El Canto del Tucán, la voz comunitaria para prevenir enfermedades en la Amazonía colombiana

Reportaje producido por Greace Vanegas para Noticias ONU.

“Cada tarde el tucán sale a cantar para contarles al resto de los animales de la selva lo que el próximo día traerá”, dice la introducción a uno de los programas, explicando el origen del nombre. Como el tucán, un ave exótica de pico alargado y plumaje de colores que atrae la mirada de quienes tienen la fortuna de apreciarla entre el espesor de los árboles, los jóvenes del departamento amazónico del Vaupés, ubicado en el oriente de Colombia, se disponen a transmitirle a su audiencia contenidos de interés.

El proyecto nació durante la pandemia del COVID-19, como respuesta a los vacíos de información para poblaciones indígenas alejadas.

Entender las palabras para informar

“Llegaba información, pero en lenguaje español y era difícil para que las personas de las comunidades, incluidos adultos mayores, entendieran el idioma. Existen palabras que son muy técnicas y la mayoría no entendía estas palabras. Entonces, transmitíamos en nuestra lengua nativa para poder dar una buena información desde el territorio”, explica Tania López, miembro del pueblo Pamiva e integrante del colectivo de comunicaciones Takaka.

La iniciativa tomó impulso, como el vuelo del tucán, con el apoyo de Sinergias, una organización no gubernamental que apoya procesos comunitarios e institucionales que promueven la salud y el bienestar social en Colombia.

“Hicimos formaciones en comunicación comunitaria y encontramos jóvenes con muy buenas ideas y con distintas formas de contar las problemáticas; había una necesidad de tener información desde y para el territorio”, relata Valentina Riveros, encargada del área de comunicaciones de la ONG.

Con varios ciclos de capacitaciones, el colectivo aprendió a desarrollar programas radiales y podcasts, así como a generar contenidos aprovechando teléfonos y cámaras sencillas, articulando lo tradicional y lo occidental en beneficio de las comunidades.

De este modo, no solo se fortalecieron las capacidades de estos grupos. Además, destaca Riveros, “los jóvenes empezaron a ver la comunicación no solo como una herramienta para desarrollarse profesionalmente, sino para involucrarse en procesos de integración comunitaria”.

Preservar los conocimientos ancestrales

Por su parte, Wilber Caballero, integrante del pueblo Piratapuyo y coordinador de comunicaciones en Vaupés también resalta que los contenidos permiten preservar conocimientos ancestrales.

“El Canto del Tucán consta de varios capítulos donde se habla de cuidados propios a partir de los saberes y prácticas tradicionales. En el COVID-19 se ventilaban muchos rumores y cadenas de información no apropiadas. Nuestro trabajo ha consistido en fortalecer a las comunidades desde los conocimientos propios, con la experiencia de la selva”, señala.

“El Canto del Tucán: radio, salud y pedagogía en la Amazonía colombiana” obtuvo el reconocimiento de la Iniciativa de Innovación Social en salud (SIHI por sus siglas en inglés), que identifica y acompaña innovaciones sociales que contribuyen a la equidad en salud y a atender los determinantes de la salud. La iniciativa cuenta con apoyo de la Organización Panamericana de la Salud.

En 2021, un total de 104 iniciativas cumplieron los criterios de selección, y cuatro fueron seleccionadas finalistas, incluidas, además, una brasilera, otra de Trinidad y Tobago y una guatemalteca.

Partícipes de las soluciones

En las iniciativas de innovación social las comunidades identifican los problemas y participan en las soluciones, usualmente con el apoyo de innovadores, para mejorar la equidad en salud.

Si bien pueden apoyarse en innovaciones tecnológicas, lo que las distingue es el proceso de participación comunitaria y creación, conducente a que las iniciativas atiendan las prioridades de las comunidades mediante soluciones sostenibles en el contexto en el que se implementan.

El Canto del Tucán se ha ampliado a otros departamentos selváticos de Colombia, como Caquetá y Putumayo, así como a otros temas, incluidos salud mental y prevención de violencias basadas en género.

Además de contribuir a combatir la desinformación, estas acciones ayudan construir comunidades resilientes, que saben cómo actuar y qué comportamientos adoptar para protegerse en situaciones o contextos de amenaza para la salud y la vida.

Actualmente, la Organización Panamericana de la Salud en Colombia desarrolla espacios de promoción de comunicación de riesgo para seguir fortaleciendo redes similares en otras zonas del país, promoviendo el trabajo articulado entre diversas organizaciones, gobiernos locales y comunidades que quieren que sus voces retumben, como el tucán de la Amazonía.

Difundido por Frontera Digital

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"Mi familia" (Jesús J. Prensa Madrid, 1989)

las fotografías pueden ser también cartas al futuro
un texto, un libro
(cuando todavía no se sabe cómo escribirlo)
que empezaría, quizás, así

la primera Navidad que pasamos fuera de casa fue en Melilla. Otra fue en Baia Mare. O en Faro. En 2023 pasamos la Navidad en Poznań. Cuando muchos volvían a casa nosotros nos íbamos y nos reencontrábamos

en las fotografías están ellos, mis padres y mi hermana, con las fotografías puedo reconocerlos y reconocerme. Los gestos, la postura, el color, aquel momento (en el metro de Berlín y en el bar mleczny de Rataje), antes y despuÉs

continuar juntos

(ahora, siempre que conozco a alguien, hago dos preguntas:
¿tus padres se quieren
qué tal te llevas con tus hermanos?)

en la familia uno se encuentra, se reconoce
encuentra, reconoce
quiere
hay libertad.
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Guerra, Paz, Derecho Internacional

Espigo aquí el corolario de un largo análisis histórico de Perry Anderson, en NLR sobre el origen y evolución de una supuesta justicia universal desde el lejano ius gentium hasta el salomónico -e hipócrita – Tribunal Internacional que ha resuelto, sin resolver nada, la demanda interpuesta por un pequeño grupo de estados contra Israel por la masacre de Gaza…

Aun así, los defensores del derecho internacional pueden argumentar que su existencia, por mucho que los Estados abusen de él en la práctica, es al menos mejor de lo que sería su ausencia, invocando en su ayuda la conocida máxima de La Rochefoucauld: «L’hypocrisie est un hommage que le vice rend à la vertu.»

Sin embargo, los críticos pueden replicar igualmente que aquí debería invertirse. ¿No debería más bien decirse: la hipocresía es la falsificación de la virtud por el vicio, para ocultar mejor fines viciosos: el ejercicio arbitrario del poder por parte de los fuertes sobre los débiles, la persecución despiadada o la provocación de la guerra en nombre filantrópico de la paz?

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El balido de las ovejas

El matemático Claude Shannon demostró que la cantidad de información de un mensaje se podía medir, poniéndolo en relación con la novedad o sorpresa que provoca. La cantidad más pequeña es el bit que equivale a un sí/no como respuestas a una pregunta. Las charlas sobre el tiempo están en ese nivel de mensajes cercanos al bit: son tan consabidas y esperables que es muy frecuente que la gene desconecte y no oiga siquiera lo que dice el otro, como en diálogos del tipo:

– Pues hoy hace más calor que ayer.
– Qué va, ayer corría un poco de aire…

Si en un informativo sacan a gente de la calle para que «opinen» es, justamente, en casos así, en verano, en la playa, en una nevada… Literalmente, ni esa gente dice nada ni el espectador «oye» nada. Son mensajes con una cantidad despreciable de información. Como pasa en las clases cuando el alumno se aburre, también con la información del mainstream: mensajes esperables, como el balido de las ovejas, que, por tanto, no «informan» de nada. De eso se trata.

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La angustia geométrica de las ciudades

Si vives en un pueblo, según los estudios a que se hacen referencia en este reportaje de La Vanguardia, estás de enhorabuena: tu salud mental está, si no a salvo -¡quién nos libra! Y luego está la muerte por aburrimiento…-, más protegida, menos en precario. Vale la pena leerlo y estar al tanto de estas cosas.

Los estudios indican que vivir en la ciudad se asocia con una mayor actividad de la amígdala, pieza esencial de la respuesta al estrés y la ansiedad. De hecho, la tasa de prevalencia de muchos problemas de salud mental es mayor en las ciudades que en zonas rurales: aproximadamente un 40 % más de riesgo de depresión, un 20 % más de ansiedad y el doble de riesgo de esquizofrenia.
En el pasado, las ciudades se planificaban atendiendo a intereses comerciales y productivos, sin tener en cuenta el bienestar de sus habitantes. Pero actualmente es preciso un cambio de paradigma, sobre todo después de las grandes crisis mundiales generadas por el cambio climático y la pandemia del covid-19. Existen diversos factores de la vida en las ciudades que pueden actuar como estresores: el hacinamiento, el ruido, la contaminación, y, cómo no, el propio diseño urbano.

Si al mirar a nuestro alrededor observamos un exceso de patrones repetitivos y geométricos como los de los edificios, eso nos puede generar estrés visual. De hecho, un predictor del estrés urbano percibido es el número de vértices isovistas, es decir, el número de vértices visibles para un individuo situado en una determinada localización.
Por el contrario, el entorno natural parece tener una mayor complejidad fractal, lo que implica un menor número de fijaciones oculares y, por tanto, menor esfuerzo en el procesamiento de la información visual.

Así impacta el diseño de las ciudades en la salud mental

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