Un naufragio de hoy en día

Sigo rescatando viejos escritos, por mor de darles una segunda vida. Este es de mayo del 2012…

Un naufragio de hoy en día – Claros en el bosque

Barco atracado

Disfruté mucho leyendo un reportaje de Florence Aubenas, «Quai de la galère», en el ejemplar de Le Monde del jueves. Soy lector sin remedio de periódicos y, como todos los de mi hermandad, estoy preocupado, no por la crisis publicitaria que viven, sino por el hastío que provoca la naturaleza clónica y previsible de sus contenidos y la escritura chata, y aburrida, tan común en los  textos periodísticos contemporáneos, a menudo también plagados de errores, muletillas y eufemismos bienpensantes.

No es el caso de este ejemplar reportaje, en el que su autora -una periodista de raza, sin duda- cautiva al lector desde la elección de la percha inicial hasta el melancólico final. No me resisto a citar algunos fragmentos, a glosarlo y a interpretarlo, a compartirlo con los amigos del blog. Florence Aubenas nos mete desde la primera línea en el comedor de oficales de un barco varado:

«El camarero entra ceremonioso en el comedor de oficiales y sirve un plato de lentejas con carne de cordero. Bajo el retrato de la familia real marroquí, un reloj marca el mediodía, la hora inexcusable de la comida a bordo del Bni N’Sar. Cerca de la piscina vacía, unos marineros enlustran un pontón, el oficial mecánico cacharrea con los motores, cada cual en su tarea, todos los cordajes en su sitio, como si no pasara nada.»

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Cumpleaños extendido

Siguiendo una tradición iniciada por mi querido Charles Root y seguida por mí, inauguro mi cumpleaños extendido en torno al día 23, fecha oficial de los fastos. Así tendréis tiempo para los regalos 

;-)

 Enlazo una entrada que, con el mismo motivo, publiqué el 2018. Vale, amici!

Osuna, 1956 – Claros en el bosque

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Pienso, como Eugenio Trías, que la falta de recuerdos de nuestra vida prenatal es una carencia, filosófica y vital. A ella se unen los pocos y difusos recuerdos del nacimiento y la primera infancia. La mayor parte de ellos, además, son imágenes recreadas de lo que nos han contado los padres o los hermanos mayores: una ficción, en realidad. Yo…

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Sobre la violencia

Todos somos violentos

No sé decir exactamente qué me sedujo de este texto de Chiaramonte, el socialista libertario de Basilicate, que me llevó a traducirlo en el 2016. Aunque por la fecha de publicación (1969, el año del «otoño caliente» italiano, calientes también aún las brasas del 68 francés, prólogo de las luchas sociales en Polonia o Argentina; él mismo veterano luchador en la Guerra Civil española…) puedo adivinar su sensibilidad estoica ante el fenómeno de la violencia. Puedo, también, entender la decisión de Olvier Favier de traducirlo y publicarlo en su blog, en una Francia tan atenazada ahora mismo entre el miedo, las algaradas callejeras y la violencia institucional. Quizá sea porque me sedujo desde el comienzo su definición de violencia humana: «la rebelión instintiva contra el hecho de encontrarse encerrado en una condición no elegida, la de una criatura que sufre ante todo…». O quizá la sorpresa de ver considerado a Prometeo como el ejecutor del primer acto violento y transgresor de nuestra cultura, movido por su deseo de ayudar a estas criaturas menesterosas e irascibles que somos los humanos, tantas veces poseídos por el sueño de la dominación y el poder, pero también por la sabiduría resignada de reconocer nuestros límites, de refrenarnos con las bridas de la sensatez. Juzgue el lector y amigo por su propia cuenta, si es que este texto llega también a seducirlo…

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Selon le désir

«Selon le désir», L’Anarchie, no 16, 27 juillet 1905. Catulle Mendès

Selon le désir

« Voyez les roses, les belles roses, les belles roses blanches, les roses blanches, toutes fraîches de rosée ! » Elle va par les rues, par les boulevards ; devant elle, sur l’éventaire de planches qui lui pend du cou, elle a, par touffes, et par touffes, les magnifiques fleurs. « Voyez les roses, les belles roses blanches… » Elle est grande, et très belle, d’une beauté forte et très saine qui lui emplit la jupe à la soulever, le corsage à le crever ; et dans sa franche face grasse s’ouvre violemment la pivoine de sa bouche, sous une tignasse tassée et tordue de cheveux roux d’un roux de safran rouge. « … les roses blanches, toutes fraîches de rosée ! » Un gardien de la paix lui dit : « Vendez, ne criez pas, on vous dit de ne pas crier. » Elle ne daigne pas se taire. « Voyez les roses, les belles roses, les belles roses blanches, les roses blanches toutes fraîches de rosée ! »

(…)

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El estornino de Mozart

El mimetismo del estornino no tiene nada de extraño, se encuentra entre los mejores imitadores de la tierra, incluida la voz humana. Pero ¿cómo aprendió el estornino de la tienda la melodía de Mozart? La composición era un secreto absoluto y no estaba previsto que se interpretara en público hasta mediados de junio, cuando se estrenaría bajo la dirección de Mozart con la joven y dotada estudiante para quien la compuso, Barbara Ployer, al piano

El estornino de Mozart

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12 de abril de 1784, Innere Stadt, Viena. Mozart se sienta en el pequeño escritorio de su piso, moja la pluma y anota el precioso Concierto para piano n.o 17 en sol en su registro de obras terminadas. Se trata de la 453. a composición completa de Mozart; tenía veintinueve años.

26 de mayo. Mozart recibe la confirmación de su padre, Leopold, de que la copia del concierto que había enviado por carruaje postal ha llegado sana y salva a Salzburgo. Wolfgang le contesta que está ansioso por conocer la opinión de su padre sobre esta obra y las otras piezas que ha enviado; no le urge tenerlas de vuelta “mientras nadie más se haga con ellas”. Mozart siempre se mostró un poco paranoico ante la posibilidad de que su música cayera en manos equivocadas y la imitara o robara un compositor de menor categoría.[1]

En cuanto a lo que sucedió después, hay muchas posibilidades. Pero probablemente fue algo así:

27 de mayo, Grabenstrasse. A Mozart se le bajan las medias hasta los tobillos y se detiene en la bulliciosa calle para subírselas. Mientras introduce la fina seda bajo los puños del pantalón, le sorprende escuchar una canción silbada. Es una melodía alegre y agradable, un fragmento hermoso que le resulta familiar. Mozart tarda un momento en recuperarse de la conmoción que le produce escuchar el estribillo, pero finalmente sigue la procedencia de la canción. Los silbidos se repiten y lo guían calle abajo hasta la puerta abierta de una pajarería. Allí ve un estornino enjaulado que salta al borde de la percha, ladea la cabeza y se queda mirando atentamente los ojos del maestro, piando con calidez. ¡El pájaro coqueteaba! Y, si había algo a lo que Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart respondía, era al coqueteo.

Mozart: Concierto para piano n.o 17 en sol

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Dejar que el lenguaje pese

Del blog de Víctor Gómez Pin

El ensayista, narrador y músico francés Pascal Quignard, apostando a que el lenguaje tiene la capacidad de multiplicar los poros de la realidad, a fin de impregnarla de forma exhaustiva, reducirla y hacer de toda cosa palabra,   pone a prueba esta convicción de la única manera posible, a saber, en  la práctica literaria, de tal manera que la literatura viene a ser como el laboratorio dónde se pone a prueba una tesis filosófica. Y el autor, digamos, nos hace cómplices del método que adopta. “Yo hago lo siguiente: dejo que sea el lenguaje mismo el que pese, piense, penda, dependa” (Pascal Quignard, Las sombras errantes. Swann-Ensayo Shangrila)

En el caso de Quignard, este proceder se traduce en  prodigiosos párrafos en los que la lengua francesa se hace (incluso para el lector formado en ella) temible, por irreductible a la ayuda que puede proporcionar un diccionario; párrafos en los que la lengua parece hurgar por vez primera en lo dado, no tanto intentando encontrar la palabra para el hecho, como intentando elevar este último a la categoría de palabra: “Todo sin excepción, incluso lo más ruin, una vez nombrado, incrementa su existencia, acentúa su independencia, viene a ser suntuoso”( Les solidarités  mystérieuses, Gallimard Paris p.193.).

Y un personaje sirve de ocasión para ilustrar tal tesis, Juliette, a quien la condición de profesora de ciencias naturales sirve de pretexto para decir el mundo: “La escuchaba (…) hablar y nombrar de una manera tan sencilla y firme. Dios es verdaderamente el Verbo”. Obviamente no es Quignard el único escritor caracterizado por esta disposición. He aquí lo que, al respecto, escribe un grande entre los grandes:

«Ocurre algo loco, en verdad, en torno al hablar y el escribir. La auténtica conversación es un mero juego de palabras. Solo cabe asombrarse por la equivocación ridícula de la gente, que cree que habla en relación con cosas. Lo que es precisamente lo más propio del lenguaje (el hecho de que solo se ocupa de sí mismo) no lo sabe nadie.
Por esta razón es un misterio tan asombroso y tan fecundo que uno, al hablar solo por hablar, enuncie precisamente las verdades más grandiosas, las más originales. En cambio, si quiere hablar de algo determinado, entonces el chistoso lenguaje le hace decir las cosas más ridículas y erradas. De aquí proviene también el odio que tienen tantas personas serias contra el lenguaje. Advierten su ligereza, pero no advierten que ese despreciable charlar es el lado infinitivamente serio del lenguaje. Si uno pudiera siquiera hacerle entender a la gente que con el lenguaje ocurre lo mismo que con las fórmulas matemáticas… Estas constituyen un mundo en sí mismas; juegan solo consigo mismas; no expresan sino su maravillosa naturaleza y precisamente por eso son tan expresivas – precisamente por eso se espeja en ellas el singular juego de relaciones de las cosas. Solo por su libertad son miembros de la naturaleza y solo en sus movimientos libres el alma del mundo se manifiesta y las hace delicada medida y modelo de las cosas. De igual modo ocurre con el lenguaje: aquel que tiene un sentimiento refinado de su digitación, de su compás, de su espíritu musical, aquel que oye en sí mismo el delicado efecto de su naturaleza interior y mueve luego la lengua o la mano, este será un profeta; por el contrario, aquel que sepa sobre él pero no tenga el oído y la percepción necesarias escribirá verdades como esta pero el lenguaje mismo le tomará el pelo y los hombres se burlarán de él como hacían los troyanos con Casandra. Aunque yo crea haber indicado con esto la naturaleza y la misión de la poesía de la manera más clara, sé, sin embargo, que no lo puede entender persona alguna y que he dicho algo muy tonto, ya que quise decirlo y ninguna poesía surge de este modo. Pero ¿cómo sería esto si yo hubiera estado forzado a hablar?; ¿si este impulso lingüístico de hablar fuera el rasgo distintivo de la inspiración del lenguaje, de la eficacia del lenguaje en mí?; ¿si mi voluntad solo quisiera aquello que yo estuviera forzado a hacer? ¿Podría, entonces, ser esto finalmente poesía sin que yo lo supiera o lo creyera?, ¿y haber hecho comprensible un misterio del lenguaje?, ¿y yo sería, entonces, un escritor competente, ya que un escritor, acaso, no es más que un poseído por el lenguaje?”

(Novalis, «Monólogo», citado por Roberto Calasso, «La literatura y los dioses», Anagrama)

Es algo casi elemental. Si la capacidad para el lenguaje singulariza al animal humano, este será tanto más fiel a su naturaleza cuanto más permita que el   lenguaje se despliegue sin cortapisas, lleve al acto sus diversas potencialidades: desde las meramente funcionales (aquellas que le acercan mayormente a un código de señales, poniéndose al servicio de causas exteriores) hasta las cognoscitivas y creativas. contraer

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Contra el trabajo

La fuerza de trabajo motor del desarrollo; la clase obrera fuera de todo control: este es el proyecto práctico en el que trabajar.


[PDF descargable aquí]

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Y este es también un proyecto de poder que parte del rechazo del trabajo. La clase obrera no quiere administrar la organización del trabajo, solo quiere rechazarla; esta es la razón por la cual hoy el poder no significa «toma del poder», dirección sobre la sociedad, gestión constructiva del desarrollo.

Dejamos por completo al capital y a su clase política el desarrollo económico y las formas institucionales del control y del equilibrio: el Estado; a los trabajadores el rechazo del trabajo y la insubordinación permanente, el desorden organizado. Dejamos por completo al capital y a su clase política gestionar esta fase histórica en la que todavía tenemos que trabajar. No queremos administrar el trabajo y la coacción al trabajo: toda esa mierda para el capital y para su clase política. Para los trabajadores, el rechazo del trabajo, que también quiere decir inducción constante en el capital de la dinámica que conduce al desarrollo, que conduce a la reducción del trabajo vivo, el reemplazo del trabajo vivo con máquinas, la introducción de técnicas de producción automáticas que cada vez más absorben la función de producir y abren la posibilidad de subvertir la relación trabajo-capital hasta la raíz: abolir el trabajo. Machines do not go on strike, dice el capital.

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