Pasado en claro de Octavio Paz es un poema largo de alrededor de seiscientos versos escrito entre finales de 1974 y principios de 1975, en Cambridge, Massachusetts. Es un texto principalmente autobiográfico en el que se entreveran muchos temas, en su mayoría ya explorados por Paz a lo largo de su obra poética, como el transcurrir del tiempo, la fuerza creadora de la palabra, la poesía, el erotismo, la memoria, la orfandad del ser humano y el vínculo con la naturaleza. En el poema conviven dos voces: la del poeta que recuerda desde el presente y la de un pasado que reinventa, con lo que se urde una poética del habitar, de la casa, del hogar y de la infancia.
Enciclopedia de la literatura en México

A Roman Jakobson
Oídos con el alma,
pasos mentales más que sombras,
sombras del pensamiento más que pasos,
por el camino de ecos
que la memoria inventa y borra:
sin caminar caminan
sobre este ahora, puente
tendido entre una letra y otra.
Como llovizna sobre brasas
dentro de mí los pasos pasan
hacia lugares que se vuelven aire.
Nombres: en una pausa
desaparecen, entre dos palabras.
El sol camina sobre los escombros
de lo que digo, el sol arrasa los parajes
confusamente apenas
amaneciendo en esta página,
el sol abre mi frente,
balcón al voladero
dentro de mí.
Me alejo de mí mismo,
sigo los titubeos de esta frase,
senda de piedras y de cabras.
Relumbran las palabras en la sombra.
Y la negra marea de las sílabas
cubre el papel y entierra
sus raíces de tinta
en el subsuelo del lenguaje.
Desde mi frente salgo a un mediodía
del tamaño del tiempo.
El asalto de siglos del baniano
contra la vertical paciencia de la tapia
es menos largo que esta momentánea
bifurcación del pensamiento
entre lo presentido y lo sentido.
Ni allá ni aquí: por esa linde
de duda, transitada
sólo por espejeos y vislumbres,
donde el lenguaje se desdice,
voy al encuentro de mí mismo.
La hora es bola de cristal.
Entro en un patio abandonado:
aparición de un fresno.
Verdes exclamaciones
del viento entre las ramas.
Del otro lado está el vacío.
Patio inconcluso, amenazado
por la escritura y sus incertidumbres.
Ando entre las imágenes de un ojo
desmemoriado. Soy una de sus imágenes.
El fresno, sinuosa llama líquida,
es un rumor que se levanta
hasta volverse torre hablante.
Jardín ya matorral: su fiebre inventa bichos
que luego copian las mitologías.
Adobes, cal y tiempo:
entre ser y no ser los pardos muros.
Infinitesimales prodigios en sus grietas:
el hongo duende, vegetal Mitrídates,
la lagartija y sus exhalaciones.
Estoy dentro del ojo: el pozo
donde desde el principio un niño
está cayendo, el pozo donde cuento
lo que tardo en caer desde el principio,
el pozo de la cuenta de mi cuento
por donde sube el agua y baja
mi sombra.
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I
Que me llene de lenguas tu palabra,
que un canto tuyo canta más que decir más.
Qué cuerpo tuyo más tuyo-mío es el cuerpo mío.
Me redigo en tu nombre, un agujero.
Todos te queremos, todas adentro. ¡Agárrame!
¡Corremos juntos, corremos amigos, corremos ansiándote!
¡Abre la estrella, oh tú, abre la astilla y adéntrame!
¡Haremos noche, empollaremos huevo, seremos felices!
Tu amor me pone dos pinos en el muslo y se va.
Por eso se enamoran. Por eso Salomones y Sulamitas.
¡Soy blanca, gitana, soy mora, judía, amerindia, soy negra!
Soy sombra y desierto, costilla rompida, soy polvo cuajado.
Soy rueda, rodera, redonda, la rucia que croa, la roca que rasca
y lo contrario a expulsar los miedos: soy quien los pace y los cría
—quien, como garrapata deseada, se regala, contenta, una trampa.
Mis hermanos se han enfadado,
me han dicho apaga y yo he soplado, maldita sea,
y el fuego se esparce.
Dime dónde, al caer la tarde, lees solitario
que yo voy, con letra torcida,
entre las hojas que no tengo y una pena que canta.
Si tú no lo sabes,
oh mujer que grita,
sigue el silencio que hace al ocultarse
y busca su mal
junto al mal del otro.
A la candela de trenzas de candela te comparo, amiga mía,
qué lindas las pecas que se pierden,
qué herida tus ojos, con asfódelos clavados.
Te haremos remolinos en la nuca con saliva mezclada.
Mientras está en su casa, erizado de mil noches y con la angustia bien hecha,
la mar mía lo ama, lo ahoga, lo estampa, lo ahoga.
Mi amor es un canto rodado que se quiebra,
que hace noche entre el corte de la ceja.
Es un bosque de algarrobos y de acebuches
y de orquídea salvaje.
Pero qué infinita eres, amiga mía.
Pero qué arisca eres. Baile y batalla, tus huesos.
Y cómo las acrecientas, amor,
tus lecciones y tu manía.
Nuestro lecho da noche,
las puertas, locura,
las ventanas, escándalo.
***
I
Que m’ompli de llengües el teu mot,
que un cant teu canta més que dir que més.
Quin cos teu més teu-meu que és el cos meu.
Un forat per on redir-m’hi és el teu nom.
Tots et volem, totes endins. Agafa’m!
Correm junts darrere teu, correm amics, correm gruant-te!
Obre l’estrella, oh tu, obre l’estella i du-m’hi dins!
Farem nit, covarem l’ou, serem feliços!
El teu amor em posa dos pins a la cuixa i se’n va.
Per això s’enamoren. Per això Salomons i Sulamites.
Sóc blanca, gitana, sóc mora, jueva, ameríndia, sóc negra!
Sóc ombra i desert, costella rompuda, sóc pols que s’agleva.
Sóc roda, rodera, rodona, la ruca que rauca, la roca que rasca
i del tot al revés de fer fora les pors: sóc qui les peix i les cria
—qui, com paparra volguda, es regala, content, una trampa.
Els meus germans s’han enfadat,
m’han dit apaga i jo he bufat, punyetamón,
i el foc s’escampa.
Digues on, d’horabaixa, llegeixes tan sol,
que jo vaig, lletratorta,
entre els fulls que no tinc i una pena que canta.
Si tu no ho saps,
oh dona que crida,
segueix el silenci que fa quan s’amaga
i busca el seu mal
vora el mal d’altre.
A l’espelma de trenes d’espelma et comparo, amiga meva,
que boniques les pigues que es perden,
quina ferida els teus ulls, amb els aubons que s’hi claven.
Et farem remolins al clatell amb saliva mesclada.
Mentre és a ca seu, estarrufat de mil nits i amb l’angoixa ben feta,
la mar meva l’estima, l’ofega, l’estimba, l’ofega.
El meu amor és un còdol que es trenca,
que fa nit entre el tall de la cella.
És un bosc de garrova i d’ullastre
i d’orquídia salvatge.
I que n’ets, d’infinita, amiga meva.
I que n’ets, d’esquerpada. Ball i baralla, els teus ossos.
I com les acreixes, amor,
les teves lliçons i la teva mania.
El nostre llit fa fer nit,
les portes, follia,
i les finestres, escàndol.