Osuna, 1956

Y no sólo en lo personal: todo indica que los estados y los pueblos se están metiendo en un berenjenal del que, me temo, ni la suerte ni los dioses, ni ningún cumpleaños los van a sacar. En ese berenjenal están entreveradas las amenazas asimovianas de las IAs, los distintos rearmes, convencionales y nucleares, y las consiguientes guerras que traerán (los martillos solo saben hablar a martillazos) o las previsibles enfermedades y plagas venideras, o el desastre anunciado del clima y la escasez de agua con las hambrunas que acarrearán…

En mi caso, a la falta de expectativas del futuro se une la nula nostalgia de los distintos pasados que ya he vivido: ¿quién echaría de menos la vida de pobre en una pueblo andaluz lleno de señoritos y de curas en el tardofranquismo? ¿O la encerrona -atado y bien atado- de la restauración monárquica posterior? ¿O, si se me apura, esta España de nuevos ricos y fachas en la que cumplo años?

Eso sí: no me ha abandonado aún la curiosidad por el mundo que, en el recuerdo de mi madre, me hizo nacer con prisas y sin hacerme de rogar ni hacer ruido. Un deseo insaciable de mirar, leer y saber que me ha mantenido vivo hasta ahora. Así que aquí seguimos, dando guerra, sea de ello lo que sea en estos tiempos trágicos y bobos, pues así son todas las tragedias ridículas.

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