La trampa (de Hegel y la) de Tucídides

Para entender esta expresión que ha puesto de moda Xi Jinping cuando, en el encuentro con Trump en el Gran Salón del Pueblo de Beijing, le preguntó al presidente norteamericano- que puso cara de no enterarse de nada-: “¿Pueden China y Estados Unidos superar la trampa de Tucídides?”, sigamos la clara definición del diario Clarín:

La “trampa de Tucídides” es un término popularizado en la última década por el politólogo de Harvard, Graham Allison, quien se basó en los escritos del historiador griego Tucídides sobre la Guerra del Peloponeso en el siglo V a.C.

La premisa es tan simple como aterradora: cuando una potencia emergente (como fue Atenas) amenaza con desplazar a una potencia establecida (como era Esparta), el estrés estructural resultante hace que un enfrentamiento armado sea casi inevitable. En el contexto actual, China ocupa el rol de la potencia que asciende velozmente en términos económicos y tecnológicos, mientras que Estados Unidos representa el orden establecido que observa con recelo este cambio en el equilibrio de poder mundial.

Villacañas abunda en otra perspectiva: con el enfrentamiento todos pierden -como le pasó a Esparta-, con la colaboración todos ganan. Esta última posición es la que mantiene China, la primera es la que, por ahora, sostiene Estados Unidos. Nuestro autor habla de otra “trampa”, la de Hegel, el filósofo que depositaba la soberanía en el estado y no en el pueblo. Para él, la burocracia que detenta el poder chino busca de siempre la autosuficiencia económica, como condición del bienestar social. Algo que choca frontalmente con la actitud beligerante y expansionista de Estados Unidos. ¿Nos lleva esto a una confrontación mundial de naturaleza apocalíptica? El autor parece decantarse por ello.

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