Lectura expresiva
- Es beneficiosa porque:
- Ayuda a detectar deficiencias.
- Mejora la variedad entonativa.
- Mejora la comprensión, al delimitar con más claridad la unidad «oración» (unidad de mensaje) o las subordinaciones de tipo lógico (causa, consecuencia, condición…, que son la base del pensamiento)
- Desinhibe la expresión oral.
- Sólo es útil si se generaliza su práctica en todas las áreas y, por tanto, crea en el alumno el hábito, el deseo de superación y reconocimiento y considera su práctica como algo «importante» en la valoración positiva de su evaluación.
- En aras de ello, se sugieren prácticas como las siguientes:
- La lectura en voz alta de un texto diario (sea introductorio y «motivador» de un tema, sea recopilatorio, sea ilustrador de un problema, experimento, caso histórico, etc.). Esta lectura sería improductiva si no se acompañara de sugerencias / correcciones prosódicas del tipo siguiente:
- Necesidad del ritmo lento y moroso en la lectura.
- Necesidad de una vocalización lo más clara posible (animar a los que tienen problemas fisiológicos, de respiración o tartamudeo: normalmente se deben a la timidez, a baja estima por problemas con las risas de los compañeros, a prótesis dentales o al mismo ritmo respiratorio). Si se detecta algún complejo lingüístico, como suelen tener los hablantes ceceístas o los alumnos de origen rural, es conveniente resolverlos recordando que los conceptos «hablar bien» o «hablar mal» son muy relativos y que, en todo caso, para eso están en clase.
- Por lo que se refiere a la entonación de las subordinadas, mencionada al principio, interesa recordar que la línea melódica de una oración completa empieza siempre en un tono algo por debajo del normal, sube en la primera sílaba tónica y se mantiene estable hasta la última tónica en que baja de nuevo. Si hay subordinadas, o enumeraciones o cuñas explicativas, el tono se mantiene en suspenso, algo más alto de lo habitual, hasta que termina la oración y, con ella, el sentido del mensaje. La exageración en estas prácticas no es, en absoluto, mala, aunque pueda parecer en un principio excesivamente teatral.
- Respecto a la detección de problemas, debemos mantener siempre una atención relajada al alumno que vuelve continuamente a leer la misma palabra o a retomar la oración desde el principio como si siempre tuviera miedo a no haberla leído y pronunciado bien. Esto es válido para palabras de uso común; si ocurre con tecnicismos o palabras novedosas para ellos, debe considerarse normal y no síntoma de nada.
- Por último, si es prudente censurar los vulgarismos fonéticos (del tipo «pinicilina», «amoto» o «indición») comunes al habla española peninsular, no lo es censurar rasgos dialectales como el seseo, el ceceo, el yeísmo, las aspiraciones de «h» inicial en palabras que en latín tenían «f» («hierro», «humo», «haba») o las aspiraciones de «s» como marca del plural. Son síntomas de una lengua hablada viva.
- La lectura en voz alta de un texto diario (sea introductorio y «motivador» de un tema, sea recopilatorio, sea ilustrador de un problema, experimento, caso histórico, etc.). Esta lectura sería improductiva si no se acompañara de sugerencias / correcciones prosódicas del tipo siguiente:
Lectura comprensivo-silenciosa
- Es beneficiosa porque:
- Ayuda a crear un ambiente de silencio y reflexión en clase.
- Coadyuva a que los alumnos se «perciban» a sí mismos en el mismo acto del aprendizaje, la lectura y el pensamiento.
- Extiende el acto de leer, gratuito en sí mismo, a todas las áreas, no sólo a la de Lengua y Literatura.
- En aras de ello, se sugieren prácticas como las que siguen:
- Recomendación / obligación de lecturas periódicas (semanal, mensual, trimestral, semestral) de artículos completos de prensa periódica y / o de libros completos.
- A la vista de la gran calidad de las publicaciones relacionadas con las ciencias exactas y experimentales, tanto en papel como en formato digital, se recomienda su gustosa consulta y recomendación tanto en bibliotecas como en internet.
- Contextualización histórica de las enseñanzas de estas ciencias. Es una inercia comúnmente admitida que sólo las ciencias humanas son un producto histórico (historia de la literatura, historia del mundo o de España, historia de la filosofía…) obviando que también lo son las matemáticas, la física, la biología o la geología. En este sentido, sería importante la lectura habitual de biografías de grandes matemáticos (gran sorpresa para muchos, por ejemplo, que el gran Euler recitaba de memoria la Eneida, de Virgilio, en latín), físicos, biólogos… Quedaría constancia, así, de las sucesivas verdades provisionales de la visión científica del mundo (desde el «hombre máquina» hasta la visión, multidimensional, de la biología actual)…
- Recomendación / obligación de lecturas periódicas (semanal, mensual, trimestral, semestral) de artículos completos de prensa periódica y / o de libros completos.
Expresión oral
- Es beneficiosa porque:
- Todo el proceso de enseñanza y aprendizaje se puede resumir en estas cuatro acciones: hablar, escuchar, leer y escribir. Y esto al margen de cualquier tecnología.
- Si bien ha cambiado el concepto a través del tiempo, la dialéctica es, etimológicamente, el arte de conversar, dialogar y discurrir. Y nuestra idea de enseñanaza se supone que es, en este sentido, dialéctica.
- En las situaciones «reales» en que se verán nuestros alumnos cuando ya no lo sean, la expresión oral les será una necesidad vital:
- Entrevistas de trabajo.
- Reivindicaciones laborales.
- Venta y compra de mercancías.
- Órdenes o consignas laborales
- Etcétera.
- En aras de ello se sugieren prácticas como las siguientes:
- Fomentar la naturalidad y la fluidez hablada (para que el consejo de Juan de Valdés en el siglo XVI, tenga aún validez: «se debe escribir como se habla»).
- No censurar los dialectalismos, sí los vulgarismos comunes al español peninsular.
- La práctica cotidiana del diálogo (en el sistema educativo francés hay una suerte de «subasignatura» que se llama, justamente, «dialogue»)
- Diálogo en el circuito exterior de la enseñanza, esto es, de profesor a alumnos y de alumnos a profesor. En esto sentido, diálogo supone no dejar que nadie monopolice la palabra, incluido, por supuesto, el profesor.
- Tal vez no esté mal recordar en este sentido la vieja, e interrumpida, tradición de la Institución Libre de Enseñanza que hacía del diálogo «socrático» un índice de identidad.
- O, quizá, la broma que gustaba a Eugenio d’Ors cuando, según cuentan, terminaba una explicación diciendo: «¿Está claro? Pues ahora, oscurezcámoslo.»
- Diálogo en el circuito interior de la clase. Aclaramos:
- Ejercicios en que los alumnos tengan que cambiar de estilo directo a indirecto («Pedro dijo: «blablabla» y «Pedro dijo que blablabla») con el consiguiente ejercicio en el uso de formas verbales.
- Defensa de una posición y de la contraria (por parte del mismo alumno o de varios) como trabajo individual, exposiciones o respuestas; o como trabajo colectivo, debates o discusiones organizadas.
- Entrevistas a personajes reales (los mismos compañeros, algún profesor: no hay que ir lejos) o imaginarios (políticos reales, personajes históricos), sean del tipo de declaraciones (¿qué piensa usted de…?) o del tipo humano (¿qué libro está usted leyendo ahora…?).
- Debate real o simulado:
- Real: Debe haber moderador, secretario, grupos, esquema de tesis / antítesis y argumentos / pruebas. Con soporte escrito, por tanto y con una fase de preparación.
- Simulado: Debe escogerse bien la situación, ya actual, ya histórica, y los «avatares» que representarán los alumnos. Más fácil, en contra de la apariencia, porque los alumnos están habituados a los juegos de rol.
- Diálogo en el circuito exterior de la enseñanza, esto es, de profesor a alumnos y de alumnos a profesor. En esto sentido, diálogo supone no dejar que nadie monopolice la palabra, incluido, por supuesto, el profesor.
- Ejercicios clásicos como la exposición o conferencia individual o grupal.
- Descripción oral de un objeto, de una fotografía o cuadro, siguiendo el orden occidental: de arriba abajo, de izquierda a derecha.
- Relato oral: a partir de un relato inacabado, de unas condiciones, de finales alternativos…
- Una presentación biográfica («Yo, señor, me llamo Gabriel García Márquez: lo siento, a mí tampoco me gusta ese nombre…» Así se presentaba una vez el premio nobel)
- El fomento de la cortesía oral:
- La cortesía hablada se transmite por contagio e insistencia: si saludamos al entrar y salir, si usamos el «por favor» o el «gracias», los alumnos lo acabarán usando sin que tenga que mediar ningún discurso moral de por medio.
- No obstante, se pueden hacer ejercicios de tipo histórico, ni muy difíciles ni muy alejados de cualquier área (vale a propósito cualquier texto histórico) para comparar el complicado protocolo antiguo para el trato oral, según edad, rango social, saberes académicos, con los actuales. Como la comparación siempre es ventajosa para nosotros, pueden equilibrar los alumnos sus «prejuicios» al respecto.
- Recordar, de nuevo, el viejo protocolo español (por ejemplo, los «Vuesencia Ilustrísima», antes obligatorios en las instancias, o la rara singularidad de que a los licenciados universitarios nos correspondería el llamativo -y a todas luces imposible- tratamiento de «Ilustre») para que saquen los alumnos fácilmente la elegancia de un simple «usted» (que procede, por otro lado de «Vuestra Merced») en situaciones formales o con interlocutores desconocidos, mayores o a los que se reconozca algún tipo de autoridad.
- Usos de otros países, particularmente anglogermánicos, más rígidos y, sin embargo, en uso.
- La censura radical de tacos, terrenales y celestiales. Más que con un criterio moral, con uno lingüístico: cada situación en que se habla exige un habla determinada: unas veces más formal y otras menos.
- Recordar, en todo caso, que para referirse, en cualquier cita o alusión escritas, al autor, debe hacerse con el apellido, o con nombre y apellidos. No con el nombre de pila, costumbre relativamente habitual en los alumnos en comentarios de textos literarios. Por ejemplo, para referirse a Antonio Machado, he leído muchas veces: «como dice Antonio en el verso tal…»
Expresión escrita
- Es beneficiosa porque:
- Pensamiento y expresión van unidos: lo que no está claramente escrito no está claramente pensado. Eso debe considerarse un axioma. No son válidas justificaciones como: «lo sabía, pero no sabía explicarlo».
- Cuidar la expresión escrita es una suerte de «higiene» del conocimiento: al buscar la naturalidad y la pulcritud escritas se desarrolla una «cabeza bien ordenada».
- Realza el valor y provoca el deseo de excelencia en la presentación de trabajos de tipo académico.
- Estimula el deseo de precisión y, por ende, el de adquirir vocabulario.
- En lo concerniente a las ciencias exactas, ayuda a clarificar procesos y resultados: del mismo modo que el enunciado de un problema es verbal, debería poder serlo la explicación de su resolución y sus consecuencias.
- Su práctica ayuda a crear un «estilo» propio de pensamiento, una vía personal al conocimiento.
- En aras de su mejora, se proponen cosas como:
- No cargar las tintas exclusivamente en la corrección ortográfica, porque escribir bien no sólo consiste en no cometer «faltas» (Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez las cometían abundantemente) sino en otras cosas.
- Pero, no obstante, para mejorar la ortografía:
- Búsqueda de la palabra mal escrita en el diccionario.
- En áreas plásticas: elaborar dibujos murales con las faltas más comunes, en forma de cómic, de cartel de propaganda, de «personificaciones» de letras…
- El viejo y nunca bien ponderado dictado (cinco minutos bastan, al comienzo, al final de la clase).
- «Castigar» sólo palabras de uso común, no tecnicismos. El descuento en la calificación debe usarse con mesura: suele crear más rencor que eficacia tiene.
- Crear oraciones con la palabra mal escrita, cuanto más distintas, mejor: así se fomenta la memoria fotográfica (fundamental en ortografía) y se provoca la creatividad.
- Mejorar la coherencia y la cohesión:
- Fomentar el uso del párrafo corto. El párrafo es una unidad de sentido fundamental y muy descuidada. Una idea expresada por completo es un párrafo. Un matiz es un párrafo nuevo. Una cita, argumento o contraargumento es otro párrafo.
- Mejorar la presentación manuscrita («O tempora, o mores!»):
- En serio: debemos ser tajantes en:
- El mantenimiento de los márgenes (un dedo por arriba, abajo y laterales; por lo menos).
- Tachaduras simples: una rayita por encima: quien tiene boca se equivoca.
- Tinta sobria: azul o negra. Adiós al lápiz en los trabajos que hay que presentar.
- Seguir las directrices de la RAE en cuanto al uso estricto de signos alfabéticos. Censurar, pues: mayúsculas, rayas, flechas, asteriscos, subrayados… Tan sencillo como 1. 2 .3… O a) b) c)… Si se quiere enfatizar: las maravillosas comillas, ¡que para eso están!
- Mejorar la presentación en formato digital:
- Deben hablar otros, porque normas, usos y costumbres, incluso en Word, «haberlos, haylos»…
- En serio: debemos ser tajantes en:
- Por su efectividad, y sin cogérnosla (la lengua) con papel de fumar, deberíamos dar consejos, trucos y muletillas a los alumnos para que su escritura mejore en coherencia y unidad:
- «Por un lado…» «Por otro…» «Unos opinan que….» «Otros….»
- «En definitiva», «de entrada» (esta muletilla ganó un referéndum), «en conclusión»…
- Los anafóricos, tan olvidados y tan útiles: «Como dije al principio…», «como explicaré después…»
- «Para acabar, diré que…»: el difícil arte de acabar un escrito con un párrafo de cierre. O para empezar: «Antes de contestar, plantearé en un esquema…»
- Presentar siempre las preguntas (reales o posibles) que se les planteen a los alumnos con variaciones sinonímicas. Por ejemplo, «explicar», «estudiar», «comentar», «analizar», referido a un trabajo sobre un texto, son sinónimos contextuales. Con ello, flexibilizamos su capacidad de comprensión y les transferimos seguridad en su propia capacidad de comprender.
- Buscar el equilibrio entre la homogeneidad (todos deben seguir normas comunes) y el fomento de la originalidad y enfoque personal (cada uno debe mostrar su mejor perfil).
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