Los síndromes de son engañosos porque aparentemente explican muchas cosas, pero de una forma tan superficial que, en realidad, no explican nada. Se parecen, en ese sentido, a los refranes y las frases hechas, solo que su uso tiene el prestigio de la cultura.
Por ejemplo, este síndrome de Fregoli -que debe su nombre a un célebre transformista italiano- alude a gente que tiene la convicción de que quienes les rodean son, en realidad, una única persona que se camufla o cambia de apariencia hasta parecer muchos. Los que lo padecen se han persuadido de que se enfrentan a un impostor que usa el cuerpo de otros para engañarnos. (Leído en Delphine de Vigan, Les figurants)
Es poderosamente extraño y me resulta difícil imaginar a quiénes -salvo que sean actores- se podría aplicar. Aunque bien mirado, es una manera de entender el desafecto general de la gente común por los políticos. Veamos.
“Todos los políticos son iguales” ¿es una variante del síndrome o la sospecha que lo confirma? ¿El parecido o igualdad responde al aire de familia que el impostor les da a todos?
La AI quizá sea el caso más claro de manifestación del síndrome, su verdadera epifanía… ¿Cómo se combate, en ese caso? ¿Cómo librarnos de las fantasmagóricas manifestaciones de la máquina?
A mí me recuerda a mi propia teoría de las sustituciones… ¿El impostor es el cocinero que hace el cambiazo?
¿El gato y la liebre? Aviso para caminantes
21 de marzo de 2025

Los tres apuntes que, con este título, podrás encontrar tras este, necesitan una pequeña explicación, que empieza ahora.
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