No hay que olvidar nunca las lecciones de la lengua. Como bien recuerda Antoni Doménech (El eclipse de la fraternidad), «homo», en el latín medieval, llegó a tener el significado de «siervo» o «esclavo» , de donde «homenaje», el reconocimiento del vasallo a su señor.
En tiempos del humanismo críptico y alienado como los que vivimos, esta mínima lección de etimología, nos advierte de lo cercana que vuelve a estar nuestra condición del «homenaje» medieval : sumisión, consentimiento respecto a los amos. El olvido de la fraternidad es solo una de sus manifestaciones
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