En un capítulo de su Ensayo general sobre lo cómico, Alfonso Sastre estudia casos en que algunos efectos cómicos entran en conflicto con la ética. El ejemplo más común es la risa que nos provoca una caída o una deformidad (un cojo, un jorobado) o un problema funcional (un tartamudo), pero hay otros más difíciles de explicar, porque tienen que ver con la clase social o el sexo. Sosias, de El Anfitrión de Plauto es risible pero porque es esclavo. Del mismo modo que Sancho Panza o los graciosos de la comedia barroca (no tienen ni apellido, no son “hijos de algo”). El caso más extremo que aporta Sastre es el de una desdichada dependienta de una comedia de Alfonso Paso que recibe tortazos de sus patronos a diario. Así que, cuidado con lo que te induce a reír…
Visitas: 46
