campo de retamas, de Rafael Sánchez Ferlosio, me ha hecho recordar mi relación infantil con los escaparates. Ferlosio se recuerda mirando el de una ferretería, con la frente apoyada en el cristal, embelesado pensando cuántas de las herramientas y materiales que veía allí se compraría.

Yo me recuerdo así en el escaparate de una cuchillería que tenía el escabroso nombre de “Sindicato del crimen”. Me veo mirando con fijación morbosa las enormes navajas albaceteñas, los finos estiletes de despliegue automático o los inquietantes cuchillos jamoneros. Aunque la persistencia fija de ese escaparate y ese nombre me obligó a preguntar a algunos coetáneos por tal tienda y nadie la recordaba. Así que su fijeza onírica y la falta de otros testimonios me ha hecho pensar en una imagen desprendida de un sueño, pues ¿qué es la vida, al decir de Anne Carson, sino una cadena de sueños?

Los otros escaparates anclados en mi memoria son más comunes y previsibles: los de las jugueterías en Navidad. El niño que miraba obsesivamente pegado al frío cristal era un niño pobre cuya casa visitaban, en las madrugadas heladas de enero, Reyes Magos también pobres. De la fascinación de esos escaparates, al contrario del que describía al principio, me libré pronto, con cierto alivio, todo hay que decirlo…

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The Crossing: Carols after a Plague

 The Crossing: Carols after a Plague | Catalogue | New Focus Recordings

Philadelphia based contemporary music choir The Crossing releases Carols after a Plague, a collection of works by twelve composers that responds to our collective experience of the last few years navigating the pandemic, as well as grappling with the fraught issues of our time. In characteristic fashion, The Crossing, led by conductor Donald Nally, finds ways to create projects that connect music to our shared experience, with the beauty of human voices providing the glue for this timeless communal experience.

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Por aquí, por allí

Por un lado están los viajeros forzosos: migrantes sociales, climáticos. Los huidos en busca de refugio, acogida, asilo… Tantos y tantos exilios. Luego están las insomnes masas de turistas, los ilusos del viaje de iluminación y descubrimiento. Y los estudiantes coloniales, coleccionistas de Master… Una agitación continua y en crecimiento se transmite inquieta por toda la colmena.

Hay quien se va lejos para quitarse las espinitas, como dicen por aquí, por donde vivo. Está, por fin, el viajero interior, buscándose por dentro, por aquí, por allí, saliendo al encuentro de los otros en los libros, en los sueños…

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Ius personale, ius reale?

A la división del Derecho Romano entre el derecho de personas y de cosas (ius personale y ius reale) se le escapaban las esposas, los niños y los siervos, medio personas, medio cosas. A ese grupo se han unido en nuestro tiempo los animales . De como se resuelva esto depende en gran medida el futuro del Derecho y, con él, el de nuestras sociedades.

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La fotografía como herramienta de emancipación proletaria

Traduje hace cuatro años esta interesante entrada del blog de Vingtras, en Mediapart en la que, a raíz de su investigación sobre la correspondencia privada entre miembros de la Comuna de París, el autor descubre la importancia de la fotografía en la naciente conciencia de las clases trabajadoras, pues el viejo privilegio de ser protagonistas y propietarios de las imágenes artísticas se democratiza con el nuevo invento…

«La inesperada e impresionante irrupción, hace dos siglos, de un proceso de grabación, representación y conocimiento, de un nuevo medio, marca un hito cultural importante», escribió Monique Sicard, investigadora del Instituto de Textos y Manuscritos Modernos del CNRS/ENS.  Y añade: «Fue el verdadero punto de partida, si no de una nueva civilización, al menos de nuevas perspectivas sobre nuestro entorno humano, natural, cultural y técnico.«

Esto es exactamente lo que pude observar al revisar sistemáticamente toda la correspondencia privada de la Comuna a lo largo de mi trabajo heurístico sobre «Los 72 Inmortales «.  Y este análisis de la intrusión de imágenes personales en la vida cotidiana de las clases trabajadoras de París en 1871, transformó mi punto de vista de que cambió hacia una mejor comprensión del problema revolucionario que es tanto actuar porque sabemos como saber por qué actuamos.

En efecto, mientras que los retratos pintados o dibujados eran hasta entonces un privilegio reservado a las familias reales, a los aristócratas o a los burgueses ricos, por primera vez en la historia de la humanidad, un nuevo medio permitía a otros acceder a su imagen, a su representación.

Así, la clase obrera, los artesanos, los empleados y los sirvientes tuvieron ahora la oportunidad de inmortalizar la imagen del antepasado, la esposa, el niño o incluso las celebraciones familiares o los encuentros amistosos en el barrio sobre fotografías que estaban modestamente enmarcadas y que adornaban la parte superior de las chimeneas o las paredes de la sala de estar: ¡existían!

La gente ya no era sólo una palabra que se podía leer en un cartel o folleto, sino que se había convertido en una imagen.  El trabajador anónimo se convirtió en alguien.

Esta conciencia colectiva aparece en muchas cartas, algunas de las cuales fueron llevadas en estos globos que escaparon de la ciudad sitiada para dar noticias en las provincias.

En contraste con las malas tradiciones individualistas, la fotografía ha desempeñado paradójicamente el papel de catalizador del deseo colectivo.

De ahí el nacimiento de un (tímido) tropismo libertario.

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Oficio divertido

Oficio divertido

Mi oficio es divertido
en este año que marca la agenda:
me dedico a enseñar la lengua a los niños…
Eso que se llamaba Gramática.
Lección primera:
Los sujetos, a veces, están elípticos, omitidos o permitidos…
¡Y otras, inencontrables!
De todos los objetos, me gustan los indirectos: ¿para quién?
Depende de los circunstanciales, que varían tanto…
Odio las oraciones impersonales
-salvo las del tiempo, ya lo sabéis-
Y adoro los futuros imperfectos…
De los verbos, «amar». A ver, niñas:
primera persona del singular del presente indefinido…
Y así me lo paso, equivocado
tantas veces en las reglas de la concordancia,
pero subordinándome a lo principal:
el imperativo de presente…

(Sevilla, 1988. Colegio Internacional Europa)

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