Si estás en un puente
¿sabes qué pasa?
Que la corriente
se vuelve mansa.
Busca los puentes:
son paladines
contra la muerte.
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Blog de Manuel Jiménez Friaza
Si estás en un puente
¿sabes qué pasa?
Que la corriente
se vuelve mansa.
Busca los puentes:
son paladines
contra la muerte.
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(…)
De entre las muchas concepciones divergentes del hecho lingüístico, tiene importancia mayor la polaridad entre la concepción ambientalista y la concepción innatista. La primera considera que al igual que un niño aprende a nadar o a usar instrumentos, aprende asimismo a hablar. El aprendizaje del lenguaje sería una expresión entre otras de las capacidades cognitivas del animal humano. Estas capacidades no sólo dependen del contexto (cosa que también acepta la posición innatista), sino que en gran medida son forjadas por el contexto. Lo verdaderamente específico del lenguaje no se daría en el ser humano que viene al mundo, sino que le sería transferido desde el entorno social en el que se mueve.
Por el contrario, la posición innatista, sin negar la importancia del entorno, considera que al abrirse a la lengua materna lo que un niño efectúa es implementar, en un marco cultural concreto, unas capacidades heredadas, que comparte con los demás seres humanos y sólo con estos. Aprende una lengua determinada, como resultado de que los datos característicos de la misma responden a la estructura general que ya posee. Por ejemplo: siendo ese niño portador potencial del conjunto de elementos fonéticos de cualquier lengua, ello le permite reconocerse por igual en la fonética del inglés o del chino, aunque ciertamente si se concentra solo en una de ellas… progresivamente perderá su potencialidad de implementar la otra. De hecho, también los ambientalistas se ven forzados a aceptar que únicamente el ser humano se halla biológicamente dotado para aprender a hablar, y ello en razón del fracaso de las tentativas por lograr que un delfín o un chimpancé adquieran el mínimo de recursos lingüísticos que un niño adquiere con toda facilidad.
Como antes decía hay en estas columnas un sesgo a favor de la tesis innatista, pero más allá de la dificultad para seguir a los lingüistas en los meandros de sus discusiones técnicas, el soporte de esta reflexión no es otro que el estupor que provoca el singularísimo hecho del lenguaje, es decir, un filtro que mediatiza toda presencia exterior e interior y que, en razón de ello, parece realmente tener la dignidad de ese verbo que, según el mito, un día tomó forma de hombre.
No cabe racionalmente discutir sobre si el verbo se hizo carne, pero siendo, como es, indiscutible que nosotros representamos una singular vida de la cual emerge el verbo, cabe perfectamente preguntarse cómo tal cosa ocurrió. Cabe preguntarse por la razón de que en el registro genético se operara esa revolución por la cual a los instintos que reflejan simplemente la tendencia de la vida a perseverar, se sumó el referido «instinto de lenguaje», tendencia no tanto a conservar la vida, como a conservar una vida impregnada por las palabras. Y el carácter subversivo de este nuevo instinto se refleja en el hecho de que puede llegar a no ser compatible con los instintos directamente vitales, tal como sucede cuando, bajo amenaza de tortura o muerte, un ser humano no traiciona convicciones forjadas en la complicidad de una palabra compartida.
Apostar por una legitimación genética de la hipótesis según la cual el hombre, y sólo el hombre, posee un dispositivo que lo capacita para el lenguaje, equivale apostar por el peso de las palabras, sin por ello hipotecarlas buscando su matriz en un ser trascendente. Palabras quizás sin Dios, pero no por ello menos portadoras de una promesa de plenitud de la cual es indicio la disposición de espíritu de narradores y poetas en el acto creativo. Nuestra condición de seres de palabra posibilita que, con plena lucidez, repudiando toda esperanza incompatible con el buen juicio, podamos sentir que nos motivan objetivos no subordinados al mero persistir; podamos sentir que la finitud inherente a los entes naturales y por consiguiente también a los seres vivos, siendo lo inevitable, no es sin embargo lo único que cuenta.
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Esta canción es original de Chicho Sánchez Ferlosio. Aquí transcribimos la versión de Silvia Pérez Cruz, ligeramente distinta y, después, la de Ferlosio. El vídeo que añadimos al final es de una espectacular actuación de Silvia Pérez Cruz.
Cuando canta el gallo negro
Es que ya se acaba el día
Si cantara el gallo rojo
Otro gallo cantaría (cantaría)
Si cantara el gallo rojo
Otro gallo cantaría
Ay, si es que yo miento
Que el cantar de mi canto
Lo borre el viento
Ay, que desencanto
Si me borrara el viento
Lo que yo canto
Se encontraron en la arena
Los dos gallos frente a frente
El gallo negro era grande
Pero el rojo era valiente
El gallo negro era grande
Pero el rojo era valiente.
Ay, si es que yo miento
Que el cantar de mi canto
Lo borre el viento
Ay, qué desencanto
Si me borrara el viento
Lo que yo canto.
Se miraron cara a cara
Y atacó el negro primero
El gallo rojo es valiente
Pero el negro es traicionero.
Ay, si es que yo miento
Que el cantar de mi canto
Lo borre el viento.
Ay, qué desencanto
Si me borrara el viento
Lo que yo canto.
Gallo negro, gallo negro
Gallo negro te lo advierto:
No se rinde un gallo rojo
Más que cuando está ya muerto
No se rinde un gallo rojo
Más que cuando está ya muerto.
Ay, si es que yo miento
Que el cantar de mi canto
Lo borre el viento.
Ay, qué desencanto (desencanto)
Si me borrara el viento
Lo que yo canto.

Letra original de Chicho Sánchez Ferlosio:
Cuando canta el gallo negro
es que ya se acaba el día.
Si cantara el gallo rojo
otro gallo cantaría.
Ay, si es que yo miento,
que el cantar que yo canto (1)
lo borre el viento.
Ay, qué desencanto
si me borrara el viento
lo que yo canto.
Se encontraron en la arena
los dos gallos frente a frente.
El gallo negro era grande
pero el rojo era valiente.
Se miraron cara a cara (2)
y atacó el negro primero.
El gallo rojo es valiente
pero el negro es traicionero.
Gallo negro, gallo negro,
gallo negro, te lo advierto:
no se rinde un gallo rojo
mas que cuando está ya muerto.
(1) Sílvia Pérez Cruz canta «que el cantar que yo cante».
(2) Sílvia Pérez Cruz canta «se miraron a la cara».
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La vista es el sentido humano por antonomasia: por decirlo en francés, con una palabra muy asentada y conocida, somos «voyeurs». Con la mirada nos comemos el mundo, literalmente. Los renacentistas tenían una elaborada teoría sobre el amor en la que los ojos inoculaban la enfermedad: no hay miradas inocentes…. Pero hay también una mirada interior encargada de ver lo invisible, de adivinarlo, y en ese sentido somos «voyants», videntes. Esos ojos ilocalizables marcan el destino del poeta o del artista, su señal de Caín que lo convierte en habitante del ensueño, ese mundo sonámbulo que es nuestra verdadera patria…
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Los contemporáneos han convertido el erotismo en algo mecánico y deportivo, la pornografía ha trasladado el sexo a la gélida región de las cosas sin espíritu, donde ya habitaba también el amor…
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Versión en castellano de Antonio Resines. Allen Ginsberg nació en Nueva Jersey en 1926, y murió en Nueva York en 1997.

A LOS PUNKS DE DAWLISH
Vuestro pelo eléctrico es bellísimo oro como el del muchacho del Día Gay de Blake
alzáis las manos para vuestra crucifixión industrial
Ganáis 45 libras a la semana en la cadena de producción
y 15 se van en impuestos, la bomba nuclear de la Sra. Tatcher se inflama
La Dama de Hierro aniquila vuestras fuerzas & horas vuestras libras y orgullo
esparce orina radiactiva sobre vuestros pastos de ovejas salpicados de setas
«Contra la burguesía» enfrentáis vuestra insolencia & disfraces primorosos
Contra el Establishment Monetario vais en vuestros Pogos saltarines hasta
vuestras bandas de garaje
Tras una humorística esclavitud en la fábrica electrónica
os ponéis imperdibles de plata en la nariz, aretes de oro en las orejas
habláis con el profesor en el tren de Plymouth, preguntándole
«¿Pudre la marihuana el cerebro como dicen los periódicos, insiste la
televisión?»
Trágicos y malditos muchachos balanceándose en un vagón de ferrocarril en
el Litoral
de Cornwall, ¡suerte a vuestra danzarina revolución!
Con hermosos cuerpos como los muchachos de dorados cabellos de Oxford
Vuestra ira es más elegante que la mayor parte de las consideraciones de
labios fruncidos de Cambridge,
vuestras bocas están más llenas de jerga & besos que las de los juiciosos
degustadores de té
de Eton que cuchichean sobre sus bollos & crema cuajada
conspirando para gobernar vuestra música cargar de impuestos vuestro
trabajo personal &
castigar vuestro descarado discurso con un Acta de Secretos Oficiales
18 noviembre 1979
TO THE PUNKS OF DAWLISH
Your electric hair’s beautiful gold as Blake’s Glad Day boy,
you raise your arms for industrial crucifixion
You get 45 Pounds a week on the Production line
and 15 goes to taxes, Mrs. Thatcher’s nuclear womb swells
The Iron Lady devours your powers & hours your pounds and
pride &
scatters radioactive urine on your mushroom dotted sheep fields.
«Against the Bourgeois!» you raise your lip & dandy costume
Against the Money Establishment you Pogo to garage bands
After humorous slavery in th’ electric factory
put silver pins in your nose, gold rings in your ears
talk to the Professor on the Plymouth train, asking
«Marijuana rots your brain like it says in the papers, insists on
the telly?»
Cursed tragic kids rocking in a rail car on the Cornwall
Coastline, Luck to your dancing revolution!
With bodies beautiful as the gold blond lads’ of Oxford
Your rage is more elegant than most purse-lipped considerations
of Cambridge,
your mouths more full of slang & kisses than tea-sipping wits
of Eton whispering over scones & clotted cream
conspiring to govern your music tax your body labor &
chasten your impudent speech with an Official Secrets
Act.
November 18, 1979
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Decía Victoria Cirlot en una entrevista:
Antes del Renacimiento, antes de Alberti, el objeto pictórico era lo invisible. Desde Alberti el objeto pictórico se redujo a lo que el ojo físico podía ver. Naturalmente esto es muy reduccionista… siempre han existido personalidades, los tiempos históricos son tremendamente híbridos… Con todo, las vanguardias rompieron claramente con los preceptos renacentistas y con Kandinsky, por ejemplo, como dijera Michel Henry, volvemos “a ver lo invisible”. En nuestro mundo, Bill Viola ha afirmado que “siempre estuvo decidido a ver lo invisible.” Su arte es también un claro ejemplo de mostrar lo invisible.
Victoria Cirlot: «En el arte se ha refugiado lo sagrado de la existencia humana»
Deciamos nosotros en otra entrada de este blog:
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En La perla de Steinbeck, que estoy releyendo, un escorpión pica a Coyotito, el niño de la pareja protagonista, Juana y Kino, un pescador de perlas. Tras un intento de succionar el veneno con la boca, Juana se empeña en llevarlo al médico del pueblo, aun convencida de que no querrá atenderlo, siendo, como es, ambicioso, ignorante y racista (y siendo ellos, como son, indios pobres). Así ocurre, en efecto. Juana, mientras espera en la barca la recuperación indecisa del hijo, recuerda, con remordimiento, que antes no rezó por su recuperación, sino por que Kino encontrara una perla valiosa para poder pagar al médico.. Así de insustanciales y torpes son los pensamientos y decisiones humanas en nuestro mundo dominado por el poder del dinero y de los especialistas…
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El Embarque para Citera es una historia de amor alegórica en su máxima expresión. ¿Qué mejor lugar podría haber elegido Watteau para los jóvenes amantes que Citera, la hermosa isla griega del amor?

Los historiadores siguen debatiendo si los peregrinos se dirigen a la isla o se preparan para partir. La mayoría se inclina por la partida. Sea cual sea el lugar, un grupo de parejas jóvenes disfruta de otra en la isla de densa vegetación.
La atención se centra en tres parejas en particular que ocupan el centro a la derecha. La pareja sentada está absorta en una conversación coqueta y la pareja de pie se prepara para ocupar su lugar en el barco. El último admirador ayuda al objeto de su afecto. Otras parejas felices suben al barco. Fíjense en los cupidos que revolotean alrededor de la embarcación, están entusiasmados con el viaje de los enamorados.
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