La era del greenwashing

Las grandes marcas de ropa han abrazado el greenwashing para intentar convencer a las personas consumidoras de que están minimizando su impacto. Una iniciativa de Carro de Combate, Setem y Campaña Ropa Limpia quiere concienciar sobre las trampas publicitarias de la industria

Imagen/foto

Durante los últimos años, han surgido varias denominaciones para referirse a la era actual. Algunos la han llamado el antropoceno, por la importante huella que las actividades humanas han tenido sobre nuestro planeta. Otros la llaman ‘capitaloceno’, para resaltar que la huella está realmente producida por el capitalismo. Todas estas denominaciones definen bien lo que han sido las últimas décadas de nuestra historia, especialmente a partir de mediados del siglo XX. Pero durante los últimos años se podría decir que hemos entrado en una nueva era, respuesta de las anteriores a la mayor preocupación socioambiental de la sociedad: la era del greenwashing.

Dice la Unión Europea que más de la mitad de los reclamos publicitarios de sostenibilidad son vagos, engañosos, o están basados en información sin fundamento. Estos últimos son los más importantes: un 40% de esos eslóganes no tienen ningún tipo de evidencia que los sostenga. Además, de los 230 sellos de sostenibilidad que hay en la Unión Europea, la mitad tienen sistemas de verificación débiles o directamente no tienen ninguno.

Y la moda, una de las industrias más contaminantes hoy en día, es uno de sus mayores exponentes. Entrar en una tienda de la llamada moda rápida, marcas que venden ropa barata, generalmente de baja calidad, es como hacer un master acelerado en greenwashing. Reclamos de telas producidas con materiales reciclados, colecciones con algodón ecológico u otras materias primas orgánicas, y grandes carteles con fotografías de agricultores en países del Sur Global a los que supuestamente ayudan con sus producciones.

Lavado de ropa (informe de Carro de combate)

Visitas: 140

Madres, hijas (hijos)

Es realmente abrumador, y aburrido, el volumen de ficciones -literarias y cinematográficas- que tienen como eje las relaciones entre padres e hijos. Y no solo me refiero a los universos imaginarios, sino también al ensayo psicoanalítico, a las interpretaciones simbólicas, a las interacciones criminales: parricidios, filicidios, luchas y traiciones en cuyo origen están las herencias…

El hijo es siempre el patrimonio del padre, su espejo oscuro, el súbdito del apellido, el clan o el escudo. La oportunidad neurótica de corregir los errores propios en el niño, literalmente su segunda oportunidad, convierten esa relación neurótica en una fuente interminable de conflictos y tristezas, de dramas y vidas revocables o desperdiciadas frente a un modelo de imposible cumplimiento.

Por eso es tan refrescante encontrar una selección de relatos, realizada por Laura Freixas (Madres e hijas) que se ocupan del universo escondido, invisibilizado, de las madres y las hijas. Ese mundo en el que no hay herencias ni apellidos, ni espejos correctores, aunque sí, ¡quién puede evitarlo!, sufrimientos o desamor, abandonos y cuidados. Sobre todo cuidados: es la hija (o la sobrina, la prima, la nieta) la que acoge y mima, la depositaria de los recuerdos, la guardiana de la memoria.

Y la que lucha y defiende. Recuerdo, de mi trabajo como profesor y tutor, relatos familiares en los que una madre admirable, exprimiendo un tiempo escaso, trabajaba y protegía, y venía a hablar conmigo de su hija estudiante, con una sonrisa radiante que borraba las ojeras de su cansancio. La madre mágica, también, la que intuye los traspiés de la hija, sus soledades y alegrías.

Hay un hilo matrilineal, invisible casi siempre para el resto de la familia, que zurce la existencia de las mujeres y solo podemos adivinar si somos capaces de oír su lenguaje ancestral, los hombres, tan sordos. Un poco como aquella lengua críptica, solo transmitida de madres a hijas, que en China sirvió de soporte a las mujeres en su resistencia ante los abusos de los hombres, durante siglos. Ojalá que libros como el de la Freixas sean un síntoma de un desvelamiento que empieza, tan necesario, de los secretos de ese jardín cerrado…

Visitas: 160

El silencioso lenguaje de una herida

Un plato blanco, con flores rojas pintadas en los bordes, ocupa el centro de la fotografía. A los lados, cuchara, tenedor y cuchillo anuncian que la mesa está servida. No veo lo que hay fuera del cuadro, pero lo supongo: una jarra, un vaso, una servilleta, un salero. Hasta ahí llega la composición de la foto porque algo me impide extender la vista. El plato y los cubiertos reposan sobre un tablón negro que parece flotar y esa escena es inquietante. Ya no puedo apreciarlos como lo que son. Quiero entender qué significan.

Doy vuelta a la fotografía en busca de respuestas y leo: “María Gloria Holguín espera a su hijo Carlos Emilio Torres, desaparecido en Medellín en el año 2002”.

El retrato es el de una espera densa y profunda representada todos los días por María Gloria en el comedor familiar.

El silencioso lenguaje de una herida

Visitas: 161

En torno a la persona y lo sagrado / 3

En la capa léxica del lenguaje siempre hay una guerra. Quien gana, gana el poder de nombrar la realidad, de crearla.

Más allá de las instituciones destinadas a proteger la ley, las personas, las libertades democráticas, es necesario inventar otras destinadas a discernir y abolir todo lo que, en la vida contemporánea, aplasta las almas bajo la injusticia, la mentira y la fealdad.

«Persona» también se aplica a Dios, no nos conviene. Pero «justicia», «verdad», «belleza» sí. porque aunque estén en el espacio celeste de los lenguajes, no se desgastan: el poder no sabe qué hacer con ellas, no se dejan torcer.

Dice Weil:

Cuando hablamos del poder de las palabras se trata siempre de un poder ilusorio y erróneo. Pero, por efecto de una disposición providencial, hay ciertas palabras que, si se hace un buen uso de ellas, poseen en sí mismas la virtud de iluminar y elevar hacia el bien. Son palabras a las que corresponde una perfección absoluta, inasible para nosotros. La virtud de iluminar y de atraer hacia lo más alto reside en estas palabras mismas, en estas palabras como tales, no en ninguna concepción. Pues hacer buen uso de ellas es ante todo evitar cualquier concepción que les corresponda. Lo que expresan es inconcebible. Dios y verdad están entre estas palabras. También justicia, amor, bien. Es peligroso usar estas palabras. Su uso es una ordalía.

Pero tienen el inestimable poder de restaurar lo sagrado en nosotros.

Visitas: 126

En torno a la persona y lo sagrado / 2

«Persona» se entiende aquí en el significado aristotélico: ‘máscara ‘. Su correlato social jurídico es el Derecho, que Simone también rechaza.

Persona y Derecho son ideas necesarias para el poder y, particularmente, para el poder engañoso que llamamos democracia. La persona «tiene derecho a», «reclama», «rei-vin-di-ca»…

Frente a ello, el ser humano-aún -no-persona, un niño, por ejemplo, grita: ¡esto no es justo! Y lo echa en cara a la madre, al maestro, al patrón.

El niño es preferible a la persona, la justicia es preferible al derecho.

Visitas: 167

En la frontera

Mis colaboraciones en Frontera Digital siguen vivas, así que este libro también. El volumen reúne mis publicaciones en esta revista, decana de la internet española, desde julio de 2013 hasta hoy. Los textos son algo más extensos de lo que es habitual en mí y muestran una mayor «erudición dulce», a caballo entre lo filológico y lo filosófico

Visitas: 96