Adultescencia (Apuntes, 8)

Lo de la “adultescencia” es un neologismo que se ha hecho popular a partir del libro de Eduardo Verdú Adultescentes: autorretrato de una juventud invisible. Intenta reflejar un fenómeno muy contemporáneo y propio de las sociedades capitalistas occidentales: Hombres -mayoritariamente- de una franja de edad que ya abarca de los 20 a los 40 años, que no abandonan la casa de los padres (el antiguo síndrome del “nido vacío” se ha convertido en el del “nido lleno”), que han renunciado a montar familia propia, e incluso a compartir piso, con trabajos esporádicos e ingresos irregulares (solo un 35% dice tener una cierta autonomía económica, pues no pagan hipoteca ni alquiler) que, sin embargo, dedican a gastos relacionados con el consumo personal y las satisfacciones hedonistas: salir de copas, relaciones esporádicas… La publicidad y el Mercado ya se fijaron en ellos hace tiempo, en su búsqueda perpetua de nuevos consumidores.

Las explicaciones económicas son evidentes: trabajos precarios (los contratos predominantes actualmente son de una semana), miedo a tener hijos (la media de edad española anda en torno a los 30 años para el primer hijo), incertidumbre general sobre el futuro que los hace refugiarse en una juventud sin límites que pretenden aproblemática. Y ahí entran las explicaciones psicológicas que a mí me convencen menos pero me preocupan más: el síndrome de Peter Pan, el narcisismo, la dependencia de otros, o de las ayudas del mismo estado, la queja continua…

Hace tiempo que saltó por los aires el tradicional relevo generacional, cuyo dictum era, en pocas palabras: uno debe superar las dificultades e intentar vivir mejor que los padres. Un “adultescente” citado en un artículo de Alberto G. Palomo, publicado en el número de junio de Tinta Libre, que ha motivado esta reflexión, lo explicaba así: mis padres lucharon contra las privaciones y lo consiguieron, nosotros luchamos contra nuestros deseos frustrados y fracasamos.

Ya vivimos, en general, al margen de la edad biológica y la “madurez”, entendida como aceptación del principio de realidad y la asunción de las riendas de la propia vida entendida como una toma de decisiones, empieza a llegar, en muchos casos, a los 30 años. Posiblemente en unas décadas, llegue a los 40. Esa adultescencia, pues de alguna manera debe seguir produciéndose el relevo generacional en tanto existan nuestras sociedades “organizadas”, va a terminar girando alrededor de un eje cronológico impreciso en que se alternarán periodos de paro, de formación y de minijobs que, de forma sucesiva e irresoluble nos llevará a la edad tardía. La dictadura de la escolarización cuasi permanente nos sujetará a ese principio de indeterminación y dependencia de otros o de las instituciones “protectoras”, pese a todo, de los estados, que parece marcar la pauta de estos tiempos bobos….

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