Carril Azul al Párnaso

La costumbre nos vuelve ciegos, y es así que no vemos la potencia metafórica de este carril azul que nos traemos entre manos. Movidos por la costumbre piadosa y bien pensante, nos damos por satisfechos con conseguir un mayor civismo en los conductores, una mejora en los acerados de las calles, más rampas de acceso a edificios públicos, más…

Pero entre esos “más” olvidamos a los verdaderos héroes de esta historia: los que a pesar de sus dificultades para moverse o para ver y oír, son capaces de soñar una biografía, de crear una familia, de tratar una vida cotidiana llena de risas y llantos, de amores y aventuras, de proyectos y legados.

Ni siquiera quiero hablar hoy de la superación física de una discapacidad (¿quién no se ha admirado de esos atletas esforzados de las olimpiadas paralímpicas?) con o sin ayuda tecnológica, con y sin cuidadores; a veces, literalmente solos. No.

Pensaba en otro carril azul que, por invisible, es más difícil de concebir y más aún si no es compartido. En ese sentido, se atribuye a Homero, un poeta ciego según la tradición, una frase parecida a esta : «A problemas comunes, soluciones colectivas para cada discapacidad». Es posible transitar por un carril azul que lleva a los paraísos e infiernos del arte y la literatura. Me limito a este último, al que lleva al Parnaso, por mi querencia y dedicación personal y profesional. He aquí, pues, una particular galería de mujeres y hombres ilustres:

Cervantes escribió el Quijote con un solo brazo (el otro tenía los nervios inertes) y una sola mano.

La norteamericana Hellen Keller, feminista y activista política de tendencia socialista, luchó contra la esclavitud y por el derecho al trabajo de las personas invidentes y es porque ella, a pesar de no poder oír ni ver, aprendió a escribir en braille y a articular palabras gracias a que su maestra Anne Sullivan le enseñó los sonidos y palabras según sus vibraciones en las cuerdas vocales, lo que Hellen podía sentir poniendo una mano en la garganta cuando alguien le hablaba. Lo sabemos gracias a una maravillosa película. Escribió “Hisoria de mí”, “Canción del muro de piedra”, “Fuera de la oscuridad”, o “El mundo en que vivo”.

Christy Brown, contó su propia autobiografía en la obra “Mi pie izquierdo”, en un guiño irónico a la única extremidad que podía mover, la misma con la que escribía y pintaba. Compuso obras como “Una sombra en verano” o “Salvajemente crecen los lirios”. En un largo e inacabable etcétera podrían estar Gaby Brimmer (mexicana, tetrapléjica de nacimiento y defensora a ultranza de los derechos de las personas con discapacidad) o Hans Christian Andersen, disléxico ¿quién lo diría?

Pero basta con lo dicho, que no queremos llenar ya el carril, solo insinuarlo. Espero haberlo conseguido.

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