
Quiero dedicar la reflexión de hoy a una no-noticia: la vegetativa y funcionarial, melancólica e invisible vida de la ONU. Me mueve a ello un estimulante (y antiguo, pero ya he advertido que esto no iba a ser una noticia) reportaje de Antonio Lafuente publicado por la revista digital «Fronterad» (”Para qué servía la ONU”) sobre la decadencia y casi desaparición pública de la organización de las Naciones Unidas, en el momento histórico en que, seguramente, más falta nos hacen su vigor y potencia. Pendiente desde hace muchos años de una reforma, aprobada por sus miembros (pero refrenada por los más poderosos de ellos que no quieren ver desaparecer el derecho de veto, que es el cascabel del gato), para hacer su organigrama y protocolos de funcionamiento realmente eficaces y útiles, la heredera de la vieja Sociedad de Naciones languidece resignada en su invisibilidad e impotencia actuales.
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