Democracia y populismo (y 3)

Ayer mismo, sábado 12 de mayo, volvieron a ocupar las plazas de 80 ciudades españolas esas bandadas de gente, de todas las edades y condición, que conocemos bajo la advocación, algo triste aunque muy de estos tiempos, de 15M. Volvían a ponerse bajo los focos de la información oficial con la alegría del cumpleaños, y cargados de razón. Se han reunido en asamblea permanente hasta el martes y aparecen tan sin líderes, tan apasionados del debate, y tan enamorados de las acampadas como siempre. De «pueblo» viene populismo; pero más aún hunde ahí sus raíces, en el «populum» de la lengua madre, popular, como populares son estas revueltas.

Asamblea del 15M en Motaralaz (Tomás D'Angelo)
Asamblea del 15M en Motaralaz , deTomás D’Angelo (licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.)

Con paciencia, sine ira et studio, mucha gente le ha ido cogiendo gusto a juntarse, acampar, compartir, apelotonarse y hablar y discutir, y más hablar y discutir, y reír y enfadarse. Tal vez en ellos, en esa multitud sin líderes estemos asistiendo, como parteras, a los primeros vahídos de ese nuevo sujeto político colectivo necesario, que creemos atisbar, tanto o más que en las revoluciones, en los políticos y votantes populistas.

Las bandadas (uso la palabra adrede, como Deleuze, para designar a estos grupos deliberativos frutos de la organización espontánea, nómadas del antagonismo social) asamblearias, que luchan por estirar los límites de las actuales democracias formalistas y hueras, están aún en su etapa de crisálida. Corren el riesgo, como tantas y tantas revueltas, algaradas y revoluciones que han intentado antes alumbrar un mundo nuevo, de ser absorbidos por las poderosas, experimentadas y engrasadas, glotonas máquinas estatales, y devenir mariposas secas de coleccionistas hegelianos. Ya recordarán seguramente, en este año de vida secreta del 15M, unos anuncios de teléfonos móviles de Telefónica, pasados por televisión, en que un corro de jóvenes debatía -unos levantaban la mano para intervenir, otros discrepaban apasionadamente- sobre las virtudes de un telefonito frente a otro, en un infame remedo publicitario de una asamblea… La capacidad de integración de cualquier apocalipsis que han mostrado los regímenes de las democracias mercantiles es realmente asombroso. Y empieza siempre por el lenguaje, verbal y no verbal, de los disidentes, para apropiarse después de su realidad alternativa, con el apetito bulímico con que lo devora todo el capitalismo.

Por eso, veteranos teóricos de la revolución, como Antonio Negri y Michael Hardt, llevan años itentando pergeñar un nuevo léxico que ayude a nombrar y pensar las nuevas revoluciones, unas estrategias libertarias, al gusto contemporáneo, que nos lleven a ocupar el lugar vacío del poder, desde el que la tiranía de la exclusión (la propiedad, el dinero no se tocan) gobierna el mundo globalizado. Así, en ese intento, la vieja -hoy humillada, dispersa y enferma– clase obrera es sustituida por la multitud sin número ni líderes; se reivindica el ancestral, y no desgastado nunca, apelativo de pobres y hasta el amor, sentimiento tan atropellado por la burguesía o el cristianismo, se transforma de nuevo en fuerza revolucionaria poderosa, en sustitución de tecnicismos eufemísticos tenues y quebradizaos como solidaridad.

Otros recios pensadores, como el proteico esloveno Slavoj Žižek ya mencionado, llevan años en un intento, divergente pero complementario al de Negri y Hardt, de rearmar el pensamiento crítico. En un esfuerzo desmesurado por aunar el pensamiento marxista con el psicoanálisis ecléctico de Jacques Lacan, Žižek propone una relectura crítica continua de los intentos revolucionarios fallidos, apoyándose en conceptos aún tremendamente vivos y útiles como el del fetiche; pero no sólo el fetiche marxista de la mercancía, sino el fetiche ideológico que, como el psicoanalítico, nos hace aceptar sin más la tragedia de la realidad social contemporánea.

En sus palabras: «Cuando nos encontramos con una persona que afirma no creer ya en nada, que asegura aceptar la realidad social tal como es realmente, hay que hacer frente a tales afirmaciones diciendo: De acuerdo, pero ¿dónde está tu hámster, el fetiche que te permite aceptar (fingidamente) la realidad tal como es?» El hámster a que se refiere es el de un conocido caso en el mundo del psicoanálisis que cuenta la historia de un viudo que había perdido a su mujer a causa de un cáncer terrible y que, sin embargo, parecía sobrevellarlo todo con una tranquilidad inesperada e increíble. Se vino abajo, hasta tener que ser internado, cuando murió el hámster de su mujer, que le permitió durante un tiempo soportar el dolor terrible…

8 opiniones en “Democracia y populismo (y 3)”

  1. La realidad y el deseo. Al arte de designar lo llamamos poesía. Así el término populismo ha quedado en la nueva entrada de Manuel delimitado y ampliado por mor de una reflexión contundente, profunda y dentro del deseo.
    Qué difícil encontrar, en todo el magma de lo que hoy se escribe, apostillas como las que encontramos en este nuevo blog de Jiménez Friaza.
    Espero que siga por este mismo camino, que no se canse. Que se debe a sus lectores.

  2. gracias por tus palabras tan sabias (te mando mi ojo en este asunto, saludos de una amiga de una amiga)

    Volver a las plazas
    Volver a tu plaza no es como la que vuelve al colegio donde estudió de pequeña, volver a la plaza no es como el que toma un libro mojado por el temporal y lo aprieta, volver a la plaza es llorar por el abrazo recorrido, volver a la plaza es acariciar la voz de los compañeros del ya siempre

    niños revoloteando sin envidiar del batir de las mariposas, sonrisas de aquellas personajillas que por mucho que las oigas no las entiendes bien, el sentir del escuchado por primera vez aunque huela a tabaco y miel, la rebelde aceptada a pesar de su forma de opinar o vestir, aquellos que realmente no se venden solos cuando pisan los bancos, aquellas que descubren una nueva luciérnaga a la que deleitarse, en definitiva, personas con mucho que compartir, eso es lo que somos personas que dentro de las peculiaridades estamos llenas de emoción por el camino, sea corto largo fácil complejo verde o marrón o ¿por qué no? todo junto

    por eso también hay que agradecer a aquellos y aquellas que no nos dejan, que mantienen y florecen la plaza, a pesar de las tormentas y el desierto, aquellas y aquellos que riegan de brazos y abrazos, de risas y enfados, de calamidades y cariños, de pesadumbres y de victorias, de relámpagos y centellas, en definitiva de vida, que es lo que hace falta en estos tiempos: vida, de la de verdad, de la que huele a vino de cartón y de la que huele a azahar y entre ambas crear ese combinado que nos haga ver que juntos la botella se llena de una nueva esencia, esa que ya tiene una velita.

    Feliz cumpleaños almas valientes de las plazas

    1. Vaya, me has emocionado con este texto. ¿Qué añadir, Ali, a lo que dices, salvo alegría y gratitud por tu hermosa forma de retornar a la plaza, conmigo, con tantos, en este abrazo generoso con que has llegado? Gracias de corazón.

  3. La letra escrita (buena) me produce un gran placer. Así, sin quererlo, me encuentro con este texto sobre Democracia y Populismo y el 15M. Leído, releído y vuelto a leer. Sin posibles comentarios por mi parte ¿qué decir ante tanta palabra bien dicha y bien pensada? Y, por una confluencia de casualidades, ahora se suma al anterior texto un hermosísimo poema a modo de coment de una tal Ali…Y quién nos priva de acompañarla por las sucesivas plazas que han sido nuestras vidas, las de todos, marcadas por ellas, por las plazas… Y brindo por mí misma con un vino blanco frío y dulzón, que a nadie gusta, y por todos aquellos que sin estar aún ‘vencidos de la edad’, se exponen a tiro de tirios y troyanos e incitan a que cada uno de nosotros, naturalmente que me incluyo, en su valor y en su circunstancia se asome a las plazas. A ver cómo va el mundo…
    Para todos, besos mil.

    1. Brindo contigo… Las plazas forman el paisaje de fondo de mi vida; pero son, además, un símbolo hermoso, el más hermoso quizá de la condición humana. Yo siempre recuerdo el poema de Aleixandre “En la plaza”. Lo evoqué, hace alrededor de un año, en una entrada de mi antiguo blog de La Opinión de Málaga. Cuando las plazas empezaban a llenarse. Pongo el enlace aquí

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