Poemas reunidos v2 (título provisional: «Primeras palabras»

Primeras palabras

I

Así debió ser:
Los lugares aún no tenían nombre
y en el bosque no había caminos,
las ramas de los árboles impedian
o propiciaban el paso
y aunque el musgo y el verdín señalaban el Norte
sin error posible,
no encontrábamos la ruta
para llegar a él.
Sólo los claros daban sentido a nuestro caminar.

II

En el bosque, las palabras
eran indistinguibles
en el griterío común.
La maleza era un coro
y el verbo humano se confundía
con el zumbido de los mosquitos
o los ronquidos del ciervo;
En el sobresalto de las noches,
el grito de nuestras pesadillas
se acompasaba con los ululatos de las lechuzas.
Los chillidos y gañidos de las águilas
que rompían la quietud del cielo
respondían al canto de los primeros poetas...

Gruñidos, rugidos, barritos, gorgeos
se acordaban con la voz de los hombres
en un concierto irrepetible:
El silencio era solo un sueño

III

¿Cuál fue la primera palabra:
Hambre, mamá, miedo?
¿O, quizá no una palabra, sino el grito
o el murmullo
de sorpresa ante el trueno o el agua?

¿O más bien eran preguntas
como estas o tal vez otras primordiales:
qué habrá allí,
tras el horizonte, qué velan las nubes?

O, tal vez, en el principio
no fue la palabra, sino el gesto
fatal de alzar la mirada
y erguirnos para echar a andar
para buscar respuestas
antes de hablar y nombrar,
antes de preguntar nada...

Ausencias

En el nombre del padre

Conducido -aún no empujado,
aún no- por la mano amorosa,
firme sobre la espalda
o el hombro, avisando las esquinas,
con liviana presión,
insinuando el giro,
la parada majestuosa
en el centro del salón.

Corazones borrosos

El parque era distinto:
los enamorados ahora
anotaban los números
rojos del amor
en las maderas rojas
de los bancos,
rasgando con furia
sobre las antiguas
flechas borrosas

Ausencias

Eran cosas pensadas,
nunca se hablaban.
A veces, como un olor,
las rastreaba
hasta un lugar
desconocido, pero no olvidado,
y allí se perdía el rastro.
Como el perro en el lugar
en que perdió a su acompañante,
daba vueltas,
gruñía,
se quejaba,
latía
en añoranza sin consuelo:

Palabras que eran olores,
que eran ausencia
que eran silencio,
apenas pensamientos...

Belleza es lejanía

La belleza es lejanía:
el cielo alzado, allá lejos,
las estrellas frías,
el rostro amado, borroso
en el recuerdo
o la fotografía,
su hermosa figura
yendo al encuentro,
de amor y guía...

De cerca, de muy cerca,
tras la lente del saber,
surge la inquietud del caos,
inesperados monstruos,
incendios pavorosos
explosiones terribles...
O poros como cráteres
en la lisa piel de la amada:
la oscura cara oculta
de la luna insomne...

Lejanía de lluvias

¡Qué lejanía de lluvia
me impregna la mirada!
A veces, los ojos
no sirven para ver:
imantados al norte
interior, polo de dentro,
insomnes no ven;
miran, en su lugar,
los recuerdos.

Nombre

Y en el remolino,
la hoja temblorosa de tu nombre,
tal ciego murciélago,
dio contra mi frente.

El tiempo que nos lleva…

El tiempo nos lleva
del calor al frío
(morir es tiritar de miedo)
Por eso me acurruco
en las cuencas de tus manos
que no piensan
(el pensamiento es una llama azul
que no calienta)
Cada amanecer es más invierno
y a eso lo llamamos
estar solo, o tiempo
(morir es tiritar de frío)

Liliata rutilantium

Como los lirios,
blancas sombras sin luz,
flores de luna
con nostalgia de rocío,
alba sin alma,
titilaban las lágrimas.

Todo está lleno de dioses

Todo está lleno de ti:
te respiro, mi piel se eriza
cuando me envuelves
en el viento del Oeste.
Te lamo en el salado
sabor de las lágrimas
que rozan mis labios,
en este llanto silencioso
que me arrebata a veces.
Primero serás el viento
-y lo sabrá mi piel-
Serán después tus manos
-me levantaré y andaré-.
Tus ojos me mirarán más tarde
-el temblor me llevará a tus pupilas-
Por último, quizá, sabré tu nombre.

En el lecho de esta noche

En el lecho de esta noche,
que es un río,
no hay piedras: hay libros,
peces de delirio.
Página a página piso
piedras de papel,
biblioteca sumergida
en que me leo.

Mariposas

Pero la muerte no es
un suceso de la vida.
Por eso las mariposas,
a través de la puerta
entreabierta de la noche,
remontan hacia las luces
azules y arden en las llamas frías:
las del infiernillo de alcohol,
en el incendio helado
de las estrellas fijas
o en la luz celeste del jazmín.

El pan bajo el brazo

También yo 
traía mi pan
bajo el brazo al venir al mundo:
hato de versos y palabras
para este hambre inaudita
de historias, razones y sentido.

Anima mundi

Sal de la cueva del lobo,
alma del mundo,
recrécete hacia fuera,
desborda, boza en agua
la noche quieta.
Y no te quedes nada...

Dos poemas para Carmen

Dos poemas que escribí en Sevilla, en abril de 1992, con motivo del nacimiento prematuro de mi hija Carmen, que no los puede leer…

A mi hija, en el hospital

Anidan ya vencejos
en la copa de esa encina
que planté a tu lado
(ya la habrás visto).
En la horquilla entre los tubos
que llevan airea tu corazón dormido...
Su aleteo inquieto
(pienso a veces que tu corazón es un pájaro)
habrá llenado de rumores
los amaneceres grises
de esa cuna tan fría
en que sueñas ahora...
Los olores del soto
que labré en torno tuyo
a comienzos de abril
(tu padre, agricultor-poeta, ¿qué me dices?)
habrán llegado ya
a tu olfato de cervatillo,
para recordar a tu memoria entre visillos
que es primavera
y que has nacido
y que es miércoles y abril
ya para siempre...

Nana

Vamos a dormir,
mi vida,
a la sombra del fresno,
en la orilla del río.
Vamos a dormir,mi niña,
en la cueva del viento.

Vamos a dormir,
vamos a soñar,
vida de tu padre,
vamos a soñar
la sonrisa de tu madre.

Vamos a dormir,
contentos,
vamos a dormir
en la cueva de los vientos...

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