Según Rosa Navarro Durán, “En la maleta que encuentra don Quijote en Sierra Morena y que registra Sancho hay «un librillo de memoria, ricamente guarnecido» —que luego sabremos que es del Roto o Cardenio—, donde están escritos versos y cartas. En él, aprovechando su papel en blanco, don Quijote escribirá la carta para Dulcinea y la libranza pollinesca para Sancho. Y hay también un librillo de memoria en otra maleta o valija, esta vez robada y no hallada: la del francés al que «desvalija» Cortado. Si a ambos unimos el que tiene Dorotea —la de Lope—, como le dice Gerarda a don Bela: «en oyendo un vocablo exquisito, le escribe en un librillo de memoria»”
Los librillos de memoria debieron ser de uso corriente, pues de hacer caso a la definición del Diccionario de Autoridades, era «El librito que se suele traer en la faltriquera, cuyas hojas están embetunadas y en blanco, y en él se incluye una pluma de metal, en cuya punta se ingiere un pedazo agudo de piedra lápiz, con la cual se anota en el librito todo aquello que no se quiere fiar a la fragilidad de la memoria».
Apostilla Rosa Navarro: “Quizás Cervantes gozaba de tan buena memoria como su don Quijote, al que le tapian la biblioteca y puede proseguir sus aventuras que imitan las de los libros de caballerías leídos; pero no sería raro que hubiera tenido, como Cardenio o como el francés desvalijado por Cortado, un librito de memoria, donde fuera anotando lo que le llamara la atención en sus muchas lecturas.”
Todo esto viene a cuento de una serie de coincidencias de lecturas que, de un modo u otro, tocan el tema de los cuadernos de notas, o agendas usadas como memorandos de apuntes o incluso diarios, que me han hecho pensar, movido por la curiosidad, en la importancia -muchas veces fetichista- de estos cuadernos donde, al decir del Diccionario “se anota todo aquello que no se quiere fiar a la fragilidad de la memoria”.
Jillian Hess es una profesora de la Universidad de New York que lleva dos décadas investigando “cientos de cuadernos de notas” y compartiendo los más interesantes con sus lectores. ¡Nunca hubiera sospechado que existiera un ámbito de estudio tan fértil centrado en algo tan humilde -y privado- como estos objetos cotidianos que en nuestros literarios siglos de oro se llamaban “librillos de memoria”!
De los cuadernos compartidos por Jillian Hess, me llaman la atención especialmente los que mezclan texto e imágenes (visual books) y, sobremanera, los de Sylvia Plath, “brillante escritora y talentosa artista visual”. Según la investigadora neoyorquina:
Plath no sólo llenaba sus diarios de bocetos, sino que creaba elaborados álbumes de recortes para documentar su vida. Pintó llamativas obras de arte abstracto. Expresó sus opiniones políticas en un collage con el rostro de Eisenhower en el centro. Estaba obsesionada con el color rojo.
Diary entry for June 21-22, 1947Diary entry for June 21-22, 1947
Los diarios, otro instrumento para combatir la fragilidad de la memoria, en efecto, para llevar en la faltriquera junto al lápiz con que poder atrapar el momento fugitivo, el recuerdo que huye, la intuición luminosa, el desmayado proyecto apenas planificado…
El último libro de John Banville (sentimos un pudoroso rechazo a llamarlo novela) lleva como título “La alquimia del tiempo” y como subtítulo “un memoir dublinés” Memoir es un término de ambigua traducción al español. El The American Heritage® Dictionary of the English Language da varias acepciones, pero todas giran en torno a estas dos.
noun
An account of the personal experiences of an author.
An autobiography
Pero creo que el caleidoscopio de recuerdos de Dublín que se encadenan y mezclan en este memoir, junto a reflexiones inquietantes sobre la naturaleza de la realidad y la memoria, se entienden sobre todo en el titulo del capítulo introductorio, que responde al nombre de About time, una expresión que, además de “A propósito del tiempo”, tiene el significado de “ya iba siendo hora”.
No hay mejor manera de empezar un librillo de memorias que con esta conminación a no dejar pasar más tiempo sin anotar lo que debemos recordar o intentar hacer antes de que el viento del olvido lo barra y borre todo…
Una respuesta a «La fragilidad de la memoria»