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La vida buena
Las preguntas sobre en qué consiste una vida digna para los seres humanos son siempre insidiosas y están enmarañadas con los prejuicios ideológicos, filosóficos o religiosos de quien las hace o de quien las responde. Eso propicia que, por ejemplo, la lucha por la vida, por la subsistencia mediante el trabajo, su búsqueda, el miedo a su pérdida nos distrae, a veces de forma definitiva, de eso que podemos llamar, para entendernos, tener una vida digna, una vida buena.
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Dones
Antes de la aparición del dinero, numerosas sociedades complejas ordenaban su vida económica de forma significativa mediante dones y el intercambio de éstos.
De modo que si el dinero tuvo un principio, también tendrá un fin, aunque nuestros ojos no vean el final de su sucio imperio…
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Los cinco reinos y la república en medio del planeta
Pienso para mí que un proceso parecido, y paralelo, fue creando las cancillerías y aduanas que vigilan la institución del "yo" y sus territorios, sus defensas o agresiones y violaciones… Pero de esas otras fronteras hablaré otro día.
Así terminaba el post que dedicaba a las fronteras. Sigue pendiente la continuación, pero, mientras tanto, os dejo esta cita de Antonio Tabuchi (Sostiene Pereira), al hilo de mis propias ideas sobre el particular:
“Creer que somos uno que tiene existencia por sí mismo, desligado de la inconmensurable pluralidad de los propios yoes, representa una ilusión, por lo demás, ingenua. La personalidad es como una confederación de varias almas, porque nosotros tenemos varias almas dentro de nosotros. Una confederación que se pone bajo el control de un yo hegemónico”
Antonio Tabucchi.
La cita aparece en este otro artículo que publica Viento Sur sobre la ecodependencia, muy claro y bien argumentado:
Ecodependencia: salvar los cinco reinos para construir una república en medio del planeta
¿Quiénes somos? Al responder a esta pregunta las personas solemos seleccionar una serie de fragmentos de nuestra vida que consideramos nos representan (procedencia, edad, estudios, profesión, gustos, activismos…). Nos esforzamos por resumir y comprimir nuestra identidad de forma que resulte comprensible. En Sostiene Pereira, la novela de Antonio Tabucchi, hay un pasaje donde un médico habla de la personalidad como una confederación de almas, sosteniendo que todas las personas construimos nuestra identidad sobre una pluralidad de sentimientos de pertenencia.
En nuestro interior conviven múltiples ideas y vínculos que van cambiando, evolucionando y ganando protagonismo en función del contexto y la situación. Somos una multitud disimulada bajo un rostro, que además convive en un cuerpo inseparable de otros cuerpos. Toda persona forma parte de una familia, de redes de amistad, asociaciones, instituciones…; y es que nuestra propia biografía resulta inexplicable sin aludir a otras personas. La interdependencia es la base de la sociabilidad, los cimientos que nos construyen como sociedades.
Continuará…
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Que chova!
Que chova -con «ch» fuerte y explosiva, como la pronuncian gallegos y portugueses- forte e prolongado! Que esta lluvia que cae por el sur es, más que nada, chirimiri y orvallo, fina, tenue y delicada. En cierto sentido, una lluvia demagógica para una tierra seca y sedienta. Como alimentar a un hambriento con barritas de regaliz y caramelos…
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Crítico de salón ( «The Parlor Critic», George Bellows, 1921)

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Pérdidas extrañas
Hay gente que vive continuamente en el carril de adelantamiento. Yo los envidio: su determinación, su valor, su fe en ganar espacios, su voluntad de ir siempre adelante…
Yo no soy así. Tiendo a rezagarme en la cola contemplando con morosidad el paisaje. Cuando me quedo solo, sin ganas de acelerar, tomo el primer desvío hacia cualquier lugar, sin ningún objetivo ni meta. Y así acabé en estas pérdidas extrañas, encendiendo este fuego en las noches frías, mirando las estrellas, tiritando a ratos…
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Playing
I am fascinated by the English verb «to play». He has a seductive polysemy that makes him oscillate between playing a game and musical interpretation. The two contents are contagious, as in the real world: the game, subject to guidelines, rules and rhythm, and the music extracted from an instrument with which it is also «played», because creation is, above all, game and fun…
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Nos sobran lágrimas, nos sobra alegría
Recordando, con este fragmento, una interesante -o eso cree uno- reflexión que dedicamos a la moral anarquista según Kropotkin hace unos años. La enlazo abajo.
El tercer elemento del triángulo de la moral anarquista es el más delicado de razonar, pero es al que Kropotkin dedica quizá más espacio. Es un principio que rehuye incluso un nombre, de tal manera que su concepto mismo resbala entre ellos: magnanimidad, desprendimiento, deber, magnificiencia… Incluye a veces el sacrificio. Pero pese a lo que parece, es un concepto que se hincha de alegría, fuerza, energía desbordadora. Hay unas palabras (de Guyau, un hoy desconocido autor francés) que el príncipe anarquista repite en varias ocasiones: «nos sobran lágrimas, nos sobra alegría». Para repartirlas, pues:
Toda energía acumulada ejerce presión sobre los obstáculos colocados ante ella. Poder obrar es deber obrar. Y toda esa obligación moral, de la cual se ha hablado y escrito tanto, despojada de toda suerte de misticismos, se reduce a esta verdadera concepción: la vida no puede mantenerse sino es a condición de esparcirse. (…) Lo mismo le sucede al ser humano cuando está pletórico de fuerza y de energía. La fuerza se acumula en él; esparce su vida, da sin contar, sin lo cual no viviría; y si debe perecer, como la flor, deshojándose, no importa: la savia sube, si la hay.
Sé fuerte: desborda de energía intelectual y pasional, y verterás sobre los otros tu inteligencia, tu amor, tu actividad.
He ahí a lo que se reduce toda la enseñanza moral, despojada de las hipocresías del ascetismo oriental.
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Vida salvaje
La idealización de la «vida salvaje» nos lleva a muchos equívocos . El pacto brutal de los perros y los hombres, ha hecho que estos lejanos descendientes del lobo hayan transgredido leyes naturales como atacar y matar a miembros de su especie a cambio de comida y protección. Basta, para entender la segunda naturaleza adquirida junto a nosotros, ver la placidez con que duerme un animal doméstico en su casa humana, sin ese miedo y alerta continuos a que los somete el hambre y el acecho de los depredadores. La vida ahí fuera puede ser un auténtico infierno…
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