Los indígenas luchan contra las múltiples amenazas que acechan su hogar. La voracidad de la deforestación, los incendios forestales, el narcotráfico y la contaminación de los ríos ponen en peligro su tierra sagrada. Con valentía y conexión ancestral, estos guardianes de la selva resisten, protegiendo el pulmón del planeta y defendiendo su derecho a vivir en armonía con la naturaleza. En fronterad estamos encantados de haber apoyado desde el inicio esta gran iniciativa de nuestros colegas bolivianos de la revista Nómadas, y de abrir hoy nuestra segunda entrega de agosto con esta crónica, y acoger en su integridad el espléndido especial elaborado por ellos dedicado a quienes resisten desde Bolivia la muerte de la Amazonía, que es como decir contra la destrucción del mundo
Comparto el decir de don Manuel Azaña: en España no se piensa con ideas sino con sonsonetes. No se entiende de otra forma que en una tierra árida y sin lluvias dejen secar la mayor laguna de Doñana, un parque rodeado de pozos ilegales, o que con una capa freática sobreexplotada se sigan multiplicando los cultivos de frutos rojos bajo plástico. La gran Nazareth Castro lo explica aquí muy bien.
Si no llueve, seguirá sin haber agua por más pantanos que hagamos. Nuestra soberbia prometeica parece habernos alejado tanto de la realidad como para olvidar que dependemos de la lluvia, sobre todo cuando, en las últimas décadas, los tradicionales cultivos de secano se han sustituido por un modelo agrícola intensivo en su uso de agua y de agroquímicos. Un modelo, por cierto, que produce no para alimentar a la población local, sino fundamentalmente para exportar a los países del norte de Europa.
Los trabajos desempeñados tradicionalmente por mujeres acarrean para ellas una serie de consecuencias físicas y psicológicas derivadas de la brecha de género. Estas enfermedades laborales aún no están reconocidas.
No soy un gran conocedor, ni siquiera un gran lector de novela negra o policiaca. Los que sí lo son me provocan cierta curiosidad morbosa, lo que me hace preguntarme a veces «¿qué me estoy perdiendo?»
En primer lugar, debo reconocer con humildad que me pierdo a menudo en las tramas investigativas complejas, del mismo modo que me he aturdido siempre con las adivinanzas. A pesar de mis dotes para la especulación filosófica o mi relación cordial con la poesía, debo reconocer que en gran medida tengo una «mente simple»…
En segundo lugar, sospecho que los creadores de estas historias, y sus lectores, tienen a su favor el prestigio de la lógica; me explico: uno de los resultados más valorados de las historias de investigaciones detectivescas es el de hacernos sentir inteligentes, como sus protagonistas y sus creadores. ¿Se me entenderá bien si llamo a esto «efecto contagio»?
Si es así ¿debo interpretar, en contrario, lo que me sucede? Es decir, que mi disgusto con este género literario proviene del hecho de que, tal como me pasaba con las adivinanzas, me hace sentir torpe?
O se trata de mi rechazo natural a los relatos en los que la maldad y la muerte son los protagonistas? Tengo que dar algunas vueltas más a esto…
Molly Bloom’s soliloquy, with which Joyce’s «Ulysses» ends, is fascinating. Not because of its literary or lyrical nature – on the contrary, it is vulgar English – but because of the freedom in the evocations and ramblings of her insomnia with which Marion summons the dream…. Throughout the monologue, the memories of her passionate sexual relationship with Hugh Boylan and the incurable nostalgia for her native Gibraltar stands out… Here is the final excerpt:
…I love flowers I’d love to have the whole place swimming in roses God of heaven there’s nothing like nature the wild mountains then the sea and the waves rushing then the beautiful country with fields of oats and wheat and all kinds of things and all the fine cattle going about that would do your heart good to see rivers and lakes and flowers all sorts of shapes and smells and colours springing up even out of the ditches primroses and violets nature it is as for them saying there’s no God I wouldn’t give a snap of my two fingers for all their learning why don’t they go and create something I often asked him atheists or whatever they call themselves go and wash the cobbles off themselves first then they go howling for the priest and they dying and why why because they’re afraid of hell on account of their bad conscience ah yes I know them well who was the first person in the universe before there was anybody that made it all who ah that they don’t know neither do I so there you are they might as well try to stop the sun from rising tomorrow the sun shines for you he said the day we were lying among the rhododendrons on Howth head in the grey tweed suit and his straw hat the day I got him to propose to me yes first I gave him the bit of seedcake out of my mouth and it was leapyear like now yes 16 years ago my God after that long kiss I near lost my breath yes he said was a flower of the mountain yes so we are flowers all a woman’s body yes that was one true thing he said in his life and the sun shines for you today yes that was why I liked him because I saw he understood or felt what a woman is and I knew I could always get round him and I gave him all the pleasure I could leading him on till he asked me to say yes and I wouldn’t answer first only looked out over the sea and the sky I was thinking of so many things he didn’t know of Mulvey and Mr Stanhope and Hester and father and old captain Groves and the sailors playing all birds fly and I say stoop and washing up dishes they called it on the pier and the sentry in front of the governors house with the thing round his white helmet poor devil half roasted and the Spanish girls laughing in their shawls and their tall combs and the auctions in the morning the Greeks and the Jews and the Arabs and the devil knows who else from all the ends of Europe and Duke street and the fowl market all clucking outside Larby Sharans and the poor donkeys slipping half asleep and the vague fellows in the cloaks asleep in the shade on the steps and the big wheels of the carts of the bulls and the old castle thousands of years old yes and those handsome Moors all in white and turbans like kings asking you to sit down in their little bit of a shop and Ronda with the old windows of the posadas glancing eyes a lattice hid for her lover to kiss the iron and the wineshops half open at night and the castanets and the night we missed the boat at Algeciras the watchman going about serene with his lamp and O that awful deepdown torrent O and the sea the sea crimson sometimes like fire and the glorious sunsets and the figtrees in the Alameda gardens yes and all the queer little streets and pink and blue and yellow houses and the rosegardens and the jessamine and geraniums and cactuses and Gibraltar as a girl where I was a Flower of the mountain yes when I put the rose in my hair like the Andalusian girls used or shall I wear a red yes and how he kissed me under the Moorish wall and I thought well as well him as another and then I asked him with my eyes to ask again yes and then he asked me would I yes to say yes my mountain flower and first I put my arms around him yes and drew him down Jo me so he could feel my breasts all perfume yes and his heart was going like mad and yes I said yes I will Yes.
Música de Javi Sanmartín, letra de Rosa M.Artero. Interpretada por Quesia, Antonio Selfa y Javi Sanmartín. Grabada el 21 de Mayo de 2014 en Lalia (Valencia) por el Baúl de Trompetillas (con la ayuda de Marcelo Y Rosa).
A la sombra el olivo enmudece, trae la brisa silbando canciones, el laurel y el acanto se mecen, las abejas bailando las flores y la radio los amores.
Una densa neblina aparece sopla el viento y levanta la tarde, los jazmines volando se pierden, ya resguarda el nogal los rosales, cae la noche y llueve a mares.
Bien regado el jardín, amanece, en la mesa acuarelas azules, ella pinta una taza de leche, el dibuja una playa con nubes, y en la higuera las hojas se mueven, hay oculto allí un pájaro verde, que quiere que te recuerde.
Recientemente, algunos analistas han resaltado el carácter “híbrido” de la guerra que Occidente ha declarado a la Federación Rusa, lo cual pretende destacar la eficiente capacidad que posee una “guerra híbrida” para desatar amenazas múltiples, pero no describe todavía los alarmantes alcances de consecuencias hipercomplejas que está generando la suicida ofensiva imperial. La “guerra híbrida” muestra el modo de implementación de esa ofensiva; pero los propósitos mismos, que ya se hacen incontrolables, manifiestan una lógica que no sólo reafirma su irracionalidad, sino que está operando, hasta por inercia sistémica, algo más preocupante que un caos generalizado. Por eso ya no se trata de un operativo sólo imperial, sino de un fenómeno que sólo puede describirse como una “cruzada global” de Occidente contra el planeta entero (porque, desde la plan-demia y la cuarentena, como Estado de sitio global no declarado, ya no hay mundo, al menos no como el que concibió la Ilustración y el iluminismo). En ese sentido, hay que subrayar el hecho de que la decadencia imperial no está aislada de la decadencia del paradigma civilizatorio que le sostiene. El actual eclipse civilizatorio de Occidente, cuya última restauración la impulsó la modernidad desde 1492, manifiesta dramáticamente el fin del sistema-mundo; lo cual no amerita un festejo ingenuo, porque si el imperialismo desata toda su ofensiva, ya no es para recuperar algo sino para destruir todo. Un Imperio no lucha por algo, lucha por todo y, si ya no puede tenerlo todo, su lucha se resume a que nadie tenga nada.
La “guerra híbrida” describe el modo operativo de la ofensiva, pero no explica lo que realmente se pone en marcha. Como ya no es posible insistir en el poder disuasivo, en tanto que persuasivo, puesto que ya ninguna ofensiva garantiza un éxito ni siquiera circunstancial, porque el mundo es otro, lo que aparece como lógica suicida es la diseminación de la “guerra infinita”. Como ya no es posible ganar, entonces ya no hay objetivo calculable; en tal situación, si salir del laberinto en el que se halla Occidente implica aceptar un mundo compartido y medianamente inclusivo, lo único que queda es meterse más en el laberinto, o sea, desatar la guerra total.Esto significa la “guerra en estado puro”, o sea, la “guerra infinita”. Si antes se concebía a la guerra como la política llevada por otros medios, una “guerra infinita” funcionaliza todo como guerra continuada por todos los medios posibles. Desde Heráclito, la guerra es el principio de todo y, como principio, también es fin. Occidente se reafirma como lo que es: una civilización de muerte. Por eso el fenómeno imperial (en oposición a la narrativa moderna) tiene tradición exclusivamente occidental. Roma instituye esa tradición de modo imperial y es lo que constituye a Europa como categoría geopolítica e impulsora del proyecto moderno. Por eso no es casual la nazificación de Ucrania; para dejar de creer que el nazismo es un fenómeno exclusivamente alemán, cuando responde a la ideología prototípica moderna: el eurocentrismo. Desde las cruzadas hasta la invasión de América y hasta el holocausto, “el otro” siempre ha representado la amenaza que debe aniquilarse para reafirmar a Occidente como la “ciudad de Dios”.Este cristianismo invertido es el que ofrece al Imperio, mediante la evangelización, como fenómeno de conversión inapelable (quien no se somete, se constituye en “otro”, justificando su aniquilación), la mejor herramienta de justificación de las ambiciones expansionistas imperiales. Y es lo que ha de definir muy bien al imperialismo en plena modernidad: el carácter exponencial, es decir, infinito e ilimitado de sus pretensiones sistémicas. Por eso, “el mundo es uno” significa para el Imperio: “el mundo es mío”. Por eso le es imposible concebir un mundo compartido: “si el mundo no es mío, no es para nadie” (recordemos que el straussiano Paul Wolfowitz, ya en 1971, precisaba que, para mantener la hegemonía gringa no se debía vacilar en sufrir cierto daño, mientras los demás salgan mucho más perjudicados).El concepto de “guerra híbrida” sirve para ayudarnos a redefinir las guerras actuales, que ya no son convencionales, por lo tanto, no se les puede comprender y menos enfrentar desde un conocimiento ya extemporáneo. Pero lo que ahora estamos presenciando es la “guerra en estado puro”, que ya no precisa de su magnificación, porque su pureza consiste en desnudar su naturaleza, desequilibrar todo, poner en caos al caos mismo