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De la «guerra híbrida» a la «guerra infinita»
Rafael Bautista S.:
Recientemente, algunos analistas han resaltado el carácter “híbrido” de la guerra que Occidente ha declarado a la Federación Rusa, lo cual pretende destacar la eficiente capacidad que posee una “guerra híbrida” para desatar amenazas múltiples, pero no describe todavía los alarmantes alcances de consecuencias hipercomplejas que está generando la suicida ofensiva imperial. La “guerra híbrida” muestra el modo de implementación de esa ofensiva; pero los propósitos mismos, que ya se hacen incontrolables, manifiestan una lógica que no sólo reafirma su irracionalidad, sino que está operando, hasta por inercia sistémica, algo más preocupante que un caos generalizado. Por eso ya no se trata de un operativo sólo imperial, sino de un fenómeno que sólo puede describirse como una “cruzada global” de Occidente contra el planeta entero (porque, desde la plan-demia y la cuarentena, como Estado de sitio global no declarado, ya no hay mundo, al menos no como el que concibió la Ilustración y el iluminismo). En ese sentido, hay que subrayar el hecho de que la decadencia imperial no está aislada de la decadencia del paradigma civilizatorio que le sostiene. El actual eclipse civilizatorio de Occidente, cuya última restauración la impulsó la modernidad desde 1492, manifiesta dramáticamente el fin del sistema-mundo; lo cual no amerita un festejo ingenuo, porque si el imperialismo desata toda su ofensiva, ya no es para recuperar algo sino para destruir todo. Un Imperio no lucha por algo, lucha por todo y, si ya no puede tenerlo todo, su lucha se resume a que nadie tenga nada.
La “guerra híbrida” describe el modo operativo de la ofensiva, pero no explica lo que realmente se pone en marcha. Como ya no es posible insistir en el poder disuasivo, en tanto que persuasivo, puesto que ya ninguna ofensiva garantiza un éxito ni siquiera circunstancial, porque el mundo es otro, lo que aparece como lógica suicida es la diseminación de la “guerra infinita”. Como ya no es posible ganar, entonces ya no hay objetivo calculable; en tal situación, si salir del laberinto en el que se halla Occidente implica aceptar un mundo compartido y medianamente inclusivo, lo único que queda es meterse más en el laberinto, o sea, desatar la guerra total.Esto significa la “guerra en estado puro”, o sea, la “guerra infinita”. Si antes se concebía a la guerra como la política llevada por otros medios, una “guerra infinita” funcionaliza todo como guerra continuada por todos los medios posibles. Desde Heráclito, la guerra es el principio de todo y, como principio, también es fin. Occidente se reafirma como lo que es: una civilización de muerte. Por eso el fenómeno imperial (en oposición a la narrativa moderna) tiene tradición exclusivamente occidental. Roma instituye esa tradición de modo imperial y es lo que constituye a Europa como categoría geopolítica e impulsora del proyecto moderno. Por eso no es casual la nazificación de Ucrania; para dejar de creer que el nazismo es un fenómeno exclusivamente alemán, cuando responde a la ideología prototípica moderna: el eurocentrismo. Desde las cruzadas hasta la invasión de América y hasta el holocausto, “el otro” siempre ha representado la amenaza que debe aniquilarse para reafirmar a Occidente como la “ciudad de Dios”.Este cristianismo invertido es el que ofrece al Imperio, mediante la evangelización, como fenómeno de conversión inapelable (quien no se somete, se constituye en “otro”, justificando su aniquilación), la mejor herramienta de justificación de las ambiciones expansionistas imperiales. Y es lo que ha de definir muy bien al imperialismo en plena modernidad: el carácter exponencial, es decir, infinito e ilimitado de sus pretensiones sistémicas. Por eso, “el mundo es uno” significa para el Imperio: “el mundo es mío”. Por eso le es imposible concebir un mundo compartido: “si el mundo no es mío, no es para nadie” (recordemos que el straussiano Paul Wolfowitz, ya en 1971, precisaba que, para mantener la hegemonía gringa no se debía vacilar en sufrir cierto daño, mientras los demás salgan mucho más perjudicados).El concepto de “guerra híbrida” sirve para ayudarnos a redefinir las guerras actuales, que ya no son convencionales, por lo tanto, no se les puede comprender y menos enfrentar desde un conocimiento ya extemporáneo. Pero lo que ahora estamos presenciando es la “guerra en estado puro”, que ya no precisa de su magnificación, porque su pureza consiste en desnudar su naturaleza, desequilibrar todo, poner en caos al caos mismo
Fuente:
https://revistas.unam.mx/index.php/archipielago/article/view/85952
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La belleza ¡qué tormento!
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Personas, lugares
"La vida es una cuestión de personas, no de lugares.
Pero para mí la vida es una cuestión de lugares,
y ese es el problema."
Así escribía Wallace Stevens.
"La música es también un lugar", repite el narrador de Barrio Venecia, la novela de Alberto Santamaría.
Con los años – lo estoy descubriendo – los rostros de las personas que hemos conocido, incluso las más importantes, se van difuminando y volviéndose borrosos. A veces, desaparecen. Por el contrario, los lugares se hacen cada vez más vívidos y sus contornos y detalles más claros. Hace tiempo que sueño solo con lugares, habitados por antiguos amores o amigos de caras desdibujadas, como sombras que una vez conocí…
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Auto regalo

Un auto regalo para levantar la moral en esta primera ola de calor. ¡Qué espléndido álbum! (El libro es «Chet Baker piensa en su arte», de Enrique Vila-Matas, y, a pesar del título, no habla de jazz ni de Chet Baker)
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En los oídos de las estrellas
En confusión me pusiera, Sabino, lo que habéis dicho, si ya no estuviera usado a hablar en los oídos de las estrellas, con las cuales comunico mis cuidados y mis ansias las más de las noches, y tengo para mí que son sordas.
Estas palabras pertenecen a De los nombres de Cristo, de Fray Luis de León, escrito en el “español radioactivo” (Lázaro Carreter) cuyo secreto murió con él . Es, desde hace tiempo, mi libro de cabecera y, más allá del tratado de cristología que, formalmente, es, y más acá de la obsesión cristiana (a decir verdad, muy cansina) por dividir la historia del mundo en dos mitades, la de los anuncios y precursores de Cristo y la de la salvación posterior a él. A pesar de las trampas y forzamientos a que se ve obligado (y de las que él mismo parece ser consciente en algunos momentos) de los que abusa continuamente para acarrear pruebas e interpretaciones de esos nombres que son el hilo conductor del libro; a pesar de ello, decía, la sensualidad y música de su prosa son de tal naturaleza que leo sus palabras en un estado hipnótico, como en ese diálogo sordo con las estrellas que soñó tantas veces, motivo de la cita que daba pie a esta nota…
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A Victorian Portrait
1890 when this couple was captured, the camera itself took an exceptionally long time – sometimes as long as fifteen minutes, and holding a smile for that long would definitely be physically challenging!

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Soy un pobre borriquillo
Ficción y realidad en la fotografía
A veces me pregunto por qué en algunas fotografías las personas parecen personajes de película aunque sean seres reales y anónimos. O al revés. Creo que se debe al punto de vista del fotógrafo. Si el fotógrafo mira desde nuestro lado, desde el lado de la gente corriente, la sensación de realidad domina la imagen: no hay actores, no hay poses. Esto es lo que (casi) siempre ocurre con las fotos de mi amigo @Indiefotog.
Por el contrario, con las fotos, por ejemplo, de Nan Goldin (una gran fotógrafa y activista), me ocurre que sólo veo ficción, no realidad, a pesar de que ella sólo fotografiaba a amigos o gente de la calle y de su intención de testimonio y denuncia. Aún no sé por qué me ocurre esto: ¿es, tal vez, la pretensión de «hacer arte» lo que distorsiona la mirada del artista y la del observador?
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Apollinaire et ses amis
Marie Laurencin et Guillaume Apollinaire se rencontrent par le biais de Pablo Picasso en 1907. S’ensuivent cinq années d’une relation tourmentée avant que, lassée par des infidélités nombreuses, Marie Laurencin ne prenne définitivement ses distances. Dans son testament, elle demandera néanmoins à ce qu’on glisse entre ses mains une rose blanche et une lettre d’amour du poète.

MARIE, PAR GUILLAUME APOLLINAIRE.
Vous y dansiez petite fille
Y danserez-vous mère-grand
C’est la maclotte qui sautille
Toute les cloches sonneront
Quand donc reviendrez-vous Marie
Les masques sont silencieux
Et la musique est si lointaine
Qu’elle semble venir des cieux
Oui je veux vous aimer mais vous aimer à peine
Et mon mal est délicieux
Les brebis s’en vont dans la neige
Flocons de laine et ceux d’argent
Des soldats passent et que n’ai-je
Un cœur à moi ce cœur changeant
Changeant et puis encor que sais-je
Sais-je où s’en iront tes cheveux
Crépus comme mer qui moutonne
Sais-je où s’en iront tes cheveux
Et tes mains feuilles de l’automne
Que jonchent aussi nos aveux
Je passais au bord de la Seine
Un livre ancien sous le bras
Le fleuve est pareil à ma peine
Il s’écoule et ne tarit pas
Quand donc finira la semaine
Extrait de Alcools, 1913.

Groupe d’amis (1908), par Marie Laurencin. Musée de Baltimore.

Apollinaire et ses amis (1909), par Marie Laurencin. Musée Pouchkine, Moscou.
Fuente: Ne dormirai jamais
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