
Este es un cuadro inquietante de un pintor inquietante siempre. La inquietud tiene su origen en algo muy singular: en contradicción con el título, no hay ningún niño en esa abigarrada multitud que puebla la pintura. Aunque, en efecto, todos juegan, ¡pero son adultos!
No lo he descubierto yo, sino que lo he leído en el último libro de Santiago Alba Rico (Gaza y el destino del mundo). Oigamos al maestro:
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