Niños palestinos en una escuela improvisada para refugiados durante la Nakba en 1948. / Hanini.org

Comenta mi amigo hosh a propósito de esta fotografía:

I like that it is showing a school, because with all that’s been going down, I have a feeling that when Europeans visualize Palestinians, they have one of two images in their heads: either poor victims in rags, with blood on their faces, or cut-throat fanatics, with blood on their hands. And it’s important to remember that in different circumstances they achieve excellence and reach the top of their professions.  Indeed some of these are my neighbours. So that’s the real tragedy of it, and, when we look at these poor kids in the photo, we should imagine also their potential, if only they had been dealt a better hand of cards.

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Ese oscuro objeto del deseo

Siempre que en una reunión entre amigos surgían palabras de encomio hacia un artista nuevo que alguien daba a conocer, un cuadro, un poema, Rodolfo decía:

– Bueno, sí, no está mal. En realidad, todos sabemos hacer alguna cosa bien, muy bien o extremadamente bien, pero lo difícil, la verdadera genialidad, es saberlo vender…

Muchas veces he recordado la boutade de mi viejo amigo, que me resultaba algo así como una verdad incómoda, más que como un ejemplo de cinismo provocador. Y lo recuerdo siempre, paradójicamente, cuando surge el tema del arte puro, el arte insobornable del verdadero artista, el carácter único del genio. A la dificultad para ganar dinero con la la literatura debemos un libro como el Quijote, el gran best-seller de Cervantes que, en una de las muchas muestras de su fino humor, lo compra en su misma ficción como obra original del morisco Cide Hamete Benengeli, quedando él, en un distanciamiento sorprendente, como un simple traductor.

Desde la aparición triunfante de la burguesía, la relación del artista con su obra y el público consumidor es una relación problemática, conflictiva y está siempre mediada por el precio y el dinero: el objeto artístico, el oscuro objeto de la creación, es una mercancía más en el gran bazar del mundo.

Leyendo una desconocida novela de Rafael Cansinos-Assens, La huelga de los poetas (aunque la referencia de Cansinos fue una huelga de periodistas), he vuelto a encontrar este tema, debatido con cierto estrépito. En un momento dado, exclama el Poeta -Periodista:

Y un arte que no tiene precio, un arte que se empeña en no colocar sus creaciones al nivel de las cosas que tienen un precio, es un arte que devora al artista

El valor y el precio, ahí es nada: el problema que intentó Marx desentrañar a lo largo de su vida… Si nos dejamos llevar, podemos preguntarnos si el objeto artístico es bueno o malo, o caro o barato, o una cosa debida a la otra. Y si el precio se disparata, ¿es porque es una genialidad o es una genialidad por el disparate de su precio? La publicidad así lo ha sugerido en muchas ocasiones. En España hubo un anuncio de una marca de turrón, repetido durante años en Navidad, que apostillaba “el turrón más caro del mundo”.

A estas alturas del mundo parece casi imposible sustraernos a la persuasión del dinero, el precio y el consumo de arte como una mercancía más del supermercado. Por eso no le faltaba razón a Cansinos al reclamar un precio justo por el poema, el artículo, el cuadro o el plato de cerámica. A la gloria y la posteridad que les vayan dando…

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Del trabajo a casa y de casa al trabajo

Perón hizo popular un eslogan en su "década prodigiosa", entendible como una fórmula condensada de paz social que pretendía con el apoyo del sindicato único que lo apoyaba y en el que se apoyó: "De casa al trabajo y del trabajo a casa". A decir verdad, todos los regímenes lo han reivindicado, también hoy. Pero los tiempos no acompañan ni apoyan ahora este sueño de los dictadores, y la gente ya está muy escarmentada, a pesar de la propaganda insidiosa d,e la productividad, el ensalzamiento de la figura de los empresarios o la necesidad perentoria de las horas extras y los mini-empleos….

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Sweet and silly

Time, with its selective forgetfulness has a powerful analgesic effect, as we all know (if you don’t know it yet, you’ll discover it soon).  As my time as a teacher moves away, I am assailed by memories of that time, sweet and silly, at the most inopportune hours.  This morning, for example, I had the memory of a 14 year old boy ( I was teaching his class at 8 o’clock in the morning) who was waiting for me in the hallway on the way to his classroom and he received me saying things like this: «How handsome you are today Don Manuel! 

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Magia

Entre saberes olvidados como el de Paracelso y los científicos actuales hay una fuerte unidad de fines: el intento de dominar la naturaleza mediante el conocimiento. Pero hay algo importante que se ha perdido desde los alquimistas hasta ahora: la búsqueda de las relaciones secretas, de naturaleza analógica, entre el microcosmos y el macrocosmos, el hombre y el universo. En otro tiempo se llamó magia…

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Escaparates

La lectura de uno de los pecios de Campo de retamas, de Rafael Sánchez Ferlosio, me ha hecho recordar mi relación infantil con los escaparates. Ferlosio se recuerda mirando el de una ferretería, con la frente apoyada en el cristal, embelesado pensando cuántas de las herramientas y materiales que veía allí se compraría.

Yo me recuerdo así en el escaparate de una cuchillería que tenía el escabroso nombre de “Sindicato del crimen”. Me veo mirando con fijación morbosa las enormes navajas albaceteñas, los finos estiletes de despliegue automático o los inquietantes cuchillos jamoneros. Aunque la persistencia fija de ese escaparate y ese nombre me obligó a preguntar a algunos coetáneos por tal tienda y nadie la recordaba. Así que su fijeza onírica y la falta de otros testimonios me ha hecho pensar en una imagen desprendida de un sueño, pues ¿qué es la vida, al decir de Anne Carson, sino una cadena de sueños?

Los otros escaparates anclados en mi memoria son más comunes y previsibles: los de las jugueterías en Navidad. El niño que miraba obsesivamente pegado al frío cristal era un niño pobre cuya casa visitaban, en las madrugadas heladas de enero, Reyes Magos también pobres. De la fascinación de esos escaparates, al contrario del que describía al principio, me libré pronto, con cierto alivio, todo hay que decirlo…

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The Crossing: Carols after a Plague

 The Crossing: Carols after a Plague | Catalogue | New Focus Recordings

Philadelphia based contemporary music choir The Crossing releases Carols after a Plague, a collection of works by twelve composers that responds to our collective experience of the last few years navigating the pandemic, as well as grappling with the fraught issues of our time. In characteristic fashion, The Crossing, led by conductor Donald Nally, finds ways to create projects that connect music to our shared experience, with the beauty of human voices providing the glue for this timeless communal experience.

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Por aquí, por allí

Por un lado están los viajeros forzosos: migrantes sociales, climáticos. Los huidos en busca de refugio, acogida, asilo… Tantos y tantos exilios. Luego están las insomnes masas de turistas, los ilusos del viaje de iluminación y descubrimiento. Y los estudiantes coloniales, coleccionistas de Master… Una agitación continua y en crecimiento se transmite inquieta por toda la colmena.

Hay quien se va lejos para quitarse las espinitas, como dicen por aquí, por donde vivo. Está, por fin, el viajero interior, buscándose por dentro, por aquí, por allí, saliendo al encuentro de los otros en los libros, en los sueños…

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