
Publicado en «La Opinión de Málaga». Republicado en mis «Deslindes y descubiertas, 1»
El halo es la luz, a veces pálida y a veces brillante, que otorga a personas y cosas la fama o el prestigio. El servicio de correos, por ejemplo, lo tenía: trabajé durante un breve tiempo en él y recuerdo a mis veteranos y orgullosos compañeros aseverando, llenos de suficiencia, que si una carta no llegaba a su destino es que no la habían echado. Los veo todavía, con los ojos de la memoria, rastreando a misteriosos destinatarios en cartas arrebatadas de amor con pistas tan vagas en el sobre como ésta: «A ese chico rubio a quien conocí sentado en un banco de la Plaza Mayor, a espaldas del Ayuntamiento». Y, rigurosos como ellos solos, conocedores de la vida y milagros del pueblo, poseedores de una mente ordenada y deductiva, encontrar a aquel príncipe y entregarle la carta apasionada.
Visitas: 6
