Claros en el bosque

Blog de Manuel Jiménez Friaza

Cosas que suben y bajan: la creación de la realidad

Por Manuel Jiménez Friaza, hace 1 año y 5 meses

Un extraño bolero

El sociólogo Zygmunt Bauman explicaba hace poco1 que «una habilidad crucial en la sociedad de la información es sabernos proteger del 99,9% de la información que nos bombardea y no nos interesa» pues «con tantos medios que llaman nuestra atención, es difícil filtrar la información, decidir qué creer y entender quién nos dice la verdad y quién nos está engañando». Aunque Bauman tenía razón desde el punto de vista de las teorías cibernéticas -que demostraron hace tiempo que una mayor complejidad social genera un aumento proporcional de información para luchar contra la entropía social generada-, pensamos aquí más bien que el verdadero problema está en la propia naturaleza misma de esa información. Esta, en su mayor parte -el resto son relatos-, está confeccionada con datos estadísticos acompañados de las correspondientes declaraciones e interpretaciones, cuya referencia recurrente son los mismos datos y su oscilación (aumento o merma, progreso y retroceso, visualizados en gráficos o ejes cartesianos) y no el mundo real al que pretendidamente se refieren y apuntan.

Números que dibujan la realidadEs en ese sentido en el que podemos afirmar que la información crea la realidad y moldea sus sujetos, conformando el paradigma semántico al que debe sujetarse para nombrarla y entenderla. Veámoslo en un ejemplo cualquiera: este mismo que tengo aquí más a mano, un artículo de José Ignacio Torreblanca, bienintencionado como todos los suyos, en el que glosa e interpreta unas encuestas de Metroscopia sobre el europeísmo de los españoles y otros integrantes de la catalaxia europea. El periodista maneja como fuente un sondeo que señala que el 69% de los españoles se sienten europeos, en palabras del autor: «los españoles siguen sintiéndose europeos en alguna medida, un porcentaje bastante elevado, que demuestra que demuestra que en España la identidad nacional y la identidad europea siguen siendo dos caras de la misma moneda». Como la columna está diseñada en torno a un retruécano, más adelante, Torreblanca entresaca de ese estudio sociológico que un porcentaje aún mayor de españoles, un 86%, quiere que la UE emprenda políticas orientadas hacia el crecimiento, lo que le da pie al retruécano final del que avisa desde el propio título: «Dicen que los ciudadanos han abandonado el proyecto de integración, pero lo que aquí vemos es más bien la UE quien les ha abandonado». El mensaje de este artículo, como se ve, es simplicísimo: es la UE quien ha abandonado a los españoles, y no al revés: el tema de un bolero.

Eso sí, al mostrarse como la conclusión evidente de unos datos estadísticos, nos parece que habla de la realidad misma, pero es una realidad interpretada, literalmente creada por esos mismos números. La mayor parte de la información contemporánea está formada por números y porcentajes y por un puñado de metáforas tópicas y cansinas de carácter performativo, procedentes de otros tantos campos semánticos igualmente tópicos: la medicina (la economía está enferma o se recupera, incluso en ocasiones sufre recaídas), la educación (los políticos que hacen o no hacen los deberes), la meteorología (la crisis considerada como una tormenta perfecta o pasajera), el fútbol (marcar un gol, tener espíritu de equipo) o las lecciones sobre el movimiento y la velocidad que todos recordamos de las primeras lecciones de los manuales escolares. Agustín García Calvo bromeaba siempre con las veces que había oído a lo largo de su vida la oración «la economía crece» que no significa nada aparte de su simple enunciación. Estas frases son, en realidad, parientes pobres del «yo juro» o «yo prometo» las performatives sentences, que estudió hace décadas el lingüista inglés John Austin, frases cuyo significado es decir «yo juro» o decir «yo prometo» en unas circunstancias rituales. ¿Qué significa que un 69% de españoles se sienten europeos? Significa que un 69% de españoles, más de la mitad -como se suele decir- o más que antes, o más que los italianos, se siente europeo. Es una tautología, pero al tener el halo y prestigio de los números, crea una parcela de realidad que antes no existía, puesto que la cuenta y la nombra. Una vez que ha cobrado existencia, al hacerse pública, es susceptible de comparación, glosa y opinión, como cualquier relato de sucesos; o de valoración moral y política, como un acto público más.

comision-sabiosAsí, toda la información que crea la realidad interpretada se puede ver, more geométrico, como un conjunto de cosas que unas veces suben y otras bajan, como una atracción de feria, en el plano vertical, o que avanzan y progresan, o retroceden, en el plano horizontal, como una carrera de coches.

Quienes nos dedicamos a la enseñanza estamos habituados a un rito trimestral sobre cosas que suben y que bajan: las notas. En claustros y departamentos nos engolfamos en una tarea que llamamos en la neolengua «análisis de los resultados de la evaluación». En este ceremonial, todos observamos, en una especie de trance hipnótico, unos gráficos de porcentajes con sus correspondientes barritas de colores (proyectados, según los nuevos usos y costumbres, en una gran pantalla luminosa) que así estatuyen la realidad de unos adolescentes engavillados en cursos -esas agrupaciones azarosas que responden a nombres opacos del tipo 3º A o 2º B...- en que los chicos, como mariposas muertas en coloreados y vistosos ramilletes, se invisibilizan y diluyen en unos tantos por ciento de suspensos y aprobados que han subido o han bajado desde la evaluación anterior. El maestro de ceremonias, que suele ser el Jefe de Estudios, va recodificando verbalmente esas cosas que han subido y bajado, dejando constancia y dando fe de la realidad, que se remite de nuevo, pero ahora en palabras, a su mera enunciación: que, en efecto, en unos cursos han subido los suspensos y en otros han bajado los aprobados, aunque a veces sucede lo contrario. Nada más.

Las comisiones

 El sociólogo Pierre Bourdieu2 explicaba mejor que yo, en sus cursos sobre el estado en el Collège de France, el carácter simbólico y autorreferente de las estadísticas, los datos o consignas estatales, y su paradójica eficacia, sin embargo, a propósito del devenir histórico de las comisiones públicas «de sabios» entendidas al modo teatral que está en su propia naturaleza, como una puesta en escena. Mientras le resumo al lector el inteligente punto de vista del pensador e investigador francés, piénsese entretanto, en palimpsesto esclarecedor, en la Comisión de Sabios que tenemos más cercana y a mano en la actualidad española: esta que acaba de dictaminar que la cuantía de las pensiones debe disminuir para que resulte hacedero, o «sostenible» como se suele decir, nuestro sistema de retiro laboral. Pues bien, Bourdieu, a propósito de un estudio realizado en los años 80 por Joseph Gusfield sobre el debate que hubo entonces en torno a la relación entre el consumo de alcohol y los accidentes de tráfico (debate largo en que, como recordará el lector, participó el ex presidente Aznar, a su agria manera), recuerda que los agentes sociales no toman la realidad como un dato dado, sino que lo construyen. De esa construcción forma parte principalísima la estadística, que «es, ella misma, una retórica social mediante la que los estadísticos participan en la creación de un problema social. Son ellos los que, por ejemplo, establecen como evidente la relación entre beber y sufrir accidentes». Los estadísticos, pero tras ellos, el Legislador y el Poder Judicial, refuerzan simbólicamente la nueva realidad que puede, o no, tener una base científica en su origen, pero que modifica la vida de la gente en su final. La realidad que acaba de instituir la comisión de sabios, a cuya encomienda dejó el gobierno del PP el estudio sobre la viabilidad de las pensiones públicas, es que, puesto que hay una necesidad histórica, tal la crisis económica, que las hace inviables, deben bajarse sus cuantías y cálculos para que sea posible atender a su derecho a la existencia en la vida real. La puesta en escena teatral del dictamen público de la comisión, que rubrica así su realidad simbólica, nos lo presenta ya como un problema social dado, no construido, legítimamente ubicado, por tanto, junto al resto de las cosas que suben y bajan que constituyen la información en nuestro mundo, y en las que, en hiriente y risible paradoja, como sobre los caballitos de las ferias, bajan y suben a la vez nuestras invisibles, insignificantes y zarandeadas vidas reales.

1. En su ponencia «Educar en la Modernidad Líquida», en un ciclo de conferencias organizada por la Universidad Europea, «Educar para transformar», el pasado 1 de mayo.

2Sur l'État, París, Editions du Seuil, 2013

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