En torno a la persona y lo sagrado / 3

En la capa léxica del lenguaje siempre hay una guerra. Quien gana, gana el poder de nombrar la realidad, de crearla.

Más allá de las instituciones destinadas a proteger la ley, las personas, las libertades democráticas, es necesario inventar otras destinadas a discernir y abolir todo lo que, en la vida contemporánea, aplasta las almas bajo la injusticia, la mentira y la fealdad.

«Persona» también se aplica a Dios, no nos conviene. Pero «justicia», «verdad», «belleza» sí. porque aunque estén en el espacio celeste de los lenguajes, no se desgastan: el poder no sabe qué hacer con ellas, no se dejan torcer.

Dice Weil:

Cuando hablamos del poder de las palabras se trata siempre de un poder ilusorio y erróneo. Pero, por efecto de una disposición providencial, hay ciertas palabras que, si se hace un buen uso de ellas, poseen en sí mismas la virtud de iluminar y elevar hacia el bien. Son palabras a las que corresponde una perfección absoluta, inasible para nosotros. La virtud de iluminar y de atraer hacia lo más alto reside en estas palabras mismas, en estas palabras como tales, no en ninguna concepción. Pues hacer buen uso de ellas es ante todo evitar cualquier concepción que les corresponda. Lo que expresan es inconcebible. Dios y verdad están entre estas palabras. También justicia, amor, bien. Es peligroso usar estas palabras. Su uso es una ordalía.

Pero tienen el inestimable poder de restaurar lo sagrado en nosotros.

Visitas: 105

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.